La resistencia que viene

Argentina
Roberto Mero

El voto del 22 de noviembre, pisoteado por una prepeada que no ha sido aclarada ante la justicia, ya ha quedado atrás. Desde el 10 de diciembre el pueblo quedará al frente de su responsabilidad mayor: defender cada hogar, cada barrio, cada puesto de trabajo y conquista, ya que en cada uno de esos bastiones se defiende la independencia de la Patria.

Mauricio Macri con su nuevo gabinete - Foto: Archivo

Roberto Mero* – Latinoamérica Piensa

Dentro de una semana exacta se producirá en Argentina un hecho hasta hace poco inimaginable: el reemplazo de un gobierno nacional y popular por el de una administración de malhechores vinculados con el crimen organizado. Las causas acumuladas por cada uno de los miembros del nuevo gabinete sobrepasan las 800 presentaciones ante la justicia. El hecho de haber logrado el poder gracias a un golpe mediático que deberá ser investigado, le cercena toda legitimidad democrática. La falta de aval histórico en tanto que fuerza nacional se demuestra con sus reclamos insistentes ante los enemigos de la Patria: desde sus lazos con la embajada estadounidense hasta el asunto de la Fragata Libertad, desde sus posiciones probritánicas en Malvinas hasta la subordinación inveterada ante el juez Griesa. Estas posiciones pasadas (que bien hubiesen valido un juicio por traición a la Patria) se transformaran en políticas de Estado. Cuanto menos en lo que ellos planifican. El voto del 22 de noviembre, pisoteado por una prepeada que no ha sido aclarada ante la justicia abriendo de nuevo las urnas, ya ha quedado atrás. Desde la mañana del 10 de diciembre el pueblo quedará al frente de su responsabilidad mayor: defender cada hogar, cada barrio, cada puesto de trabajo y conquista, ya que en cada uno de esos bastiones se defiende la independencia de la Patria. No son presunciones agoreras. A diferencia de la dictadura videlista (con la cual comparte planes, hombres e ideología) el macrismo no deberá contar con un solo instante de ventaja. Boicot a los supermercados, no pago masivo de facturas eléctricas y de gas, boicot a los medios de transporte que aumenten las tarifas. Por cada prepoteada, un piquete. Por cada funcionario público echado, otro piquete. Durará diez minutos o tres horas. Poco importa. Se vencerá o no, importa menos: todos los ríos van al mar. Solo una cosa queda por saber: los que pretenden robarnos los sueños, que se olviden de dormir. No los dejaremos.

Al dolor individual, remedio colectivo

Acabo de leer la confesión desgarradora de una compañera que no puede más de dolor y desconcierto. Y vuelve a mí aquella imagen de un hombre llorando al ver las tropas alemanas desfilando en el Paris ocupado de 1940. Así, bajo la fanfarria nazi, concluía una historia atroz de esperanza volatilizada e independencia pisoteada. Los grandes monopolios y los patrones de la prensa se habían coaligado bajo el lema: “Mejor Hitler que el Frente Popular”. Allí estaban las consecuencias. Los periodistas de la época, pagados por la embajada alemana y por el miedo a los obreros, habían descargado hectolitros de tinta. Allí estaba la bandera nazi, flotando en la capital francesa. La politiquería corrupta se había acomodado a los nuevos amos, votando el poder absoluto para que el Mariscal Petain rindiese el país y enterrase toda posibilidad de resistencia. Allí estaban los tigres, acechando, hablando de la necesidad de entregarse, de no poner el pecho y aceptar que se había perdido la guerra. Muchos aplaudieron el fin de la “grieta” y agacharon la cabeza ante el poder alemán. El recuerdo de esa foto de aquel hombre llorando me sacude. Solo él llora sus lágrimas, humillado y entregado, fatal sentimiento de abandono. Esa historia de 1940 nos pone siempre ante la misma encrucijada: saber que el dolor individual solo se cura en la resistencia colectiva, diaria, pequeña, formidable porque indetectable e incontenible. Ellos jugaron con las llamas y ahora tendrán el fuego de esos 12.300.000 argentinos para los cuales la resistencia comienza hoy.

Macri, el Congreso y el abucheo tan temido

Tal vez un día tengamos que agradecer a Mauricio Macri haber puesto en fin las cosas en claro: los representantes del pueblo están en el Congreso, como espada de Damocles. Los tejemanejes de las últimas horas, las cataratas vomitivas de los cagatintas macristas y otras alegres fantochadas de Cambiemos dan cuenta de un pánico formidable: Macri teme asumir bajo abucheos de La Cámpora, sacudidas las paredes del Congreso por la Marcha Peronista y por la multitud que se reunirá en la Plaza frente al Parlamento para augurarle sólidos futuros de movilización constante. Recuerdo al pobrecito de Illia, saliendo de la Rosada tirado por la oreja. A Lanusse bajo los escupitajos. A Galtieri en la cabina del UNIMOG, a Alfonsín, apesadumbrado, a Menem endurecido por substancias ilícitas y a De la Rúa en helicóptero. No recuerdo sin embargo a alguien que antes de poner las nalgas en el (falso) sillón de Rivadavia, ya cuente con una tormenta de insultos en el horizonte. ¿Mauricio Macri será quizá el partero violento que mandará a la Guardia de Infantería a desocupar el Congreso antes de calzarse una banda que quizá nadie le ponga? El Presitrucho pretendía aplausos y vivas en el Salón Blanco y la humillación final de Cristina, que es en definitiva la humillación al pueblo. Quizá se quede sin fiesta, con los sándwiches de miga secos y las bombitas de crema podridas. Su terrible temor de ser sopapeado por la Marcha Peronista, me recuerda los ojos atónitos de Lanusse en aquel Salón Blanco del 25 de mayo 1973 al escuchar el rugido aquel de “todos unidos triunfaremos”. Salvo que Lanusse se iba. Y Macri entra bajo nubarrones que ya anuncian la noche irremisible que se le viene.

Esto será un largo 17 de Octubre

Relataba Perón en un video el clima de desasosiego y pánico que reinaba en la Casa Rosada aquella noche del 17 de octubre de 1945. Ruptura de la historia entre el antes y el después, entre la República Infame y la que estaba siendo parida por las masas. Momento decisivo en que el poder no fue más para un puñado sino para aquellos invisibles que la ciudad europea no había querido ver, o basureaba. La angustia inquietante que rodea al staff de Mauricio Macri en estas horas, nos pone en evidencia que el nacimiento de su régimen ya es un aborto. Macri teme que la cosa empiece por el final y que la Plaza de los Dos Congresos se convierta en el inicio de un largo 17 de Octubre de los tiempos modernos. Alguien alguna vez dijo que cuando el Pueblo ha ganado las calles, nadie ni nada lo hace entrar a casita. ¿Piensa obligarlo el macrismo? ¿Hacerlo plegar las banderas, olvidar la fuerza concentrada de patriotas, volver al teleteatro de la tarde, a la angustia de la soledad? Algunos portavoces de Cambiemos andan eructando por ahí que el Presitrucho no dudara en “utilizar la fuerza pública” para desalojar a La Cámpora de las gradas del Congreso, al pueblo de la Plaza, a los negros choripaneros de un espacio que es el suyo, a las Madres de la ronda que hizo nuestro honor y que es bandera. Y me pregunto. Y pregunto. ¿Y si el acto que la antipatria pretende como fundacional se le convierte en carnaval inverso? ¿Y si la demencia publicitaria los lleva a creer que las Mirtha Legrand del Barrio Parque podrán defenderlos? ¿Y si tratando de aplastar a los patriotas el macrismo inicia su comienzo por un suicidio? Si el debate al principio era si el 9 o el 10 de diciembre, ya podemos convenir que será en los dos días, con banderas, con bombos, con lo que se tenga. Y que se olviden los que crean que esa multitud volverá a sus quehaceres mientras le están rifando el país, la heladera, la salud. Que el enemigo se recuerde bien de aquella noche, que fue amanecer un 17 de Octubre, y que esta por recomenzar, constante, empecinada.

*Periodista y escritor argentino en París, Francia.