La muerte de Dom Phillips y Bruno Pereira y el entramado de violencia que se expande por el Amazonas

Y finalmente ocurrió. La confirmación de la muerte del periodista británico Dom Phillips y del especialista en asuntos indígenas Bruno Pereira, tras diez días de búsqueda en la Amazonía brasileña, llegó con la declaración de uno de los detenidos. Los hallazgos de los últimos días fueron apagando las esperanzas de encontrarlos con vida: ya habían sido encontradas vísceras humanas y un puñado de elementos personales en la zona donde se desplegó el operativo.

“Este trágico resultado pone fin a la angustia de no saber el paradero de Dom y Bruno. Ahora podemos traerlos a casa y despedirnos con amor”, dijo la esposa de Phillips luego de conocer la triste noticia. Dijo también: “Hoy comenzamos nuestra búsqueda de justicia”. Es que detrás de este crimen se esconde un complejo entramado de violencia en donde mandan las bandas que se reparten los negocios de la pesca, la minería y la tala ilegal, en tierras totalmente liberadas.   

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Si no seguiste el caso, te cuento 👇

Phillips era un periodista británico y especialista en temas de conservación medioambiental que colaboraba con el diario The Guardian. Vivió en Brasil los últimos 15 años y, según sus allegados, era un aficionado del Amazonas. De hecho, estaba escribiendo un libro sobre conservación y desarrollo local en la selva brasileña, con apoyo de la fundación estadounidense Alicia Patterson. 

Pereira era uno de los máximos referentes en asuntos indígenas de Brasil. Fue director de la Fundación Nacional del Indio (Funai) hasta que el exministro de Justicia Sérgio Moro, durante el gobierno de Jair Bolsonaro, lo quitó de sus funciones. Dicen que Pereira había descubierto en sus últimos meses como funcionario un centro de minería clandestino en tierras protegidas que debían estar en manos de pueblos indígenas. 

Por su actividad en defensa de las poblaciones originarias, Pereira estaba amenazado de muerte por las mafias de la pesca y caza ilegal de la región. En los últimos años trabajó para la Unión de los Pueblos del Vale do Javari (Univaja), desde donde colaboró con el montaje de una red de vigilancia para evitar invasiones de traficantes y de las mafias de la pesca, caza y minería ilegal en los territorios indígenas. 

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El día que desaparecieron

El 5 de junio fueron vistos por última vez en la zona del Vale do Javari, una zona selvática aislada en el oeste del estado de Amazonas, cerca de la frontera. Se dirigían hacia Atalaia do Norte por el río Itaquaí. Viajaban en una lancha nueva con suficiente combustible para llegar a destino. Realizaban entrevistas a pobladores de las comunidades indígenas asentadas en aquel territorio.

A partir de ahí no se supo nada de ellos.

Testigos dijeron haber visto pasar a un pescador con su embarcación a toda velocidad tras la lancha de Phillips y Pereira. Amarildo da Costa Oliveira, de 41 años, fue el primer detenido. En su lancha se encontraron restos de sangre. Más tarde confesó. Según trascendió, el hombre dijo que del crimen participaron tres personas y que los cuerpos fueron incinerados, descuartizados y enterrados en medio de los árboles, a tres kilómetros del lugar donde ocurrió la emboscada.

Los especialistas sostienen que el crimen de Phillips y Pereira está relacionado con la pesca y caza ilegal, financiadas por el narcotráfico. En los últimos años, la región se convirtió en un importante corredor para el transporte de drogas producidas en Perú y Colombia, explican los investigadores. 

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Y a todo esto, Bolsonaro 🤷‍♂️

Como es su costumbre, el presidente brasileño hizo gala de su prepotencia y tildó de “aventureros” a los dos hombres por haber ido a una zona “inhóspita”. Dijo que Phillips era “mal visto en la región” porque escribía en contra de la minería ilegal, algo que a los garimpeiros (buscadores de oro ilegales en tierras indígenas) no les gustaba nada. Dijo que se fueron de excursión, minimizando la gravedad del asunto. “Si los mataron los dos están bajo el agua y poco sobrará de ellos, Dios no quiera que eso haya pasado”, fueron las palabras del presidente.

En 2018, como parte de su campaña, Bolsonaro prometió no entregar más territorio del Amazonas a los indígenas, un reclamó de los ruralistas que buscaban expandir el agronegocio en esas tierras fiscales. Derribar selva y expandir la actividad agropecuaria.

Aquella no es una idea original. La propia dictadura militar (1964-1985) se propuso poblar el Amazonas porque decía que allí se escondían las guerrillas comunistas. En los años 70, con la construcción de la ruta Transamazónica, fueron entregadas las primeras tierras para comenzar la deforestación. La comisión de la verdad sobre la dictadura indicó en 2014 que al menos 8.000 indígenas fueron asesinados para permitir la construcción de la Transamazónica.

Todo está conectado: el crimen, el odio hacia los pueblos indígenas, el despojo, la falta de protección de la tierra, el agronegocio, la minería, la pesca y la tala ilegal, un Estado ausente o cómplice…

Si les interesa saber más, les dejo esta nota de Gustavo Veiga sobre el avance de la deforestación y las tierras en disputa en la Amazonia brasileña.

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