Emiliano Zapata: la revolución campesina

México

Emiliano Zapata fue una figura emblemática de los campesinos rebeldes que se alzaron contra la dictadura de Porfirio Díaz. Junto a Pancho Villa se convirtieron en el símbolo de la primera revolución triunfante del siglo XX: la Revolución Mexicana. Su legado programático más importante, el Plan de Ayala, es un manifiesto de los intereses campesinos aún incumplidos y que se prolonga en los zapatistas de Chiapas.

redpolitica.mxJulio Fernández Baraibar* – Latinoamérica Piensa  

Un hombre joven, de mirada suave y huidiza, vestido de blanco y con gruesos bigotes, cae acribillado a balazos en una emboscada que le ha tendido el traidor Jesús Guajardo. Su confianza en un campesino perseguido lo ha llevado inevitablemente a la muerte.

A partir de ¡Viva Zapata!, la película de Elia Kazan, con guión de John Steinbeck, el caudillo campesino del sur de México tendría, para los hombres y mujeres de mi generación, el rostro y la mirada de Marlon Brando, y las imágenes en blanco y negro de su sacrificio nos hablaron por primera vez de la primera revolución triunfante del siglo XX: la Revolución Mexicana.

Marlon Brando y un Hollywood aún no intoxicado por el obeso y dipsómano Joe McCarthy convirtieron Emiliano Zapata en la figura emblemática de un rebelde alzado contra el despotismo, la arbitrariedad y el despojo. Fue el símbolo de una revolución agraria en marcha.

El histórico Zapata de carne y hueso había nacido en 1879 en Morelos, al sur de la ciudad de México, cuyo nombre recuerda al sacerdote insurgente –José María Morelos– que llevó adelante el segundo período revolucionario de la independencia mexicana, después de la muerte del cura Miguel Hidalgo.

″La Revolución Mexicana, que se inició con la destitución de Porfirio Díaz y la presidencia de Francisco Madero, puso en movimiento un prodigioso alzamiento campesino que tuvo como jefes principales a Pancho Villa, en el desértico norte, y a Emiliano Zapata en el fértil y florido sur”

Era una familia de pequeños campesinos indígenas, en una de las zonas más ricas del dilatado territorio mexicano. Eran familias que desde hacía siglos cultivaban su maíz, sus frijoles y sus ajíes. Los últimos años de la dictadura de Porfirio Díaz habían visto un permanente desalojo de campesinos indios por parte de los terratenientes. 

La pandilla de “niños bonitos” positivistas, todos ellos vecinos de la ciudad de México, a la que el pueblo denominó “el partido científico”, había convencido a Porfirio de las ventajas de la ciencia para perpetuar su dominación. Egresados de universidades francesas, ebrios de autosuficiencia y convencidos de la supremacía del hombre blanco, los “científicos” se convirtieron en el principal soporte técnico del porfiriato y fueron los artífices de la penetración del imperialismo inglés y norteamericano en su país, mientras expulsaban, en nombre del progreso, el orden y la ciencia, a los campesinos seculares.

La Revolución Mexicana, que se inició con la destitución de Porfirio Díaz y la presidencia de Francisco Madero, puso en movimiento un prodigioso alzamiento campesino que tuvo como jefes principales a Pancho Villa, en el desértico norte, y a Emiliano Zapata en el fértil y florido sur. Al frente de una imponente milicia formada por campesinos armados, Zapata formó parte, desde 1911 hasta su muerte en 1919, en uno de los factores de poder esenciales en la política mexicana.

La vacilación y falta de audacia de Madero lo enfrentaron al presidente e hizo conocer lo que, posiblemente, sea su legado programático más importante, el Plan de Ayala: un manifiesto claro de los intereses agrarios mexicanos, aún incumplidos y cuya actualidad se prolonga en los zapatistas de Chiapas.

En el corsi e ricorsi de la Revolución Mexicana –la primera revolución popular del siglo XX, seis años antes que los bolcheviques tomaran el Palacio de Invierno–, el desconfiado y decidido caudillo del Sur se enfrentó sucesivamente al presidente Madero, a su sucesor, Victoriano Huerta, y, finalmente, a Venustiano Carranza.

Se unió durante un tiempo a Pancho Villa y, en 1914, entraron triunfantes en la ciudad de México. La foto de Villa, sentado en el sillón presidencial, al lado de Zapata y los lugartenientes de ambos, se ha convertido en ícono. Pero la idea les pareció grande. Dieron su apoyo al general revolucionario, el norteño Eulalio Gutiérrez, y se volvieron para sus pagos.

“Se unió durante un tiempo a Pancho Villa y, en 1914, entraron triunfantes en la ciudad de México. La foto de Villa, sentado en el sillón presidencial, al lado de Zapata y los lugartenientes de ambos, se ha convertido en ícono. Pero la idea les pareció grande”

Después vendría una salvaje represión de los federales. Emiliano sólo respondía a sus paisanos y a la propuesta del Plan de Ayala: “Se expropiarán, previa indemnización de la tercera parte de esos monopolios, a los poderosos propietarios de ellos a fin de que los pueblos y ciudadanos de México obtengan ejidos, colonias, fundos legales para pueblos o campos de sembradura o de labor y se mejore en todo y para todos la falta de prosperidad y bienestar de los campesinos”.

Continuó luchando por esa bandera, rechazando los sobornos, repudiando a los desertores, denunciando a los que asesinaban a su gente, hasta ese día en que la traición logró lo que cientos de combate cuerpo a cuerpo no habían logrado.

En el mismo pago donde había nacido 39 años antes, los balazos a mansalva terminaron con su vida. Y comenzaba la leyenda que convirtió a Zapata en Marlon Brando. Su pueblo continuó cantando:

“Pero su alma persevera

en su ideal libertador

y su horrible calavera

anda en penas, ¡oh terror!”

 

* Historiador – Miembro del Instituto Nacional de Revisionismo Histórico “Manuel Dorrego”