La paz, anhelada pero temida

Colombia

Aunque algunos sectores estén instalando la idea de que la paz es un demonio terrible, pero no hay que abandonar la esperanza. Hay que reconocer el esfuerzo que se está haciendo para finalizar con cincuenta años de guerra. Los cuatro temas más complejos de abordar están sobre la mesa: justicia para las víctimas, la dejación de las armas y las garantías de seguridad para los firmantes.

Foto: archivo

María García De La Torre- El Tiempo (Colombia) 

Dicen que va a convertir al Congreso en un gran cambuche de las Farc. Dicen que unirá a Colombia al eje comunista ateo de Venezuela y Cuba. Dicen que garantizará absoluta impunidad a los guerrilleros. Dicen que es un engaño del Presidente, el cual traicionó a Uribe y ahora traicionará a Colombia. Dicen que todo es una farsa y los negociadores de ambos bandos llevan dos años en un yate tomando mojitos cerca del Malecón. Dicen que traerá más problemas, dolor, pobreza, devastación. Dicen que es peor que las siete plagas bíblicas.

La paz, la temida, monstruosa, horrenda paz debe frenarse

La demoníaca paz, creación de Belcebú y degradación última de la moral y las buenas costumbres. La paz, criatura rastrera de siete cabezas, firmaría la sentencia de muerte de nuestro país. Los defensores de la paz deben recibir millonarios sobornos, contratos, para defender tan maléfica causa. Deben ser guerrilleros: todos y cada uno de los entusiastas de la paz. Guerrilleros, terroristas, asesinos todos y cada uno de los que apoyan los diálogos de paz por encima de los enfrentamientos armados.

Así piensan miles de colombianos, atizados por los discursos incendiarios del uribismo, enceguecidos por dogmas de fe dignos de monseñor Builes. Cerrados a la banda, solo consideran válida la perpetuación de la guerra ‘ad infinitum’, porque su concepto de “paz sin impunidad” significa seguir acribillando campesinos reclutados a la fuerza por las Farc. Su alternativa a la guerra es más guerra. Su modelo de país a corto y largo plazos es un gigantesco campo de batalla.

Conceptos como paz, conciliación y justicia se han desnaturalizado y satanizado al punto de que se los asocia con su antónimo: guerra, violencia, impunidad. Aunque las Farc y el Gobierno –bandos contrarios– están intentando terminar la guerra, las facciones radicales de la derecha ven esto como una connivencia ideológica, delincuencial y engañosa. Sus temores, sin embargo, están argumentados con aire y comprobados con más aire.

” Conceptos como paz, conciliación y justicia se han desnaturalizado y satanizado al punto de que se los asocia con su antónimo: guerra, violencia, impunidad. Aunque las Farc y el Gobierno –bandos contrarios– están intentando terminar la guerra, las facciones radicales de la derecha ven esto como una connivencia ideológica, delincuencial y engañosa “

La estructura argumentativa del uribismo no tiene ningún sustento real, más allá del fanatismo religioso que exacerban en sus seguidores. Los cimientos de sus ideas son dogmas de fe, incuestionables, incorruptibles y, claro, increíbles. Quienes cuestionan sus postulados etéreos son atacados por hordas que claman que todo opositor del uribismo es guerrillero y debe morir en la guerra o ser humillado y vilipendiado públicamente. La práctica recuerda el tratamiento de la Iglesia católica con quienes considera ‘herejes’.

El uribismo es un movimiento político con tintes de teocracia, dogmático, violento. Su resistencia rabiosa contra la paz puede explicarse. No se trata de que los guerrilleros “paguen por sus crímenes”; en realidad, si este Gobierno concluye exitosamente los diálogos con las Farc, dejaría en evidencia el fracaso estruendoso de los ocho años de gobierno de Álvaro Uribe, en los que no se pudo derrotar a la guerrilla mediante la guerra. Sí, esa misma guerra que nos siguen vendiendo como si fuera un ungüento que todo lo cura. El éxito del proceso de paz y el desescalamiento del conflicto también dejarían al descubierto esa silenciosa pero mortífera máquina de muerte que sigue aniquilando hoy en día: los paramilitares.

Colombia hace hoy un esfuerzo sobrehumano por reconciliarnos, hijos y nietos de una sociedad criada en medio de la muerte, los odios y la destrucción. El solo esfuerzo ya es esperanzador. La libertad, la paz, la justicia pueden resultar una amenaza para muchos, pero significan una segunda oportunidad para casi cincuenta millones de colombianos acostumbrados al doloroso ritual de enterrar a sus hijos. La paz no es un demonio temible, lo realmente infernal son cincuenta años más de guerra.

 

Camilo Arango y Laura Gallego- El Espectador (Colombia)  

Un nuevo aire le han otorgado al proceso de paz los medios de comunicación. Los anuncios del jefe negociador del gobierno nacional en relación con los cambios en la metodología de trabajo, volvieron a apaciguar los ánimos entre las partes y hasta dieron lugar al surgimiento de rumores en relación con la posible preparación de un escenario militar para negociar el cese bilateral del fuego.

Y es que la apuesta del gobierno es de nuevo arriesgada. En las últimas semanas, se llevó a cabo el cambio del Ministro de Defensa, y se le confió la tarea a un perfil diferente con un lenguaje mucho más moderado en relación con las arremetidas militares de las FARC de las últimas semanas. Luego se hizo un remesón en cúpula de las fuerzas militares para darle un nuevo aire a la comandancia, y ahora se presentó un nuevo reglamento para el funcionamiento de los diálogos en La Habana, con la consigna de darle celeridad al proceso y mostrar resultados en el menor plazo posible. Finalmente fue el anuncio de las FARC de iniciar de nuevo un cese unilateral al fuego a partir del próximo 20 de julio. El momento sigue siendo crítico, pero el gobierno no se ha quedado quieto.

” Los cuatro temas más complejos de abordar están ahora sobre la mesa. Justicia y reparación para las víctimas, la dejación de las armas por parte de las FARC y las garantías de seguridad a los firmantes del acuerdo, serán los asuntos impostergables en la negociación. Sin embargo las dudas en relación con el cese bilateral al fuego siguen latentes “

Los cuatro temas más complejos de abordar están ahora sobre la mesa. Justicia y reparación para las víctimas, la dejación de las armas por parte de las FARC y las garantías de seguridad a los firmantes del acuerdo, serán los asuntos impostergables en la negociación. Sin embargo las dudas en relación con el cese bilateral al fuego siguen latentes. El informe de Naciones Unidas que evidencia un crecimiento superior al 50% de los cultivos ilícitos en el país en el último año, así como la escalada terrorista de las FARC en las últimas semanas, dificultan de cara a la opinión pública la suscripción de un acuerdo en ese sentido, y solo con el apoyo político de las fuerzas militares y la adecuada representación que de ellas puedan tener los generales convocados a la comisión para el estudio del tema, es que se pudiera avanzar con certeza en ese sentido.

Lo cierto que la tormenta parece estar llegando a su fin, y el proceso se empieza a estabilizar de nuevo. Algunas voces afirman que ha alcanzado una madurez suficiente para encontrarse en un punto de no retorno, pero cualquier paso en falso vuelve a poner todo el proceso en riesgo, pues incluso el gobierno reconoció que su retirada de la mesa pudiera tener lugar en cualquier momento si no hay muestras de voluntad en la negociación.

La paciencia no se puede agotar, a la posibilidad de la paz no se renuncia. Es cierto que la paz no se construye solo en la Habana, pero sin un acuerdo calificado entre el Gobierno y las FARC, no hay un marco sobre el cual se pueda avanzar en la construcción de u
n escenario de paz territorial. Decir que la firma del tratado es la paz no es correcto, pero subestimar la fuerza de un acuerdo entre gobierno y las FARC para sacar a un actor del conflicto, es definitivamente un esfuerzo necesario para la consolidación de un escenario que nos permita más adelante pensar en la paz.

 

 

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