La postura antidrogas de Santos cuestionada

El presidente Juan Manuel Santos ha expresado en foros internacionales una postura progresista y reflexiva en la lucha contra el consumo de drogas y el narcotráfico. Esa visión, de acuerdo a algunos críticos, no se sostiene en la gestión política. En sus cuatro años de gobierno, que pueden duplicarse si gana los comicios en mayo, no hubo demasiados cambios a nivel nacional que se relacionen con ese discurso. El tema drogas es, además, un punto de negociación en la mesa de diálogo del gobierno con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia. 

La postura antidrogas de Santos cuestionada

Andrés Bermúdez Liévano – La Silla Vacía (Colombia)

Esta semana el Toronto Star llamó al presidente Juan Manuel Santos un “campeón del pensamiento más progresista en política antidrogas” y el Economist inglés lo destacó por proponer más investigación científica sobre los efectos de legalizar la marihuana.

Esto después de que Santos fuera uno de los invitados especiales a un conversatorio el jueves pasado sobre cómo darle un giro a la “guerra contra las drogas”, la primera vez que el Foro Mundial Económico -la cumbre que reúne al quién es quién mundial cada año en la ciudad suiza de Davos- abordaba el tema. En la charla, que compartió con Kofi Annan, Santos volvió a repetir su metáfora de que esta lucha es como pedalear en una bicicleta estática y pidió “menos hipocresía” a la hora de buscar una aproximación distinta.

Sin embargo, la postura progresista que Santos usualmente exhibe en el extranjero no está alineada con su política antidrogas a nivel nacional, que ha visto muy pocos cambios en sus casi cuatro años de gobierno. Y, aunque en estos momentos se negocia el tema de drogas en La Habana y el Gobierno podría estar a la espera de un acuerdo para aterrizarlos, por ahora estas son las deudas que Santos tiene en el tema de drogas:

1. Santos, ausente de espacios de lucha antidrogas

Pese a que a nivel internacional Santos se ha mostrado favorable a un cambio, en casa ha sido un convidado de piedra con el tema. No sólo no ha planteado ninguna reforma significativa a la política antidrogas, sino que ha estado casi completamente ausente de los principales espacios donde ésta se planea a nivel nacional.

2. Santos pide debate internacional, pero no lo continúa

No sólo a nivel nacional Santos ha eludido el debate. Hace dos años, durante la Cumbre de las Américas en Cartagena, Santos y su homólogo guatemalteco Otto Pérez Molina le pidieron a la Organización de Estados Americanos -en nombre de los 33 países que asistieron- que evaluara alternativas para enfrentar el problema de las drogas. En mayo pasado, su secretario general José Miguel Insulza presentó ese informe, un trabajo exhaustivo que no toma una posición puntual sobre cómo reenfocarla pero -con costos, evidencia científica y análisis comparativos por país- plantea las diferentes alternativas sobre la mesa. Y sobre todo, el primero de su tipo elaborado por un organismo multilateral.

Sin embargo, más de medio año después Santos no ha asumido ningún liderazgo en ese debate, pese a tener en sus manos el balón que pidió. Y oportunidades de debate las ha habido, con los pasos individuales -el escenario que más desaconsejaba el informe- que han tomado Uruguay o los estados de Colorado y Washington al legalizar la marihuana para regular el mercado.

3. Santos no tira línea y tampoco sus ministros

Si el presidente no tira línea en el debate antidrogas, sus principales subalternos relacionados con el tema no tienen la capacidad de hacerlo.

4. No se replantea aspersión ni erradicación

A pesar de que la evidencia muestra que los resultados de la aspersión son relativamente pobres para sus altos costos, a diferencia de políticas más exitosas como la de interdicción, aún no hay ninguna discusión para replantearla. Con lo que Colombia sigue siendo el único país del mundo que fumiga los cultivos ilícitos.

5. Consolidación, abandonada y politizada

Consolidación, el programa bandera de Santos que busca garantizar la construcción de Estado en zonas donde tradicionalmente ha hecho presencia la guerrilla y donde la seguridad no está garantizada, es actualmente un programa ineficiente y politizado, con una influencia cada vez mayor del Ministerio de Defensa y el enfoque militar.

Pese a su importancia tanto para la restitución de tierras y reparación a víctimas como para consolidar la paz si algún día los guerrilleros dejan las armas, desde que el Gobierno sacó a Álvaro Balcázar y puso al político nariñense Germán Chamorro -de La U- al frente de Consolidación el componente técnico y civil del programa se debilitó considerablemente.

6. El Estatuto antinarcóticos duerme el sueño de los justos

Una de las tareas que se propuso Santos en materia de drogas fue sacar un nuevo Estatuto antinarcóticos, ya que el que está vigente data de 1986 y poco se ajusta a la realidad hoy.

El primer borrador de Vargas Lleras, cuando era ministro del Interior y Justicia, tenía una aproximación totalmente represiva, que fue reelaborada por completo en el segundo borrador que hicieron Esguerra y su vice Jorge Fernando Perdomo. Luego Ruth Stella Correa y su vice Farid Benavides lo depuraron, lo consultaron con otras entidades claves como Procuraduría, Fiscalía, Defensa y Salud y lo presentaron al Consejo Superior de Política Criminal. El problema es que cuando subió la presión de la opinión pública por el escándalo de las drogas sintéticas -que además de sacado de contexto era apenas una parte ínfima del estatuto- el Gobierno decidió abortarlo y no lo terminó presentando al Congreso. Desde entonces, no se ha movido.

7. Se judicializa menos a cocaleros, pero no por orden de arriba

El único cambio menor ha sido que el número de campesinos cocaleros judicializados ha disminuido, pero este reajuste se ha dado más por razones prácticas al interior de la Policía que por una orden de arriba.

 

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