Restauración conservadora

Latinoamérica

La avanzada de los partidos de derecha sobre las clases populares se evidencia como un proceso internacionalista que se articula con las estrategias imperialistas. Los ataques contra Dilma Rousseff y los comicios argentinos debilitan los posicionamientos del resto de los gobiernos progresistas ante los embates. El nuevo disfraz de los neoliberales de siempre.

Rodrigo Gómez Tortosa- Alai (Ecuador) 

Los resultados en la primera vuelta de la elección presidencial en Argentina y la situación político-económica en Brasil abren interrogantes sobre el futuro de la región. Los partidos conservadores avanzan con el apoyo de sectores populares que se sienten cada vez menos interpelados por los gobiernos progresistas.

Unas líneas embriagas de desazón siempre le sirvieron a Gabriel García Marquez para confinar al olvido las malas jornadas. Bien conocidos  son los contratiempos de Florentino Ariza en El Amor en los tiempos de cólera, cuando se autoinfligía placer/dolor sexual con nuevas acompañantes para imprimirse a flor de piel su penuria amorosa. Escribir estas líneas tal vez permita desahogar el desasosiego de muchos de nosotros ante la avanzada de los partidos conservadores o de derecha sobre las clases populares. 

“No es el árbol quien abandona a la flor; sino la flor la que abandona al árbol “reflexionaba Edmond Dantés en El conde de Montecristo. ¿Por qué millones de argentinos se inclinaron por opciones electorales de estirpe neoliberal? ¿Son ellos quienes se retiran de posicionamientos cercanos a sus intereses o son las estructuras políticas que erran?

” Ya hemos sufridos en otras oportunidades lo que autores han definidos como la restauración conservadora. Sabemos lo que significa volver a sufrir políticas de concentración del capital, donde siempre es necesario recurrir a la violencia para someter a la resistencia y hacer una brutal distribución del ingreso regresiva como mecanismo de disciplinamiento social”

Millones de personas en la región han abandonado la más dura de las pobrezas. Algunos de los gobiernos de la región han comenzado a cumplir con la agenda pendiente de las deudas sociales que teníamos los latinoamericanos. La inversión en educación, salud, política social fueron record en los países con gobiernos de tinte progresista. A pesar de todo eso,  la población está empezando a dejar de acompañar esas alternativas en Brasil y Argentina para pensar e inclinarse por opciones netamente conservadoras.

Lindos, empresarios, cuasi-carismáticos a robóticos, y con un discurso que se enraíza en una supuesta alegría, los Capriles y  Macrisboys  se extiende por la región para captar los votos de la NO confrontación y el SI a la Paz. Infiltrados entre las masas se reagruparon juntos a las corporaciones y formaron estructuras solidas capaces de disputar con discursos populares de igual a igual con los gobiernos que supieron decirle NO al ALCA y los organismos de Brenton Woods (Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial, etc.). Son los nuevos partidos de masas conservadores.  

La flor del pueblo se aleja para acercarse al fantasma del neoliberalismo y de los grupos concentrados de poder económico y políticos. Ya hemos sufridos en otras oportunidades lo que autores han definidos como la restauración conservadora. Sabemos lo que significa volver a sufrir políticas de concentración del capital, donde siempre es necesario recurrir a la violencia para someter a la resistencia y hacer una brutal distribución del ingreso regresiva como mecanismo de disciplinamiento social tal.

Cayendo los bastiones de Brasil y Argentina -Partido de los trabajadores y el Kirchnerismo-, Ecuador, Bolivia y Venezuela debilitan sus posicionamientos antes una avanzada siempre de las derechas locales respaldadas por los Estados Unidos.  Recordemos el rol sustancial de la UNASUR para frustrar los intentos de golpe en Ecuador (2010) y Bolivia (2008), sin ella y sin los presidentes progresistas de la región,  un quiebre constitucional en ambos casos era ineludible.

” Nos enfrentamos ante una dura realidad eso es innegable. Si todas las fuerzas que al menos les repulsa el neoliberalismo, no trabajan coordinadamente por evitar que Mauricio Macri llegue a la Presidencia de la Nación,  Argentina será el primer bastión importante perdido ante la derecha en los últimos tiempos y con ello una inestimable perdida para las millones de desarrapados “

En la región enfrentamos dos escenarios en lo inminente,  la avanzada sobre Dilma y las elecciones presidenciales en la Argentina. Ambos casos son disimiles: Dilma sufre una avanzada de la derecha hacia su gobierno que en primer término le quedaría tres años, en cambio, Argentina se encuentra ante la primera elección que puede ganar un partido estructurado a la derecha que convoca a las masas como modo de legitimación.  

Si bien existieron aciertos de la derecha argentina para tener los resultados de la primera vuelta que lo ponen a tiro a Mauricio Macri del candidato del Gobierno Daniel Scioli,  los errores propios fueron aún más determinantes para entender la victoria por escaso margen del ex ocho veces campeón mundial de motonáutica. La elección por parte de Cristina  Kirchner de un candidato no cercano al núcleo duro de su fuerzas, resquebrajaron hacia dentro lo que finalmente termino siendo decisorio a la hora de recoger apoyos para alcanzar la victoria por un margen mayor en las últimas elecciones. Las principales organizaciones cercanas al gobierno terminaron dando un apoyo distante y tibio a Daniel Scioli, constándose en la diferencia de votos recibidos entre el candidato a Presidente y los intendentes propuestos por la misma fuerza política en la Provincia de Buenos Aires, distrito que posee el 37% del caudal total de votos en el país..

Nos enfrentamos ante una dura realidad eso es  innegable. Si todas las fuerzas que al menos les repulsa el neoliberalismo, no trabajan coordinadamente por evitar que Mauricio Macri llegue a la Presidencia de la Nación,  Argentina será el primer bastión importante perdido ante la derecha en los últimos tiempos y con ello una inestimable perdida para las millones de desarrapados de la región diría Paulo Freire. Esto no solo sufrirá efectos locales sino a su vez en el resto de la región.

Como dijo Cristina Fernandez de Kirchner en su reaparición pública luego de las elecciones “No todos somos iguales, no busquen la imagen de tal o de cual dentro de nuestra propia fuerza. Somos distintos. ¿Pero saben qué? Somos una fuerza política que está dispuesta a seguir llevando adelante las políticas que han hecho grande a la Argentina y han hecho prosperar a los argentinos”. El Kircherismo en Argentina tiene una responsabilidad que sobrepasa su frontera y nuestra temporalidad. Resulta necesario dejar de lado las diferencias y apostar nuevamente, a robustecer una política que asegure que los oprimidos se emancipen, y de este modo, lograr que finalmente la flor no abandone al árbol. 

Juan J. Paz y Miño- El Telégrafo (Ecuador) 

Las informaciones iniciales sobre las elecciones del 25 de octubre (2015) en Argentina daban el triunfo presidencial a Mauricio Macri. La noticia despertó enormes inquietudes, pues ese triunfo significaba una amenaza para los gobiernos progresistas y de nueva izquierda en América Latina, además de una pérdida inesperada para quienes habían confiado en la victoria de Daniel Scioli, único candidato que podía dar continuidad al ciclo político iniciado por Néstor Kirchner (2003-2007) y seguido por Cristina Fernández (2007-2015). Finalmente la noticia fue más tranquilizadora, pues el resultado definitivo otorgó a Scioli un 36,6% de la votación y a Macri el 34,3%, lo que obliga a la segunda vuelta electoral (balotaje) que se realizar
el 22 de noviembre, bajo una clara incertidumbre.

El mismo día, el excomediante y conservador Jimmy Morales triunfó para la Presidencia de Guatemala; y en Colombia, Enrique Peñalosa triunfaba para la Alcaldía de Bogotá, desplazando el control local de la izquierda mantenido durante 12 años.

Ante semejante panorama triunfalista, se ha encendido una alarma geopolítica naranja; y se suma el nuevo peligro sobre Venezuela ante la posibilidad de que el 6 de diciembre la oposición gane la mayoría en el Congreso y desde allí intente acabar con la Revolución Bolivariana.

” La ‘restauración conservadora’ se evidencia, cada vez más, como un proceso internacionalista que incluso se articula con las estrategias imperialistas, para tratar de liquidar el ciclo de los gobiernos de nueva izquierda en América Latina. Y en ese camino, la derecha-neoliberal ha aprendido a camuflarse bajo el ropaje de ser ella la poseedora de las soluciones ‘modernas’ “

En Argentina, la presidenta Fernández ha sostenido que en la segunda vuelta se enfrentan dos proyectos de país: el que da continuidad al progresismo (Scioli) o el que implicaría un retorno al modelo neoliberal (Macri). Y su definición necesariamente se aplica a los otros países con gobiernos progresistas y democráticos en América Latina.

La ‘restauración conservadora’ se evidencia, cada vez más, como un proceso internacionalista que incluso se articula con las estrategias imperialistas, para tratar de liquidar el ciclo de los gobiernos de nueva izquierda en América Latina. Y en ese camino, la derecha-neoliberal ha aprendido a camuflarse bajo el ropaje de ser ella la poseedora de las soluciones ‘modernas’, escondiendo así el pasado en el cual sus ideas y políticas rigieron con las nefastas consecuencias sociales que precisamente trajo el neoliberalismo sobre Latinoamérica desde la década de 1980 y aún antes, porque Pinochet las inauguró en Chile a través del Estado militar-terrorista desde 1973.

En este marco de peligro regional, un reciente ‘debate’ realizado en Ecuador el pasado miércoles, con la participación del presidente Rafael Correa y tres economistas de oposición (que fue un escenario desgastante e innecesario, del que aprovechó la misma oposición), al menos sirvió para que quede en claro que persiste la confrontación entre dos proyectos de país; porque un exvicepresidente de la República y un exministro de Finanzas, que son, además, responsables históricos de la consolidación del modelo empresarial-neoliberal en Ecuador, nada nuevo supieron ofrecer, ya que sus análisis y, sobre todo, sus propuestas, son la reedición de esa misma economía que tanto daño hizo a Ecuador a partir de la década de 1980. 

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