La movilización del pueblo no es violencia

Argentina 
Roberto Mero

Macri fue votado para escarmentar a la juventud y a los trabajadores, la insolencia K de plantarse ante el poder financiero y el chantaje del Círculo Rojo. Se trata de demonizar la alegría irredenta del pueblo en la calle defendiendo sus conquistas. El resentimiento se funda en la enorme desilusión de no poder evitarlo. Los ataques contra un simple programa de televisión.

Militantes kirchneristas movilizados en Plaza de Mayo - Foto: Archivo

Roberto Mero* – Latinoamérica Piensa

Dimes, diretes, anuncios torvos, amenazas de excesos, fuego, balas. A menos de pensar que las chicas y los muchachos de La Cámpora se hayan transformado por arte de magia en un malón irredento de salvajes, los vaticinios parecen poco serios. ¿Puede creerse un instante que quienes están posteando por millares fotos de Cristina como Hada Madrina pueden estar gestando un punch de masas, cuchillo entre los dientes, molotov casera fabricada con Plasticola y viejo vino Carlón? El debate que ha cobrado vuelo sobre si el 9 o el 10 o si el 9 y el 10 tiene como conclusión sospechosa lo que el enemigo quiere: ni el 9 ni el 10. Ni jamás. No tienen miedo a la violencia por las armas sino a esa violencia irredenta del pueblo en la calle, orgulloso de serlo, inclaudicable en lo que defiende. Muralla contra la que el enemigo de la Patria va a romperse los dientes: la convocatoria macrista inexistente augura lo que vendrá. Esto es: un apoyo desde el resentimiento, la individualidad del egoísmo, la cobardía y la desideologización. Macri fue votado para escarmentar a la juventud y a los trabajadores de la insolencia K de plantarse ante el verdadero poder financiero y el chantaje del Círculo Rojo. La violencia del pueblo es su insolencia. La insolencia de movilizarse a pesar de la artillería pesada de los medios, de la división en las familias, de la derrota que se exige que el pueblo acepte sin chistar. Los fascistas daban palos y aceite de ricino. Los nazis, balas y campos de concentración. Sus émulos en Argentina utilizan TN. Es más discreto y menos estridente, pero terriblemente ineficaz a la hora de detener la historia. ¿Cuándo el pueblo puso bombas en el subterráneo, como hizo el gorilaje en 1953? ¿Cuándo el pueblo capturó y torturó a un solo esbirro del poder económico? ¿Desde cuándo es violencia la movilización del pueblo? La masa que se movilice el 9 y el 10 de diciembre sabrá que hacer y todo consejo no sólo es vano. Es también arrogante, infantil, imbécil. Para eso está TN. Y ya es demasiado.

Desilusión en el Planeta de los Simios

“Los Humanos son sucios, porque son humanos. Los Humanos carecen del don de la palabra, porque les está prohibida. La creatividad de los Humanos y su rebeldía pueden poner en peligro nuestro modo de vida”. Las máximas de la dictadura militaroide que gobierna el Planeta de los Simios no son expresadas para gobernarlo sino para cubrir el miedo de una revuelta de la inteligencia contra la fuerza bruta. Mas allá que la novela de Pierre Bulle y sus versiones de Hollywood traten de explicar las razones de tal resentimiento, tampoco son precisas. La dictadura del Planeta de los Simios se funda en la enorme desilusión de no poder evitar que los Humanos dejen de ser Humanos, o bien que desaparezcan. No es una guerra de conquista sino una guerra de exterminio cuyo primer paso es negar al otro, fundamental en toda operación de limpieza étnica. La Argentina blanquita del ‘55, aquella del “aluvión zoológico” augurado por la gorilada y del “viva el cáncer” dista de esta de 2015 en la operación bélica sobre Córdoba y Plaza de Mayo y las represiones que siguieron. El espíritu de resentimiento es el mismo: lograr ganar una batallita menor, pero no imponer el convencimiento de la victoria. Cuando estalló la revuelta del ghetto de Varsovia en 1943 la primera reacción del Estado mayor nazi fue el de la sorpresa. No por las balas del puñado de guerrilleros en resistencia, sino porque los “sub-humanos” habían osado rebelarse. Basta encontrar los mismos signos de sorpresa en otros capítulos trágicos y heroicos de la resistencia popular. Y la pregunta final de quienes toman por definitivos éxitos parciales y olvidables. Los “jajaja, ya perdieron, acéptenlo” que a diario leemos en los tweets macristas son en directa proporción a la risa de los mandamás circunstanciales del Planeta de los Simios. Y tienen razón. Nuestra creatividad y nuestra rebeldía ponen en peligro su modo de vida que es, como sabemos, fundado en nuestra muerte.

678, propaganda y sinceramiento

El anunciado fin de 678 en la TV Publica desnuda varios engranajes que nada tienen que ver con el impacto real de ese programa en el sostén del gobierno popular kirchnerista. Flojo de rating, moderado en cuanto a la elección de su panel de periodistas y aún más moderado en las denuncias contra el hampa organizada en oposición, 678 fue sin embargo tratado como la bestia negra de las corporaciones. No por lo que era sino precisamente por lo que osaba querer ser: una voz crítica, insisto, moderada, en medio de las vociferaciones de sus contradictores mediáticos y políticos. De ninguna manera podría decirse que fue el instrumento de propaganda del kirchnerismo en cuanto a producción ideológica. Sus invitados se limitaron siempre a ejercer una función didáctica, antes que tribunicia: explicar lo que las cadenas privadas tergiversaban, abundar en detalles y justificaciones para cubrir el vacío de un verdadero sistema de comunicación por parte del Gobierno. Clarín había anunciado la inminencia del cierre de TN, entre las manos de la “dictadura K”. Y lo que cae es 678. Anuncio de lo que un día (y no tan lejano) deberá hacerse para que la maquinaria ideológica del enemigo no dependa de la buena voluntad de un productor o de un puñado de periodistas. Este acto del cierre de 678 no devela un acto de censura: revela que en tanto que banda organizada para el saqueo de la Patria el macrismo no puede dejar que ningún medio escape a su control político y económico. El régimen que se inicia sabe que la guerra contra el pueblo terminará con su derrota. Pero necesita golpear bajo, pegar en la herida, humillar allí donde se pueda pues ese es su objetivo. Simpático y casi inocente en sus postulados, la desprogramación de 678 permite al mismo tiempo un sinceramiento final ante la etapa que viene: no puede haber tregua ni medias tintas ni espera alguna de cuarteles de invierno. 678 ya no existe en las pantallas. Es hora de recuperar esa llamita que alguna vez significó, para hacerla antorcha. Multiplicarla en cada militante. Hacerla llamarada.

*Periodista y escritor argentino en París, Francia.