La Patria Grande sin tutelaje imperial

La distribución desigual de la riqueza, la pobreza, la falta de educación, salud pública y viviendas, son algunos de los temas pendientes para los gobiernos de la región. Sin embargo, desde hace algunos años Latinoamericana vive una transformación política y socioeconómica de la mano de gobiernos progresistas que, más allá de las diferencias, intentan transitar un camino de desarrollo autónomo, donde la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) aparece como el punto más alto en la integración regional.

Lídice Valenzuela García – Cubahora (Cuba)

La conversión de América Latina y el Caribe en una Patria única y libre, sin presencia de las colonias europeas, fue el sueño que animó a los próceres de esta región desde la liberación de Haití de Francia en 1802 hasta la Revolución Cubana, en 1959, obras políticas que tienen su continuidad en los gobiernos izquierdistas y progresistas surgidos hace 15 años atrás.

Para analistas, la Revolución Bolivariana de Venezuela, el triunfo en las urnas de mandatarios que reclamaban la soberanía e independencia nacional sin la amenaza latente de Estados Unidos. La transformación política y socioeconómica que vive Latinoamérica hoy, más allá de matices y posiciones ideológicas divergentes.

Surgieron entonces, en un movimiento encaminado a la reestructuración de las estructuras nacionales varias organizaciones integracionistas, sin cabida para los imperialistas del Norte, que por más de un siglo en acciones injerencistas dictaron la política territorial usando mecanismos supuestamente proteccionistas, cuando en realidad destruyeron las economías locales y se apoderaron de las grandes riquezas naturales de esta área geográfica.

El ejemplo de la Revolución Cubana y de su más de medio siglo de resistencia ante las genocidas medidas de las administraciones estadounidenses —entre ellas el bloqueo económico, financiero y comercial de las últimas cinco décadas— sus conquistas en diferentes campos de la ciencia, la técnica, la educación, el deporte y la cultura, sirvieron de aliciente a quienes, desde finales del siglo XX y hasta ahora, han emprendido un camino de soberanía y libertad.

Grandes problemas se insertan aún en las sociedades latinoamericanas y caribeñas, donde prima la reconocida distribución desigual de la riqueza, el hambre en sus distintos grados, la pobreza, la carencia de educación, salud pública, viviendas, solo para citar algunos puntos de una agenda pendiente por los gobiernos tradicionales.

Es un universo de más de 550 millones de personas, —casi 60 millones de ellos pobres—, con una notable presencia de indígenas, negros y afrodescendientes, siempre relegados en el desarrollo humano, degradados y colocados en el último lugar de las llamadas clases sociales.

Para cambiar ese estado al que parecían condenados los descendientes de Simón Bolívar, Louverture —Haití es el país más pobre del área— Tupac Katari, José de San Martín y otros grandes hombres, era necesario, a partir de nuevos presupuestos políticos e ideológicos, una transformación económica y social con elementos integracionistas, sin las leyes del mercado como aparato rector, y con sentimientos humanistas entre pueblos y gobiernos.

La CELAC es el punto más alto de esa integración coordinada bajo nuevos parámetros que nacieron con la Alternativa Bolivariana para los pueblos de América (ALBA) ideada por Chávez, y que de inmediato recibió el apoyo del expresidente cubano Fidel Castro. Ese primer bloque integracionista de la nueva etapa política de América Latina nació en diciembre del 2004.

En sus tres años de trabajo, Chile ejerció la presidencia temporal de CELAC hasta la celebración de la I Cumbre en Santiago el 27 y 28 de enero de 2013. El pasado año, esa responsabilidad la asumió Cuba, sede de la II Cumbre, la que traspasará la presidencia a Costa Rica durante la II Cumbre los próximos 28 y 29.

 

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