La oposición política son los medios

Brasil

Los medios de comunicación dejaron de hacer periodismo para hacer oposición política, dice el especialista Venício Lima, autor de varios libros sobre el tema. En este reportaje reflexiona sobre como se tornan cada vez más poderosos y capaces de hacer valer sus intereses, la necesidad de regulación del sector y el papel de la información pública y alternativa.

La presidenta Dilma Rousseff durante una conferencia de prensa - Foto: Ichiro Guerra/Sala de Prensa

Joana Tavares – Brasil de Fato (Brasil)

Investigador hace ya décadas sobre el papel social de los medios, el profesor retirado de la Universidad de Brasilia Venício Lima es autor de varios libros sobre el asunto y sigue reflexionando sobre el comportamiento de los medios de comunicación, la necesidad de regulación del sector y el papel de la comunicación alternativa y pública.
 
-Hemos visto una cobertura cada vez más parecida, especialmente de la política, en los medios hegemónicos. A pesar de pequeñas diferencias de línea editorial, parece haber una homogeneización en el tratamiento de algunos temas, como la cuestión de la crisis y de la operación Lava Jato. ¿Cómo evalúa usted este comportamiento?

-La verdad, no encuentro que constituya una novedad. Hace muchos años, en el libro que publiqué con Kucinski (Diálogos de la perplejidad: reflexiones críticas sobre los medios), comentamos esta cuestión de la posición hegemónica de los grandes medios. Y la idea de que los grandes medios funcionan como si tuviesen un supra editor, como si las principales noticias, la agenda, la narrativa, fuesen cotidianamente editadas por un súper editor, que les da el mismo encuadramiento. Esto es tan verdadero que a veces las mismas palabras aparecen reiteradamente, para los mismos asuntos, para la misma agenda, en diferentes medios. Eso no es una novedad, y expresa apenas el hecho sabido y conocido de que los oligopolios privados de los medios en Brasil tienen intereses comunes y defienden básicamente las mismas propuestas y están contra las mismas propuestas, proyectos y políticas.

-¿A qué atribuye usted esta reciente inflexión en algunos medios, como Folha y O Globo, en la cuestión del golpe o impecheament contra la presidenta?

-Es una cuestión delicada. Los grandes oligopolios en Brasil, sobre todo el grupo O Globo, históricamente han conseguido adaptarse a las conjuras y preservar sus intereses. Y, respecto a eso, el Estado brasileño también históricamente no ha sido capaz de hacer prevalecer la naturaleza de servicio público, sobre todo en la radiodifusión. Un observador como yo, sin acceso a fuentes privilegiadas, sin vínculos con partidos o nada parecido, me valgo de mi experiencia y de los datos públicos. Lo que se sabe ahora es que hubo una reunión del secretario de comunicación de la presidencia con los controladores del grupo Globo y, en ocasión de un homenaje a Globo en el Senado, una reunión con un ejecutivo del grupo y nueve senadores del PT. Después de esos encuentros, de hecho se observa una inflexión en la cobertura política y un posicionamiento diferente con relación al impeachment de la presidenta. Lo que no se sabe es si hubo –y muy probablemente hubo- algún tipo de entendimiento, de acuerdo. Como se hizo en el pasado, con otros gobiernos, en otras situaciones. El Estado brasileño y cualquier grupo que temporariamente controla su máquina han sido incapaces de hacer prevalecer políticas de interés público y negocian con esos medios, que se tornan cada vez más poderosos y más capaces de hacer valer sus intereses. Después sabremos mejor de qué se trata. Vi especulaciones en relación a la atribución de frecuencias, utilización del llamado 4G, cuestiones tecnológicas en que el Estado tiene poder, disputa entre los viejos grupos y las operadoras… tendremos que ver si se confirma la inflexión y sabremos que se negoció. Pero seguro que alguna cosa se negoció.

-En su evaluación, ¿por qué los gobiernos del PT no avanzaron en la cuestión de la regulación del mercado de comunicación?

-Esa pregunta tiene que ser hecha a los gobiernos del PT. No lo consigo comprender. Hubo momentos en que se aseguraba que los gobiernos petistas iban por lo menos a proponer una actualización de la legislación, la regulación de los artículos que están en la Constitución, que iban a encaminar proyectos en el Congreso. Eso ocurrió en diversos países de América Latina en que proyectos democráticos llegaron al poder, pero nada de eso ocurrió en Brasil. He dicho que esos gobiernos caerían en la trampa de creer que sería posible que los oligopolios mediáticos apoyasen un proyecto político, con repercusión en la economía, que beneficiase a las clases populares, que promoviese la inclusión. Hay informaciones certeras que durante mucho tiempo figuras importantes en los gobiernos petistas creían que era posible lograr el apoyo de esos oligopolios para la ejecución de esas políticas. Así, la negociación con ellos, los fondos publicitarios, préstamos, etcétera, deberían ser la prioridad de la política de comunicación del gobierno. En detrimento de la construcción de un sistema público de comunicación, como, por otra parte, manda la Constitución. Al caer en esa trampa, se perdieron las oportunidades históricas de hacer lo que era necesario hacer y que no fue hecho.

-A partir de la presión de la sociedad y también dada la virulencia de esos medios hegemónicos contra el gobierno del PT, ¿usted cree que hay posibilidad de avanzar en la regulación en este segundo mandato de Dilma?

-De nuevo, quien tiene que responder son los agentes públicos del gobierno, o la propia presidente. Puedo dar una respuesta de observador que tiene décadas de acompañar estas cuestiones. Soy pesimista. No veo en el momento actual de crisis política y de disolución completa de la sustentabilidad parlamentaria del gobierno de posibilidades de avance. Las condiciones son adversas para que se implemente algo en esa área. Es interesante observar que el discurso de regulación económica de los medios, que fue parte de la campaña electoral, que fue mencionado en diversas oportunidades por los ministros de comunicaciones, desapareció. No se habla más de eso. Alguien dijo, hasta las medidas que podrían o pueden ser tomadas por diferentes sectores del gobierno, que independientemente de la aprobación parlamentaria, no han sido tomadas. Como por ejemplo, la revisión de criterios de las pautas oficiales de publicidad y la fiscalización de los contratos de las emisoras. Cosas que son parte del papel del Ministerio de Comunicaciones, en algunos casos, o pueden ser decisión política de la presidencia, medidas que podrían ser tomadas independientemente de la aprobación parlamentaria, que es sabida y declaradamente de oposición al gobierno.

-Usted escribió que no tenemos en el país una “narrativa publica alternativa”. En su evaluación, ¿cómo los medios comunitarios, sindicales y populares podrían avanzar hacia la pluralidad de voces y visiones del mundo?  

-Hay una cuestión histórica en los medios alternativos brasileños, incluidos las TVs y radios comunitarias, los medios sindicales, o el sistema público de un modo general, que es la dificultad de unificar su narrativa. Hay avances, pero no son todavía muy tímidos en relación a lo que sería necesario. Considero absolutamente crítica la necesidad de apoyo del gobierno al sistema público de comunicación. La Empresa Brasil de Comunicación (EBC), a duras penas, intenta producir una alternativa de calidad a los medios comerciales. Pero es muy difícil, por la forma como EBC está reglamentada, depende de recursos no sólo del gobierno, sino de la contribución de la radiodi
fusión pública, que inclusive viene siendo cuestionada en la Justicia. Es una situación financiera difícil. Y aún la empresa consiguiendo, en sus diferentes medios, producir programas de buena calidad, es difícil quebrar la inercia de la audiencia, que hace décadas es dominada por los medios comerciales. Los medios públicos no consiguen ser divulgados fuera de la propia y quedan reducidos a su pequeña audiencia. Creo que esta es de las posibilidades que deben ser apoyadas. Inclusive una cosa que olvidamos es que las personas que creen en la necesidad de medios alternativos a los comerciales deben apoyar la TV pública viendo su programación y oyendo sus emisoras de radio.

-Al mismo tiempo en que asistimos al fortalecimiento de los medios comerciales, aumenta el número de despidos y se discute el futuro del periodismo. ¿Qué se traza para el escenario de la comunicación actual?

-Esa no es una peculiaridad brasileña. Es algo que está pasando en la sociedad contemporánea y proviene de una transición tecnológica, cuyos resultados todos no sabemos. Hay una nueva generación surgiendo que no tendrá los mismos hábitos de consumo de medios y eso ya está claro, sobre todo en Brasil. Y eso tiene implicancia para los modelos de negocio. Soy de aquellos que comparten el entusiasmo, muchas veces acrítico, con relación al acceso a la información que las nuevas tecnologías posibilitan. Los datos que tenemos en Brasil y en el mundo confirman que, a pesar de la transición y de los cambios de plataforma tecnológica, los grandes productores de contenido continúan siendo los viejos grupos de los medios tradicionales. Las investigaciones lo confirman y esto se puede ver en los segmentos que acceden a internet, blogs y sitios: los más citados son de los viejos medios. Este patrón se repite en las redes sociales, a las que el 90% de las personas que acceden a internet están vinculadas. Es importante destacar que estas redes no son productoras de contenido, sino que distribuyen contenido y facilitan la interacción. Y el contenido distribuido viene en gran medida de esos viejos medios.

Del punto de vista del trabajo, vengo defendiendo hace años que las nuevas tecnologías no implican la descalificación de la mano de obra. Al contrario, tiene que ser más calificada para sobrevivir en el mercado de distribución de contenido. Esta generación, aunque absorta con las redes, va a precisar de información de calidad. No puedo ser ejemplo, tengo 70 años, pero soy selectivo del dinero que gasto para recibir información. Buena parte de los medios brasileños no me interesan porque abdicaron de hacer periodismo para hacer oposición política. Quiero información para comprender el mundo y me ayude a tomar posiciones. No quiero generalizar mi posición, pero me parece que será necesario una calificación de la fuerza de trabajo para producir información de calidad. Eso ya esta sucediendo en algunos países del mundo. Pero nadie tiene la bola cristal. Estamos claramente viviendo un momento de transición, no solamente en Brasil.

-¿Cómo ve usted las iniciativas como el diario Brasil de Fato, que lleva dos años en Minas Gerais? 

-Absolutamente fundamentales. Como individuo estoy intentando lanzar un diario popular en Brasilia, como forma de perforar el bloqueo de los medios comerciales. Es muy importante no esperar que los grandes medios vengan a ser aliados de proyectos que beneficien a las clases subalternas, ni aquí, ni en ningún lugar. Brasil es una excepción en América Latina porque no consiguió tener, ni en los medios impresos, ni en los electrónicos, una alternativa a los medios comerciales. Otros países tienen esa construcción, como Argentina, México, Bolivia. Es fundamental, apoyo como puedo y saludo a los grupos que lo consiguen, con todas las dificultades, producir de alguna forma una prensa alternativa.

 

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