La política según un narcisista

Uruguay
Hugo Acevedo

En los sistemas democráticos hay una correlación de fuerzas entre mayorías y minorías pero también existe negociación política, cuando las partes se proponen discutir, debatir y acordar. El opositor Lacalle Pou, fiel a sus características, dinamitó un ámbito de encuentro interpartidario que incluía a todo el arco político solamente porque no logró la atención que buscaba.

Hugo Acevedo- La República (Uruguay)

El senador herrerista Luis Lacalle Pou no parece entender que es parte de la oposición y no del gobierno, y que sus iniciativas pueden ser respetadas y hasta atendidas, pero no siempre serán contempladas, como tampoco lo serán todas las del propio oficialismo y de las otras fuerzas políticas.

En los sistemas democráticos hay una correlación de fuerzas entre mayorías y minorías pero también negociación política, cuando las partes se avienen a discutir, debatir y acordar. No hay, por supuesto, discursos únicos, posturas inflexibles, dogmáticas ni intransigentes, porque el propio ejercicio de la libertad habilita otras prerrogativas.

En el tema relativo a la seguridad ciudadana el presidente Tabaré Vázquez ha exhibido una postura abierta y negociadora, invitando a los partidos del arco opositor a dialogar y acordar. La multipartidaria que trabajó durante casi cuatro meses con resultados ciertamente auspiciosos, es una experiencia inédita en nuestro país que recoge la mejor tradición en materia de entendimiento.

No en vano están en marcha nada menos que ocho proyectos de ley, relativos al nuevo Código de Proceso Penal, plan integral de combate al narcotráfico, Estatuto de la Fiscalía General de la Nación, cambios en la penalización de los homicidios graves, modificación del régimen de libertades anticipadas para reincidentes, tenencia responsable de armas, Código infraccional juvenil y reforma del sistema carcelario. En otros tiempos, la coalición de izquierda en la oposición era sistemáticamente excluida de todos los ámbitos de negociación y las decisiones eran adoptadas de consuno únicamente por los blancos y los colorados.

Sin embargo, el gobierno del Frente Amplio modificó radicalmente esa práctica, convocando a los dos partidos tradicionales, al Partido Independiente, a Asamblea Popular e incluso a la Concertación liderada por el ex candidato a la Intendencia de Montevideo Edgardo Novick.

” En los sistemas democráticos hay una correlación de fuerzas entre mayorías y minorías pero también negociación política, cuando las partes se avienen a discutir, debatir y acordar. No hay, por supuesto, discursos únicos, posturas inflexibles, dogmáticas ni intransigentes, porque el propio ejercicio de la libertad habilita otras prerrogativas “

Pese a los sustantivos avances registrados en esta materia, el ex candidato a la Presidencia por el Partido Nacional pateó el tablero proponiendo que su colectividad no concurriera más a las reuniones y logró su objetivo. Como su planteo no concitó inicialmente el apoyo de su propio partido ni del resto de la oposición, optó por el discurso confrontativo y también por el agravio.

Al respecto, afirmó que “parece que hay dos mundos paralelos: está el mundo del Presidente de la República en la Torre Ejecutiva y está el mundo de los uruguayos. Yo quiero pertenecer al mundo de la gente”.

Sus afirmaciones son absolutamente contradictorias con su propio estilo de vida, ya que Lacalle Pou no vive “en el mundo de la gente”, por más de un motivo. Como se sabe, el legislador reside en un barrio privado con cámaras y guardias de seguridad, una suerte de fortaleza a resguardo de todos los avatares cotidianos, las inseguridades y los temores de un ciudadano común.

Por supuesto, tampoco tiene las urgencias e incertidumbres de miles de trabajadores uruguayos, ya que su statu quo social lo ubica en la minoritaria franja de los privilegiados de la rancia oligarquía a la cual pertenece.

Aunque nadie niega su legítima preocupación por el tema de la seguridad, no tiene derecho a dinamitar un ámbito de negociación interpartidaria que incluyó a todo el sistema político.

Lo que sucede, es que Lacalle Pou padece una suerte de irrefrenable narcisismo, propio de una personalidad megalómana que revela toda su inmadurez política.

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