La Policía mató al presunto ideólogo del asesinato de Marielle Franco, de vínculos con la familia Bolsonaro

La Policía brasileña se cruzó en un tiroteo con el jefe miliciano de Río de Janeiro investigado por el asesinato de la concejala y activista de derechos humanos Marielle Franco. El hombre, que estaba fugitivo hace más de un año, era el principal sospechoso de haber planeado el asesinato ocurrido en 2018. Además, las fuerzas policiales lo habían ligado con el exasesor del hoy senador Flávio Bolsonaro, hijo mayor del presidente de Brasil, Jair Bolsonaro. Su asesinato durante el supuesto enfrentamiento está ahora bajo sospecha.

Adriano Magalhães da Nobrega, «fue localizado por la policía en la zona rural de la ciudad de Esplanada», unos 170 km al norte de Salvador, la capital de Bahía, de acuerdo a la Secretaría de Seguridad de este estado del nordeste de Brasil. Conocido como «Capitán Adriano», el hombre de 43 años era acusado de comandar el llamado «Escritório do Crime» (Oficina del Crimen), una milicia integrada por sicarios presuntamente implicada en la muerte de Franco.

Cuando los agentes se disponían a cumplir la orden de prisión en su contra, él respondió con disparos. En el intercambio de tiros, fue herido de gravedad y murió, según la versión de las autoridades brasileñas.

En la operación fue confiscada una «pistola austríaca calibre 9mm» y otras tres armas -un revólver y dos escopetas- en diferentes puntos de la casa, además de trece teléfonos móviles, según puntualizaron.

«Buscamos ejecutar la prisión, pero prefirió reaccionar disparando», aseguró el secretario de Seguridad Pública de Bahía, Maurício Teles Barbosa.

Las sospechas alrededor del operativo

Sin embargo, las condiciones de la muerte de Magalhães generaron dudas entre los brasileños, teniendo en cuenta que el exmiliciano habría comunicado a sus abogados su temor de ser asesinado para «hacer desaparecer pruebas» del asesinato de la concejala.

La viuda de Marielle, Monica Benício, apuntó directamente al ministro de Seguridad y Justicia de Bolsonaro, el exjuez Sergio Moro, al preguntarse «quién gana con la muerte de Nobrega?».

El Partido Socialismo y Libertad (PSOL) ya reclamó en un comunicado que se “aclare” cómo fue el operativo. «La milicia a la cual pertenecía estaba sospechada de estar implicada en el asesinato (de Franco) y él era una personaje clave para dilucidar una serie de crímenes«, agregó el partido de izquierda.

Marielle Franco y el conductor Anderson Gomes fueron asesinados el 14 de marzo de 2018 en la región central de Río. La concejal de 38 años, identificada con la defensa de la minoría LGBT y de la comunidad afrodescendiente, regresaba a casa después de participar en un debate con jóvenes mujeres, cuando le dispararon a su automóvil.

Dos ex policías militares fueron arrestados bajo sospecha de ser los autores del crimen: Ronnie Lessa, de 48 años, sospechoso de haber disparado, y Elcio de Queiroz, de 46 años, el supuesto conductor del automóvil que persiguió a los de las víctimas. Hasta el momento, la principal sospecha sobre el plande asesinato recaía en la «Oficina del Crimen».

Los vínculos con los Bolsonaro

Recientemente, Magalhães da Nobrega había sido señalado además como una persona cercana al hijo del mandatario por la Fiscalía. Los fiscales sostienen que el exmiliciano era amigo de Queiroz, exasesor de Flávio Bolsonaro, en la mira de la Justicia también por desvío de dinero público y blanqueo de capitales mediante la contratación de funcionarios «fantasma» para su gabinete en la Asamblea Legislativa de Río de Janeiro.

En esa investigación contra el hijo mayor de Bolsonaro aparece citado Magalhaes da Nóbrega, porque, según la Fiscalía, la madre del excapitán, Raimunda Veras, y su exesposa Danielle Mendonça da Costa da Nóbrega estuvieron en la nómina del gabinete de Flávio.

Además, Flávio homenajeó a Magalhaes da Nóbrega con la Medalla Tiradentes, el más alto distinto del Legislativo de Río, en 2005, cuando el entonces policía estaba detenido acusado de un homicidio. Más tarde, sería expulsado de la corporación. El presidente Jair Bolsonaro se negó a hablar del tema, al ser consultado sobre el operativo en una conferencia de prensa, con la excusa de que sus palabras serían «distorsionadas». «El día que ustedes, con todo respeto, transmitan la verdad, será muy saludable conversar media hora con ustedes”, afirmó».