La naturaleza de lo sagrado

Latinoamérica y El Mundo

La Encíclica Laudato Si’ plantea el mayor desafío de la sociedad contemporánea, dice la antropóloga María Rita Villela, en relación a la importancia del documento del papa Francisco sobre la necesidad del cuidado del medioambiente. El tema la protección del hábitat de la acción destructiva del hombre será tratada en la convención mundial del clima. 

Foto: AFP

Ana Clara Jovino – Adital (Brasil)

Metas y medidas para proteger a la naturaleza de las acciones destructivas del hombre y suavizar el impacto de los cambios climáticos, como reducir la emisión de gases de efecto invernadero, están siendo preparados por varios países para contribuir en la Convención de las Naciones Unidas sobre el Clima (COP21), que tendrá lugar entre los finales de noviembre e inicios de diciembre de este año, en París (Francia).

Una de esas contribuciones fue firmada el último 25 de agosto, en la ciudad de Río de Janeiro, cuando líderes de 12 comunidades religiosas nacionales e internacionales firmaron la Declaración Fe en el Clima, documento informal del segmento religioso brasilero para la COP21. El evento fue promovido por el Instituto de Estudios de la Religión (Iser).

Para hablar sobre la relación de las religiones con el tema socioambiental, Adital entrevistó a la antropóloga María Rita Villela, investigadora del programa de Medio Ambiente y Desarrollo del Iser. Ella sostiene que la movilización de los religiosos en torno de este tema es importante porque ellos son grandes propagadores de mensajes.

¿Cuál es la importancia de que los líderes religiosos lleven a sus comunidades el debate sobre cambios climáticos, en lenguaje de fácil acceso, que estimule la reflexión sobre cómo los hombres pueden transformar sus modos de vida?

Vemos, actualmente, que la ciencia especializada y las comunidades más vulnerables a los efectos de los cambios climáticos, como los eventos extremos, mucha lluvia concentrada en poco tiempo, largos períodos de sequía, etc., logran comprender más directamente ese fenómeno y sus dramáticas consecuencias sobre la vida en el planeta. Sin embargo, la mayor parte de las personas que no sienten sobre sí directamente los efectos de los cambios ambientales globales, no logran entender cómo esos eventos se relacionan con sus elecciones de vida.

El discurso religioso, que explica la sacralidad de la creación, introduce un imperativo ético y moral de conducta que muestra la responsabilidad de cada uno de los seres humanos ante la complejidad de factores que contribuyen en el mantenimiento de la vida sobre la tierra. Coloca a la naturaleza en el plano de lo sagrado, y lo sagrado no se debe corromper.

Presenta la perspectiva del cuidado que se debe tener con el regalo de Dios o con las entidades divinas, que, en algunas tradiciones, se manifiestan como elementos de la naturaleza. De este modo, el lenguaje sagrado re-liga (que es el origen de la palabra religión) al ser humano con lo que nos rodea y este acercamiento puede generar resultados más tangibles de sensibilización y movilización.

¿Cómo evalúa usted las acciones que las comunidades religiosas efectúan para proteger a la naturaleza y enfrentar los cambios climáticos? ¿Se obtienen avances significativos?

Las acciones de las comunidades religiosas acostumbran ir en la dirección de la educación y de la sensibilización, aunque muchas tradiciones hayan avanzado en proyectos de energía solar, agricultura agroecológica, proyectos piloto de bioconstrucción, entre otros. Dicho esto, es todavía difícil medir, y eso requeriría una investigación amplia y específica sobre esto, los resultados tangibles en términos de reducción de emisiones o disminución de la deforestación o búsqueda de nuevas fuentes de energía de esas iniciativas, en el plano, digamos, bruto, como diría (el maestro budista) Lama Padma Samten.

Pero las religiones reaccionan, como ningún otro segmento, en el plano sutil. Provocan reflexiones, cuestionamientos, enseñanzas y explicaciones que tienen resultados menos tangibles, pero no menos importantes, en el plano personal, espiritual, energético, comunitario. Esto es difícil de medir, pero podremos ver resultados significativos a lo largo de los años. Es como una semilla plantada debajo de la tierra, que nadie ve, germina lentamente, brota delicadamente, antes de convertirse en un árbol fuerte y mucho mayor que nosotros mismos. Ésa es nuestra esperanza.

 ¿Cuál es el papel de los líderes religiosas comprometidos con el tema socioambiental en la COP21?

Los líderes religiosos hablan a sus comunidades de fe sobre los más diversos asuntos e influencian perspectivas y modos de actuar. A partir del momento en que religiosos del mundo pasan a evocar el tema socioambiental y climático en sus narrativas, tenemos a miles y miles de personas a quienes ese tema llega con un lenguaje accesible, fácil de aprehender.

Las COPs son eventos políticos que generan inmensas movilizaciones. Tener comunidades religiosas también sensibilizadas, generando conversaciones y haciendo publicidad en relación con las metas de los países, muestra que las decisiones que fueren tomadas en esa cumbre están siendo como mínimo acompañadas por muchas personas, para no decir influenciadas por ellas.

Pero, independiente de la COP, la movilización de los religiosos en torno de este tema es importante por ser ellos grandes propagadores de mensajes y éste es realmente uno que vale la pena esparcir, por el bien de todos.

Después del lanzamiento de la Encíclica del Papa Francisco Laudato Si’, el cuidado del medio ambiente viene siendo bastante discutido en todo el mundo. ¿Usted cree que eso influenció también a las religiones para que comiencen a abordar el tema en sus discursos?

Sí y no. Las religiones ya abordan la relación del ser humano con la naturaleza hace milenios. Entonces, no creo que podamos decir que las religiones como un todo pasaron a preocuparse más con el tema ecológico o con los cambios climáticos como resultado de la Encíclica. Hasta porque es una minoría de personas las que tienen acceso al texto, que tiene más de cien páginas.

Sin embargo, pienso en la importancia de la Encíclica como un documento, más que religioso, humanitario, que marca un momento de necesidad de convergencia entre humanos y “nuestra casa común”, como el Papa Francisco lo pone. Así, creo que el texto es de importancia general para todas las personas, religiosas y no religiosas, pues señala hacia los grandes desafíos de las sociedades contemporáneas.

Ciertamente la Encíclica tiene influencia más amplia en la agenda católica y cristiana, y eso, en sí ya es un gran resultado. Pero, tratándose de religiones de otras matrices, no creo que la Encíclica pueda tener una influenc
ia tan directa. Según mi perspectiva, las religiones que ya abordaban la ecología van a continuar haciéndolo y aquellas que no la abordaban tal vez incorporen el tema no como consecuencia directa de la Encíclica, sino porque vivimos en un momento de crisis de valores que genera incomprensión y destrucción y ese cuadro, volviéndose cada vez más evidente, será imposible ignorarlo.

Los especialistas consideran audaz la propuesta brasilera de llevar a cero las emisiones de gases de efecto invernadero para 2100, lo que será presentado en la COP21. ¿Qué piensa sobre esto? Y, ¿que podrían hacer los líderes religiosos para que las metas fuesen cumplidas?

Brasil se ha vanagloriado de tener una matriz energética limpia y haber controlado la deforestación en los últimos años, lo que nos coloca en una ventaja en relación con los otros grandes países emisores, pero eso no quiere decir que en un futuro próximo Brasil no pueda estar entre los mayores emisores en generación de energía y en cambio de uso del suelo, porque, si no hubiere planeamiento e incentivos apropiados, y teniendo en cuenta el petróleo del presal, nosotros rápidamente podemos ocupar puestos altos en el rol de emisores de GEE [Gases de Efecto Invernadero].

Lo que se espera es que el gobierno presente metas a largo plazo para una matriz energética más renovable aún (incluyendo la solar y la eólica), la disminución de los incentivos a los combustibles fósiles y la reforestación, y no sólo el control de la deforestación. De esta manera, podemos sin mucho sacrificio llegar a cero emisiones y quedar así por mucho tiempo. Me gustan las metas más a largo plazo y, por lo tanto, más audaces.

Los líderes religiosos pueden buscar explicar de una manera más accesible cuáles son esos dilemas nacionales en torno de las emisiones. Y cómo eso influencia la vida de las personas. Y lo que las personas pueden hacer para influenciar políticamente a quienes toman las decisiones en la cumbre, pero también en su casa, en su comunidad, en la escuela. Cuanta más gente entienda sobre ese asunto, mejor.

¿Qué tiene para decir sobre cómo el Papa Francisco está conduciendo la cuestión del cuidado del planeta?

Soy súper fan del Papa Francisco. Encontré a la Encíclica emocionante y agradable de leer. Como trato el tema ambiental y climático hace muchos años, fue casi como la realización de un sueño ver tanta gente hablando sobre esto, hasta el Papa. Me puse feliz y esperanzada en que llegarán mejores días.

Pienso que él toca en un punto crucial que es difícil de ser enfrentado, que es el cuestionamiento del modelo económico vigente. Todo eso en una prosa agradable y bella. Ahora, la Iglesia Católica tendrá por misión hacer que se difunda el mandato en todas las parroquias. Necesitamos ahora acompañar el proceso para ser capaces de analizar los efectos concretos que ese documento, que está orientado hacia la acción que tendrá en la comunidad Católica y en “nuestra casa común”. 

 

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