La rareza de la política colombiana

Si las elecciones presidenciales se definieran en primera vuelta, el vencedor sería el mandatario Juan Manuel Santos. Pero, si se dirimieran en un balotaje, entonces el ganador podría ser el ex alcalde de Bogotá, Enrique Peñalosa, quien ya perdió varias contiendas. No obstante, carece de la maquinaria necesaria para atravesar la primera ronda. Entre las ambigüedades del candidato de los verdes está su fracasada alianza con Álvaro Uribe.


El Tiempo (Colombia)

El repunte del candidato presidencial Enrique Peñalosa en la intención de voto, que, según la última encuesta electoral de Datexco para El Tiempo y la W, sería el único capaz de disputarle el triunfo al presidente Juan Manuel Santos en segunda vuelta, el próximo 15 de junio, se convirtió en el principal hecho político del día.

Esta medición sobre la opinión de los electores acerca de cómo votarían en los comicios presidenciales fue, además, el suceso que descongeló el tablero electoral, pues desde hace varias semanas estaba estático. 

“Sé que estamos todavía lejos, pero esta encuesta nos dice que cada vez va siendo más claro que somos la alternativa” 

Los propios contendores de Peñalosa dieron diversas interpretaciones a su irrupción como segundo en intención de voto, después de Santos, para la primera vuelta, con el 17,1 por ciento.

El propio Peñalosa recibió la noticia con tranquilidad y se limitó a decir: “Agradezco mucho a todas las personas que nos apoyan. Sé que estamos todavía lejos, pero esta encuesta nos dice que cada vez va siendo más claro que somos la alternativa que los colombianos están buscando. Nuestra alianza será con los ciudadanos”.

Semana (Colombia)

Colombia definitivamente es un país raro. Si alguien ha sido derrotado una vez tras otra en los últimos años ha sido Enrique Peñalosa. Y ahora, por cuenta del resultado de la consulta verde del domingo pasado, se perfila como el candidato que más posibilidades tiene de convertirse en un contrapeso al presidente Santos.
Las derrotas del exalcalde hubieran acabado con la carrera política de cualquier persona. Fue candidato al Senado en 2006 y no alcanzó el umbral. Se lanzó a la Alcaldía en 2007 y fue derrotado por Samuel Moreno. Luego se lanzó a la consulta interna del Partido Verde de 2010 para la Presidencia de la República y perdió frente a Antanas Mockus. Y en 2011, se volvió a lanzar para la Alcaldía de Bogotá y fue derrotado por Gustavo Petro.

Teniendo en cuenta que es considerado por muchos el mejor alcalde que ha tenido Bogotá, la doble derrota fue considerada una humillación, y teniendo en cuenta sus contrincantes, su entierro político. Lo mejor que se dijo en ese momento fue que era un gran administrador, pero un pésimo político; y lo peor, que nunca iba a poder volver a ganar una elección porque su mayor enemigo era él mismo.

Sin embargo, el domingo de elecciones no solo ganó sino barrió. En la consulta interna del Partido Verde superó los 2 millones de votos. En una consulta comparable cuatro años antes Antanas Mockus, el fenómeno de la ola verde, había obtenido menos de la mitad de esa cifra (822.424). El propio Peñalosa en esa consulta obtuvo el segundo lugar con 489.075 votos y Lucho Garzón 275.214. Claro que en esa elección se presentó un factor de distorsión, pues coincidía con la consulta interna del Partido Conservador entre Noemí Sanín y Andrés Felipe Arias y no se podía votar por ambas. Eso explica, en parte, que hoy los votos sean más significativos pues el domingo pasado solo tenía lugar la consulta de los verdes.

No obstante lo anterior, 2 millones y pico de votos son una cifra que impresiona en momentos en que el denominador común de la campaña presidencial es que nadie despega. Y la votación de Peñalosa no fue la única sorpresa en esa consulta. Camilo Romero, senador del Polo Democrático, poco conocido nacionalmente, sacó casi 700.000 votos. Y John Sudarsky, senador de los verdes, quien tampoco es una figura nacional, sacó alrededor de 350.000. Esas votaciones son tan altas que algunos se las atribuyen en parte al hecho de que el tarjetón de la consulta de la Alianza Verde era el único fácil de entender. Mientras los otros eran unas sábanas llenas de logos y de números, el de Peñalosa, Romero y Sudarsky tenía simplemente tres fotos y el único requisito era poner una cruz. Además, se lo daban a la mayoría de las personas sin preguntarles y era el primero que se llenaba.

“Puede haber algo de verdad en la ambigüedad del posicionamiento ideológico de Enrique Peñalosa. En su obra de gobierno en la Alcaldía y en su carrera política ha habido tanto de derecha como de izquierda. En materia de economía y orden público es de derecha. Sin embargo, su vena izquierdista es más contundente. En política social muchos creen que hizo más que Lucho Garzón, que Samuel Moreno y que Petro”

Ahora, sin embargo, se dice que hay un nuevo Peñalosa. Más tranquilo, menos testarudo y con la mano tendida frente a amigos y adversarios. En las entrevistas, después de su victoria, ha declarado que no es antisantista, ni antiuribista, ni antipetrista sino pro Colombia. Ese es un posicionamiento electoral que a veces funciona y a veces no, pues se expone a que le critiquen como a Santos la obsesión de quedar bien con todo el mundo. A su favor no obstante está el hecho de que esa filosofía funciona más en las elecciones que en el gobierno.

Puede haber algo de verdad en la ambigüedad del posicionamiento ideológico de Enrique Peñalosa. En su obra de gobierno en la Alcaldía y en su carrera política ha habido tanto de derecha como de izquierda. En materia de economía y orden público es de derecha. Cree en la iniciativa privada y en la mano dura en materia de seguridad. También su fracasada alianza política con el expresidente Uribe lo encasilló en ese nicho ideológico.

Sin embargo, su vena izquierdista es más contundente. En política social muchos creen que hizo más que Lucho Garzón, que Samuel Moreno y que Petro.

El gran interrogante es: ¿Tendrá Enrique Peñalosa posibilidades de llegar a la segunda vuelta y poner en peligro la reelección de Juan Manuel Santos? No va a ser fácil. El antisantismo une a muchos pero no despierta el entusiasmo que despertó la ola verde de Mockus. Por ahora, Peñalosa se perfila más como un candidato viable que como un fenómeno electoral. Y si algo ha demostrado la historia reciente de Colombia es que los candidatos que solo tienen opinión sin maquinaria nunca llegan a la cima. Peñalosa tiene opinión, pero prácticamente nada de maquinaria para la primera vuelta y muy poca si llega a la segunda. Si lo llegan a apoyar los parlamentarios de Uribe, todos son novatos, sin votos propios, pues fueron jalonados por el prestigio del expresidente. Lo mismo sucede con los de Marta Lucía. La bancada conservadora que tiene votos está alineada con Santos. Y como se dijo anterioremente, la Alianza Verde, que de por sí no es una fuerza parlamentaria importante es bastante escéptica de su candidato.

Al respecto vale la pena recordar la experiencia de la última elección presidencial. Hasta los últimos días, Juan Manuel Santos y Antanas Mockus estaban empatados en las encuestas. Sin embargo, el primero tenía toda la maquinaria y el segundo prácticamente nada. En el momento de la votación, Santos obtuvo 9 millones de votos y Mockus apenas 3,5. El presidente hoy por hoy no es el hombre de los 9 millones de votos, pero Peñalosa tampoco es Mockus. La única constante es que Santos tiene todavía la maquinaria.

 

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