La otra Copa de las Américas

Latinoamérica

La rivalidad entre el Mercosur y la Alianza del Pacífico se profundiza en la búsqueda por lograr mayor poder sobre la región, uno a partir de medidas proteccionistas y la producción industrial y el otro como proveedor de commodities y en favor del libre comercio impulsado por Washington. En tanto, los ex presidentes Lula y Lagos convocan a conformar un nuevo bloque transversal.

Morales, Mujica, Rousseff, Kirchner, Cartes y Maduro.

Emiliano Guido- Miradas al Sur (Argentina) 

Compiten por mercados, zonas de influencia política y la sumatoria de nuevos socios estatales. El Mercosur y la Alianza del Pacífico (AP), dos iniciativas de convergencia económica notoriamente disímiles –el primero más proteccionista, el segundo más alineado con el libre comercio y Washington– vienen profundizando en los últimos meses su rivalidad geopolítica en Sudamérica.

En julio, por ejemplo, mientras la AP explicitó en la reciente cumbre de Paracas (Perú) su voluntad de desarancelar totalmente su comercio intrabloque y de, paralelamente, ampliar las fronteras del bloque hacia el Atlántico, los países de la Cuenca del Plata más Venezuela se encaminan esta semana a retrucar el desafío de su competidor zonal con la realización de una reunión de jefes de Estados en Brasilia que tiene, por el momento, como dato periodístico más significativo, la sumatoria plena de Bolivia al organismo.

Unos años atrás, el subcontinente contaba con un panel de espacios multiestatales diferente al tablero actual: la integración se estructuraba en los márgenes del Mercosur línea fundadora (Argentina, Brasil, Uruguay, Paraguay), la Comunidad Andina de Naciones (hoy en vías de extinción) o la pronorteamericana Área de Libre Comercio para las Américas (que sucumbió, finalmente, en la ya mítica Cumbre de Mar del Plata). Ahora, dichas familias vecinales se reconvirtieron: el Mercosur sumó socios identificados con el giro a la izquierda de la región (Venezuela, Ecuador está en vías de serlo); por otro lado, el horizonte librecambista del sur se estructuró alrededor de la AP.

” Compiten por mercados, zonas de influencia política y la sumatoria de nuevos socios estatales. El Mercosur y la Alianza del Pacífico (AP), dos iniciativas de convergencia económica notoriamente disímiles –el primero más proteccionista, el segundo más alineado con el libre comercio y Washington “

Relaciones de sujeción o autónomas frente a la Casa Blanca, matriz productiva industrialista o mero servidor de commodities al mercado global, integración estrictamente comercial o estratégicamente política, con la búsqueda de denominadores comunes en capítulos disímiles, desde las políticas de defensa hasta la agenda cultural, las grietas ideológicas entre el Mercosur y la Alianza del Pacífico no son un invento de la prensa ni una especulación narrativa. Los dos bloques más influyentes en el Cono Sur colisionan, en definitiva, para ampliar su poder en la región.

Desde Paracas, en la costa sureña peruana, a la capital del gigante sudamericano. La rivalidad entre los dos proyectos mencionados se libra en todos los territorios, desde el frío mar pacífico hasta la más tórrida costa atlántica. Mercosur- Alianza del Pacífico, en clave post-Copa de las Américas, es el nuevo clásico de la región. Por el momento, el partido está abierto.

Mercosur aymara

Los jefes de Estado del Mercosur protagonizarán a fines de esta semana una cumbre en la capital brasileña. En términos formales, la presidencia protémpore pasará a manos de Paraguay, un hecho importante porque consolida la pertenencia intrabloque de un país cuya membresía estuvo suspendida, en su momento, por la participación del gobierno ilegítimo del liberal Federico Franco en el golpe institucional o golpe blando, vía parlamentaria, contra el jefe de Estado Fernando Lugo.

Sin embargo, la noticia más significativa del próximo mitin mercosureano será, seguramente, la prometida aprobación institucional de una declaración de principios y de una homologación técnica que allanará la entrada del gobierno boliviano de Evo Morales a la mesa chica del bloque regional que está recostado hacia el océano atlántico. Bolivia, un país rico en recursos naturales, sobre todo gasíferos, ensanchará el caudal energético del Mercosur.

Además, con el ingreso de La Paz al eje comandado por el tándem B-B (Buenos Aires, Brasilia), la unión aduanera iniciada en tiempos de la dupla gobernante Alfonsín-Sarney logra ubicar, en términos ajedrecísticos, un peón en campo ajeno; el mismo estratagema impulsado por el cuarteto del Pacífico (México, Chile, Perú, Colombia) cuando seduce a los países chicos de la Cuenca del Plata (Paraguay, Uruguay) para sumarlo a sus filas con un relato amigo del libre comercio y de las economías pequeñas.

” La cumbre del Mercosur estará atravesada por un debate comercial que viene anidándose en el organismo sin resolución desde hace varios años: la firma de un Tratado de Libre Comercio con la Unión Europea”

Por otro lado, la cumbre del Mercosur estará atravesada por un debate comercial que viene anidándose en el organismo sin resolución desde hace varios años: la firma de un Tratado de Libre Comercio con la Unión Europea. En los últimos meses, el gobierno frenteamplista de Tabaré Vázquez, su par colorado del magnate Horacio Cartes, pero incluso el Palacio Planalto, tras el giro centrista dado por Dilma Rousseff –explícitamente criticado por el ex mandatario Lula Da Silva–, vienen pronunciándose abiertamente para hacer un gran acuerdo económico con Bruselas.

Por el contrario, el gobierno argentino y el Palacio Miraflores, con un enfoque más receloso de ensamblarse equitativamente con un bloque claramente asimétrico, vienen poniendo reparos a la firma con la eurozona. El canciller paraguayo ya adelantó con declaraciones a la prensa guaraní que su gobierno aprovechará la presidencia circunstancial del Mercosur para impulsar el acercamiento con la UE.

Sin embargo, a diferencia de la más institucionalizada familia europea, contar con la comandancia semestral del bloque no otorga a Asunción de ninguna facultad extra para torcer el rumbo del Mercosur; que, por lo pronto, comenzará a contar con otra voz claramente autónoma del norte con la sumatoria de Bolivia.

No tan pacíficos

La reciente cumbre de la Alianza del Pacífico contó con una fuerte cobertura en la prensa económica especializada de la región. Claramente identificados con el horizonte pro libre comercio de la entente, medios gráficos influyentes sudamericanos como el Folha do Sao Paulo, El Tiempo, de Colombia, o El Comercio, de Perú, recalcaron en los últimos días la importancia geoestratégica de una iniciativa que ya cuenta con nuevos países observadores (Austria, Dinamarca, Georgia, Grecia, Haití, Hungría, Indonesia, Polonia, Suecia y Tailandia), su intención de dotar de una “marca de calidad” (como declaró el anfitrión Ollanta Humala) a su ingeniería comercial, y la matriz librecambista de un proyecto que ya tiene asegurado la “reducción de aranceles interno hasta en un 92 por ciento”.

“La suma de los PBI no es la manera adecuada de medir la potencia conjunta de los países involucrados. No sólo eso, el PBI de México de US$ 1,2 billones (el 60% del total) se basa en su estrecha complementariedad con EE.UU. y no con los países de la AP”

 Por el contrario, otras visiones, como la vertida por el columnista peruano Humberto Campodónico en un artículo titulado “¿Está sobrevendida la Alianza del Pacífico?”, advierten que el radar vinculante de la AP está notoriamente articulado puertas afuera del bloque. “Se menciona mucho que
la suma de las economías de los cuatro países representa un PBI de 2 billones de dólares, lo que convertiría a la AP en la octava economía del mundo. Pero la suma de los PBI no es la manera adecuada de medir la potencia conjunta de los países involucrados. No sólo eso, el PBI de México de US$ 1,2 billones (el 60% del total) se basa en su estrecha complementariedad con EE.UU. y no con los países de la AP”, enfatiza Campodónico, quien además agrega que “el comercio entre ellos representa una media del 5,3% y del 7,8% del total de las exportaciones e importaciones, respectivamente. Y con México, la distancia es aún mayor, pues los países de la AP sólo suponen el 2,3 y el 0,8% de sus exportaciones e importaciones”.

¿Es la rivalidad entre el Mercosur y la Alianza del Pacífico el nuevo River-Boca sudamericano? Lejos está de serlo, contestarían líderes influyentes del peso de Lula Da Silva o del también ex mandatario chileno Ricardo Lagos. En una no tan lejana columna a cuatro manos escrita para el diario madrileño El País, la dupla Lula-Lagos invitaba a conformar un bloque transversal mucho mayor: “La Alianza del Pacífico, que aspira exclusivamente a promover una unión económica de carácter modernizador, será más eficaz cuando se relacione más estrechamente con Brasil, Argentina y otros países del litoral atlántico. Del mismo modo, los países atlánticos tendrán todavía más peso cuando sus actividades internacionales vayan unidas a las de las naciones del Pacífico”.

 

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