La renovación trunca

Guatemala

Ayer los guatemaltecos concurrieron a las urnas con desánimo en la búsqueda de un cambio que garantizara la recuperación de la crisis política que está viviendo el país. Sin embargo, las elecciones estuvieron signadas por la partidocracia, el abstencionismo, el voto nulo y en blanco. La necesidad de transformar profundamente la clase política y el fervor popular que no cesa.

Jimmy Morales - Foto: Archivo

Editorial – El Periódico (Guatemala)

La clase política a la que se le entregó el ejercicio del poder público el 14 de enero de 1986 no entendió que tenían la misión histórica de construir una democracia institucional, sustentada en un régimen de legalidad coercible y previsible, así como en un sistema de justicia eficaz. Por el contrario, instauró una “plutocracia electorera”, basada en el clientelismo político (intercambio de favores por votos y apoyo político) y en la inversión de cuantiosas cantidades de dinero en propaganda masiva, que con el tiempo de tornó permanente, abusiva, ofensiva e insoportable.

El oficialismo, es decir el grupo político en el ejercicio del poder público, una y otra vez comenzó a hacer campaña electoral por su “delfín”, es decir por el supuesto sucesor del gobernante de turno a base del uso y abuso de los recursos públicos. La oposición, por su parte, negoció los apoyos al oficialismo en el Congreso a cambio de acceso a recursos, sea para beneficios personales o para fines clientelares, por lo que dejó de ser una real oposición, para convertirse en una suerte de cogobernante. Esta degeneración se desbordó durante los regímenes de Óscar Berger (2004-8), Álvaro Colom (2008-12) y Otto Pérez (2012-5), al extremo de que todas las campañas de los “partidos concertados” llegaron a financiarse, en gran medida, con los recursos públicos.

” El abstencionismo fue enorme, además de que millones de guatemaltecos, especialmente jóvenes, no han sido empadronados; asimismo, el voto nulo y en blanco aumentó. Por otro lado, se hizo presente, en forma masiva, el ‘antivoto’ o ‘voto adverso’, que favoreció a opciones políticas que no representaban, aunque fuera en apariencia, a la partidocracia “

Durante los regímenes de Berger, Colom y Pérez hubo “trincas infernales” en el Congreso, cuyo seno se volvió un mercado para la perniciosa “concertación”. Bajo el régimen de Berger operó la “trinca infernal” conformada por las bancadas de Gana, UNE y FRG, durante la gestión gubernativa de Colom la “trinca infernal” estuvo integrada por las bancadas de UNE, Gana y Lider y durante el gobierno presidido por Pérez la “trinca infernal” la conformaron PP, Lider y UNE.

Ayer, los guatemaltecos concurrieron a las urnas electorales con desánimo, pero confiados en que todavía las cosas pueden cambiar. Varias lecturas se sacan en limpio de las elecciones. En primer lugar, el abstencionismo fue enorme, además de que millones de guatemaltecos, especialmente jóvenes, no han sido empadronados; asimismo, el voto nulo y en blanco aumentó. Por otro lado, se hizo presente, en forma masiva, el “antivoto” o “voto adverso”, que favoreció a opciones políticas que no representaban, aunque fuera en apariencia, a la partidocracia, basada en el ánimo de lucro en la política y en la captura clientelar. 

Sin duda, estos son síntomas de que la democracia institucional en Guatemala está en peligro y que si no se llevan a cabo los cambios que la población está exigiendo, en aras de la responsabilidad, la transparencia, la gobernanza y el fortalecimiento de los servicios públicos (justicia, seguridad, salud, educación, seguridad social, nutrición, vivienda), los enemigos de la democracia (fascistas, neopopulistas, chavistas, correístas y demás) más temprano que tarde tocarán a la puerta y se sentarán a la mesa del Estado. Por tanto, urge rehabilitar la política, tal y como lo demanda el papa Francisco.

 

Editorial- Prensa Libre (Guatemala)

Quienes han salido victoriosos en esta primera vuelta electoral deberán tener muy presente que las cosas han cambiado, que casi todo lo que hacen o dejan de hacer puede ser rápidamente monitoreado, reproducido en múltiples versiones y criticado por esa nueva red de ciudadanos que están conectados a través de los nuevos medios de comunicación y de difusión de ideas en la que se han convertido los teléfonos inteligentes. Esta es una realidad a tener en cuenta, pero de ese mismo fenómeno se desprenden otras acciones que han dado muestras en los últimos cinco meses de que esa información instantánea, combinada con la indignación ciudadana ante la corrupción, fácilmente acrecienta el malestar. Nadie puede seguir gobernando como hasta ahora lo han hecho quienes antecedieron a esta generación que bulle y se queja en las redes sociales o que protesta en las calles para demandar cambios profundos en la conducta de la clase política.

El viernes pasado, mientras un ex presidente se encontraba frente a la justicia, quien lo sustituía empezaba a recibir las primeras demandas de cambio, las cuales empezaban por la inclusión, las reformas políticas, hasta la solicitud de presentar un informe sobre las condiciones en las que se encuentra el Estado. Algo que a su vez se complementa con una obligada reestructuración del gabinete de Gobierno, para desligarse de cualquier compromiso e imprimirle un nuevo signo de confianza al Organismo Ejecutivo.

” Ha sido devastador el efecto de tener en cárceles provisional o preventiva a los dos más altos ex funcionarios de la Nación, precisamente por estar sindicados de supuestamente haber dirigido una red que se apropiaba de una buena parte de los impuestos que se debían recaudar en las principales aduanas del país. La percepción ciudadana se encuentra maltrecha “

Pero tanto para quienes se inician en la administración pública, como para quienes continúan en la lucha por el poder, pueden resultar útiles los indicadores de la Encuesta Libre, elaborada por Prodatos, para que tomen nota de lo que marca la percepción ciudadana. El caso más relevante es la urgente necesidad de combatir la corrupción, una plaga que encabeza la preocupación ciudadana, por lo que resulta comprensible que haya pasado a primer término, desplazando a la inseguridad y la situación económica como preocupaciones cotidianas de la población.

Esto va de la mano con generar confianza entre los gobernados, pues ha sido devastador el efecto de tener en cárceles provisional o preventiva a los dos más altos ex funcionarios de la Nación, precisamente por estar sindicados de supuestamente haber dirigido una red que se apropiaba de una buena parte de los impuestos que se debían recaudar en las principales aduanas del país. La percepción ciudadana se encuentra maltrecha, por lo que un primer plan de acción para contrarrestar eso debe venir de las nuevas autoridades.

Sin embargo, esa es la problemática más reciente que ha pasado a dominar las principales preocupaciones de los guatemaltecos, pero inmediatamente detrás está la inseguridad, y es oportuno recordar que hace cuatro años esta era precisamente la principal oferta del defenestrado gobierno, algo en lo que una vez más se falló y que continúa como una de las materias pendientes para actuales y futuras autoridades. Si al acecho de maras y delincuencia común agregamos el embate de la corrupción, se justifica por qué ese flagelo domina las angustias ciudadanas.

 

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