El explorador de la Mesoamérica

México

Antes que muchos arqueólogos, el escritor Octavio Paz logró penetrar los arcanos del mundo prehispánico. El Premio Nobel de Literatura captó de manera singular no sólo el arte sino las sociedades prehispánicas en general. Con motivo del centenario del poeta y ensayista, el arqueólogo Matos Moctezuma, analizó en una ponencia las verdades que la pluma de Paz develó.

Octavio Paz, Premio Nobel de Literatura Alondra Flores- La Jornada (México) 

El arqueólogo Eduardo Matos Moctezuma esta vez no fue convocado por los edificios ancestrales del pasado prehispánico, sino por un recinto de mármol que cumple 80 años: el Palacio de Bellas Artes.

Donde los indígenas veían dioses, los frailes veían demonios, dijo rodeado por los murales alusivos a la Revolución Mexicana, en una conferencia sobre Octavio Paz y el arte, tema de la exposición que ocupa el máximo recinto cultural del país para celebrar el centenario del poeta y ensayista.

Una de las mentes más lúcidas que logró penetrar los arcanos del mundo prehispánico fue Octavio Paz. Captó de una manera significativa no sólo el arte, sino las sociedades prehispánicas en general, expresó en medio de la charla, que inevitablemente exploró el mundo antiguo mesoamericano.

Soy arqueólogo y Octavio hizo aseveraciones que antes de que la arqueología pudiera ratificarlas, él ya lo había aventurado. Y tenía razón, afirmó Eduardo Matos Moctezuma como parte de la lección sobre la incomprensión imperante entre dos culturas y las expresiones artísticas prehispánicas.

Lo terrible y lo sublime, calificó este arte, términos que décadas atrás Salvador Toscano plasmó en sus libros, y que Paz comprendió frente al asombro que sintió ante las piezas que entonces albergaba el Museo Nacional, en la calle de Moneda.

Símbolos precolombinos

Atracción, repulsión, hechizo, fueron los sentidos de la fascinación de Paz por la civilización del antiguo México, fascinación que profesó desde la adolescencia, citó Matos al autor de El laberinto de la Soledad. Varias veces, no sin temor, me he atrevido a escribir sobre este mundo y sus obras, apuntó Paz, a quien su visión sobre el arte inspiró la muestra. 

Entre los ecos de los muros y ante un público convocado a la conferencia, mostraba maravillado Matos Moctezuma diversas piezas proyectadas en una pantalla: un rostro encontrado en Zaachila, que simboliza la muerte, o un colibrí que posa a la orilla de una vasija mixteca policromada, originaria de la costa del Golfo, dos brazos humanos unidos en una sola piedra. Vean ustedes el movimiento de esta pieza, exclamaba ante la fotografía de El luchador, escultura basáltica de origen olmeca.

Lo terrible y lo sublime

Debido a la variedad de etnias prehispánicas de Mesoamérica a lo largo de 5 mil años, expuso Matos Moctezuma, fueron culturas originarias con expresiones artísticas propias. Pero al encuentro con la cultura occidental fueron incomprendidas y se comenzó una destrucción masiva.

Fue hasta principios del siglo XX, como parte del movimiento revolucionario, que se descubrieron las expresiones indígenas antiguas, para comenzar a hacer estudios del arte prehispánico, con Manuel Gamio y Salvador Toscano, quien escribió uno de los primeros tratados, en los que califica los dos elementos de las expresiones indígenas antiguas: lo terrible y lo sublime.

El Chacmol, que inspiró las figuras reclinadas del escultor inglés Henry Moore, como la que hoy ocupa la explanada de Bellas Artes, también desfiló entre las imágenes, como muestra de estos universos expresados por los pueblos en las piezas petrificadas. O una cabeza monumental de Xochicalco que representa una guacamaya, que Picasso hubiera firmado feliz y dicho que era de él, indicó Matos Moctezuma.

Y entre lo sublime y lo terrible, Octavio Paz va a penetrar entre dioses y demonios. Nos va a dar unas verdades tremendas.

 

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