Música de guerra y revolución

Latinoamérica  

La música acompañó los momentos más importantes de la región. La contradanza española se invocaba en el ejército de Simón Bolivar, con canciones que se fundían con su lucha por la liberación. Un caso es el de México, donde en tiempos de Pancho Villa y sus soldados entonaban un género combativo: el “Corrido”. En cada revolución o guerra hubo música.

El Telégrafo

Freddy Russo- El Telégrafo (Ecuador)

El Museo Municipal de Guayaquil organizó este año el evento Musimuestras 2014. La programación se tituló La Luz en el conflicto, la música y la guerra y presentó en forma cronológica la música que  acompañó a las guerras de Europa y Estados Unidos, es decir, del mundo occidental. Sin embargo, para el Director del Museo Municipal —historiador y arquitecto—, Latinoamérica no existe y esa luz no llegó hasta Nuestra América, como la llamó Martí. Estuvimos a oscuras espacial y temporalmente en toda la programación. Musicalmente omitieron las guerras de nuestra Independencia, borraron nuestro mapa musical y, de paso, a nuestro pasillo que llegó con los batallones de Simón Bolívar.

Lamentable por los músicos participantes que sacrificaron dócilmente la visibilidad de su historia como latinoamericanos por subsistir como seres humanos. Pregunto: ¿Y qué hay de la música de las guerras de la Revolución Mexicana, la del Chaco y la de Las Malvinas, entre otras? Nos cortaron la luz del conocimiento auditivo.

La crítica —dice Umberto Eco— además de corregir el error y la omisión, debe suplantar en algo esa grave carencia. En los siguientes párrafos intentaré, en algo, enmendar esta grave omisión de nuestra música en las distintas guerras de los siglos XIX y XX.   

La música en las guerras de la Independencia

La música que predominó en los ejércitos del Libertador Simón Bolívar en las guerras de independencia fue la contradanza española, mucho más importante que el bambuco y el pasillo. Por ejemplo, en la batalla de Boyacá —como una criatura al nacer—, el alegre sonido de la contradanza ‘La Vencedora’ anunciaba nuevos tiempos republicanos; incluso estudiosos colombianos contemporáneos encontraron allí un antepasado del porro. ‘La Vencedora’ es el equivalente de ‘La Marsellesa’ en Francia, ‘La Bayamesa’ en Cuba y ‘La Borinqueña’ en Puerto Rico, en otras palabras, una canción que se funde con el movimiento histórico, una especie de himno nacional.

Otra de las danzas favoritas de Simón Bolívar que adquirió mucha popularidad fue ‘La Libertadora’, una contradanza —denominada danza nacional polaca— que se estrenó el 16 de junio de 1822 para festejar la victoria de la Batalla de Pichincha en la mansión quiteña de Juan Larrea, a la que asistieron mujeres con el cabello corto en un audaz gesto de corte revolucionario. “Aquella noche la polonesa fue pródiga —narra el historiador Adolfo González Henríquez— en encuentros amorosos de importancia histórica, toda vez que Sucre conoció a su futura esposa y Simón Bolívar tuvo su primer contacto con Manuelita Sáenz al compás de la famosa danza nacional polaca.

“La música que predominó en los ejércitos del Libertador Simón Bolívar en las guerras de independencia fue la contradanza española, mucho más importante que el bambuco y el pasillo”

La pasión que Bolívar mantuvo por la música durante toda su vida, su destreza para el baile y su especial temperamento convierte el rastreo de sus múltiples andanzas en una preciosa fuente de información sobre la cultura musical de las clases altas republicanas, muy semejante en toda América Latina”(1).

Otros ritmos bailados a la luz de la independencia de los países liberados fueron el minuet o minueto —poco apetecido por su rigidez—; el vals, de origen vienés que después se volvió ‘criollo’ al llegar a Colombia y Venezuela; el ondú, baile elegante y pausado de origen peruano; la jiga de origen inglés; el bolero español; el bambuco, la gaita, la cumbia, la jota y la cachucha. Estos dos últimos de origen español, elegantes elitistas. Cuentan que Manuelita Sáenz tenía destreza reconocida en el baile de la cachucha.

Simón Bolívar poseía mucha habilidad para el baile, provenía de una región del Caribe donde todo el mundo parecíasaber danzar por el solo hecho de haber nacido ahí, cuenta en sus memorias la norteamericana Jeannette Hart, otra de las pasiones del Libertador. También se compusieron, bajo pedido, obras importantes como La Marcha Fúnebre, que el general Mariano Montilla, Comandante General del Departamento del Magdalena, encargó al profesor francés Francisco Seyes, tras la muerte de Simón Bolívar ocurrida el 17 de diciembre de 1830. La marcha se estrenó en el entierro del Libertador, dejando una huella imborrable en la historia musical del caribe colombiano.

La música en la guerra de la Revolución Mexicana

La Revolución se hizo en tren, a caballo, con una variopinta diversidad de sombreros y sarapes, pero también se hizo cantando. Las tropas marchaban mientras las bandas de guerra tocaban la ‘Marcha de Zacatecas’ o ‘La rielera’. En los campamentos, por la noche, grupos de soldados cantaban al calor de las fogatas con guitarra en mano ‘La Valentina’ y ‘La Adelita’; cantaban corridos que contaban las hazañas de compañeros de armas y jefes militares. No había batalla ganada que no se celebrara con las notas de ‘La Marieta’ y ‘Jesusita de Chihuahua’. Pancho Villa levantaba su mano con tres dedos al aire e, inmediatamente, un grupo musical interpretaba una de sus canciones favoritas: ‘Las tres pelonas’.

Decir “corrido” es evocar la Revolución Mexicana. El corrido es un género musical popular de carácter fundamentalmente combativo, fue el más comprometido con las grandes causas sociales de aquel movimiento histórico. La función principal del corrido mexicano, en sus orígenes, fue la de divulgar noticias frescas sobre los acontecimientos importantes Según el investigador Vicente T. Mendoza, el primer corrido del que se tiene noticia es el de Macario Romero, que data de 1898 y procede de Durango.

“No había batalla ganada que no se celebrara con las notas de ‘La Marieta’ y ‘Jesusita de Chihuahua’. Pancho Villa levantaba su mano con tres dedos al aire e, inmediatamente, un grupo musical interpretaba una de sus canciones favoritas: ‘Las tres pelonas’”

Cuenta la historia que en la batalla de Torreón, en marzo de 1914, las tropas del entonces invencible ejército de Pancho Villa se lanzaban en sus cargas de caballería cantando. Paco Ignacio Taibo II anota en la biografía sobre Villa que todas las versiones coinciden en que los villistas marchaban entonando ‘La Cucaracha’ o ‘El torito’, que hacía referencia a Victoriano Huerta. ‘La Cucaracha’ sonaba en la estación de trenes de Chihuahua cuando el general Felipe Ángeles llegó para integrarse a la División del Norte, previo a la toma de Torreón. Todas estas canciones y corridos, con la Revolución triunfante, se incorporaron a la cultura popular como referente del movimiento armado.

Hasta bien entrados los años cuarenta del siglo pasado, el corrido funcionó también como un medio para transmitir noticias y hechos relevantes. Vicente T. Mendoza, en su libro El corrido mexicano, señala que si bien los grandes periódicos de finales del siglo XIX y principios del siglo XX eran, para las clases urbanas educadas, el medio por el cual se enteraban de los acontecimientos nacionales, para la población rural y la urbana popular las noticias se transmitían por el corrido. Los cantantes contaban los hechos y las hazañas de una amplia variedad de personajes repartiendo en hojas sueltas la letra de estos
corridos (2).

Este género épico-lírico-narrativo tiene una forma bien definida. Se trata de cuartetas de rima variable (asonante o consonante) en los versos pares. El corrido es heredero formal de las coplas, de los cantares y de la jácara (composición popular de corte satírico), todas ellas de origen español. 

La guerra del Chaco y su música

Otra de las guerras del siglo pasado fue La Guerra del Chaco, ocurrida entre Paraguay y Bolivia, que se libró desde el 9 de septiembre de 1932 hasta el 12 de junio de 1935 por el control del Chaco Boreal. Quizá fue la guerra más importante ocurrida en Sudamérica. En los tres años que duró, Bolivia movilizó 250 mil soldados y Paraguay 120 mil, que se enfrentaron en combates en los que hubo gran cantidad de bajas (60 mil bolivianos y 30 mil paraguayos), millares de heridos, mutilados y desaparecidos. El cese de hostilidades se acordó el 12 de junio de 1935. Bajo la presión de Estados Unidos, mediante un tratado secreto firmado el 9 de julio de 1938, Paraguay cedió 110.000 km² ocupados por su ejército al momento del armisticio.

Durante, y posterior a esta guerra, nombres de grandes compositores de música criollo-mestiza comenzaron a conocerse: Miguel Angel Valda, José Lavadens, Adrián Patiño y, por supuesto, Simeón Roncal. Algunas cuecas se compusieron en este período, como la de Miguel Ángel Valda: ‘Destacamento Chuquisaca o infierno Verde, con letra del poeta Octavio Campero Echazú, y otra que se popularizó como Destacamento 111’ fue publicada bajo el título de ‘Cueca Histórica’; ambas sirvieron de despedida del Destacamento de soldados chuquisaqueños que se iban a pelear al Chaco. El resultado de esta experiencia traumática, que significó la guerra del Chaco, abrió las puertas para una profundización de las expresiones mestizas. La música popular, después de la guerra, se llegó a escuchar mucho más que antes de ella.

“El resultado de esta experiencia traumática, que significó la guerra del Chaco, abrió las puertas para una profundización de las expresiones mestizas. La música popular, después de la guerra, se llegó a escuchar mucho más que antes de ella”

El 15 de julio de 1933, se inauguró en La Paz Radio Illimani, creada por la necesidad de mantener informada a la población sobre los acontecimientos de la guerra y contrarrestar la propaganda enemiga. Entre algunos de los artistas que se destacaron en ese momento están: el trío Lavadenz, Solares, Zárate; Julio Rendón; Dúo las kantutas; Alberto Ruíz y su ira incaica; La Orquesta Parra; Duelo Aimara-Illimani; Orquesta Kuna Wara y, años más tarde, las actuaciones de Don Simeón Roncal; el Trío Re-Fa-Si; Gilberto Rojas y su conjunto que alegraron y entristecieron al pueblo boliviano. Luego del fin de la guerra fueron más frecuentes las actuaciones de estos artistas populares.

La música folclórica como resistencia

La etapa musical que se conoce como neo-folclor surgió en los años sesenta y setenta. La tonada latinoamericana buscó rescatar las raíces de la identidad regional y se comprometió decididamente en la política. Destacaron numerosos intérpretes, geniales y universales, de la talla de los chilenos Víctor Jara y Violeta Parra, los argentinos Atahualpa Yupanqui y Mercedes Sosa, el venezolano Alí Primera, el cubano Carlos Puebla y los jóvenes de la Nueva Trova Silvio Rodríguez y Pablo Milanés. Himnos y canciones como ‘Plegaria a un labrador’, ‘Gracias a la vida’, ‘El aparecido’, ‘Ojalá’ o ‘El pueblo unido jamás será vencido’ y ‘Hasta siempre Comandante’ son canciones cuya figuración ha trascendido el ámbito latinoamericano y se han vuelto populares a nivel mundial. En el caso específico de Chile, destacaron grupos como Inti-Illimani, Quilapayún o Los Cuatro Cuartos; obras e instrumentales como la ‘Cantata de Santa María de Iquique’, la ‘Cantata a Joaquín Murieta’ del conjunto Cuncumén y Víctor Jara o los mini-instrumentales ‘Charagua’ y ‘La Partida’. A estos añadimos los cantantes y compositores brasileños que lucharon contra la dominación de las dictaduras militares: Caetano Veloso, Chico Buarque de Hollanda, Vinícius de Moraes, Gilberto Gil, Gal Costa, Elis Regina, G. Vandré y más, quienes fueron verdaderos héroes musicales que lucharon por la libertad democrática y la identidad latinoamericana(3).

La guerra de Las Malvinas y el rock

El acontecimiento político más importante que impactó en la música argentina —en el rock particularmente—, fue la guerra de las Malvinas, librada entre Argentina y Gran Bretaña en 1982. Después de esa fecha, el rock nacional tuvo la gran oportunidad de renacer y ser difundido como nunca antes. Es más, la propia Junta Militar dispuso una estricta prohibición de difundir toda música cantada en inglés, lo que motivó a que muchos argentinos de la época se identificaran con la nueva experiencia musical que trajo el rock en español.

A la dictadura le quedaba poco tiempo en el poder y el sentimiento de ocupar la calle y cantar canciones de rock no fue prohibido más con ningún decreto. Se realizaron varios festivales; el más destacado fue el de Buenos Aires Rock IV de 1982, con la participación de Luis Alberto Spinetta, Piero, La Torre, Alejandro Lerner, Litto Nebbia y León Gieco. Incluso se lo grabó íntegramente en formato audiovisual, que se convirtió en el largometraje documental Buenos Aires Rock IV, del director Héctor Olivera, que lo estrenó en 1983 con todo el entusiasmo del público que copó las salas con un optimismo democrático porque Argentina recuperaba su libertad. El mega éxito ‘Sólo le pido a Dios’ (1978) de León Gieco se consagró como símbolo de lucha por la paz. Esta canción no quedará jamás en el olvido, al menos hasta que los “monstruos grandes que pisan fuerte” sigan habitando algún rincón del planeta.

“El mega éxito ‘Sólo le pido a Dios’ (1978) de León Gieco se consagró como símbolo de lucha por la paz”

Meses más tarde se contabilizaron muchos temas que fueron creados por distintos grupos de rock, como el de Tren Loco, ‘Acorazado Belgrano’, que habla sobre el hundimiento ilegítimo del crucero argentino por parte de las fuerzas británicas. Ataque 77 compuso ‘2 de abril’ en su disco Amén; Los Violadores ‘Comunicado 166’, tema que salió en el disco Y ahora qué pasa ¿eh?. El grupo Virus compuso ‘El Banquete’ en referencia al banquete de Solidaridad Latinoamericana que ofreció la Junta Militar el 16 de mayo de 1982, paradójicamente, Virus fue el único grupo que no asistió. El tema ‘Gente del Sur’, que el guitarrista de V8, Walter Giardino, compuso, salió en el disco de Rata Blanca en 1988.

Sería largo seguir mencionando temas en referencia a Malvinas(4), pero abordaremos uno último por ser de la banda inglesa Pink Floyd. Su disco de The Final Cut (1983) empieza con el tema ‘The post war dream’ (‘El sueño de la pos guerra’), que está lleno de mensajes antibélicos. Aquí se aprecia la preocupación de Roger Waters (autor de la letra y música) respecto de las consecuencias económicas de la guerra en aquellos lugares golpeados por la recesión en el Reino Unido de esos años, haciendo mención al suicidio de los jóvenes excombatientes que regresaban a su país.  

 

 

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