La lucha de Uruguay contra la explotación sexual infantil

El número de víctimas de explotación infantil en Uruguay creció abruptamente en el último año. Mientras que en 2009 la cifra de niños abusados no superaba los 20 casos, el Instituto del Niño y Adolescente de Uruguay reveló que el año pasado hubo 352 chicos obligados a prostituirse. Si bien el número preocupa, para las autoridades habla de un avance en la lucha contra este delito. Aseguran que la sociedad civil y el Estado están logrando que este grave problema de la sociedad uruguaya se visibilice y desnaturalice, poniendo en jaque las prácticas sociales que permiten su producción y reproducción.

Los casos que antes quedaban en rumores, se negaban y no eran problematizados, ahora se están empezando a denunciar. El año pasado fueron más de 3.000 las intervenciones requeridas al instituto, según especificó la presidenta del INAU, Marisa Lidner, y sólo hasta junio de este año el Comité Nacional para la Erradicación de la Explotación Sexual Comercial y No Comercial de la Niñez y la Adolescencia (CONAPEES) registró ya 282 casos confirmados.

Las cifras no son casuales y hablan de la transformación simbólica que se pusieron al hombro de forma conjunta las organizaciones de la sociedad civil y el Estado. En 2010 Uruguay nombró al 7 de diciembre como el Día Nacional contra la Explotación Sexual Comercial de Niños, Niñas y Adolescentes, y desde 2013 se llevaron adelante campañas para colocar el tema públicamente como un problema social, económico y cultural, para sacarlo de las sombras. 

“La tolerancia hacia la problemática ha sido y sigue siendo generalizada”, advierte el CONAPEES en uno de sus informes. El CONAPEES, creado en el año 2004, es el órgano interinstitucional que elabora, propone y articula políticas públicas en relación a la problemática social. Lo preside el INAU y está compuesto por organismos estatales, organizaciones de la sociedad civil y organismos cooperación internacional, como UNICEF.

Para el titular del CONAPEES, Luis Purtscher, la batalla más importante a librar es contra “el mercado del deseo”. “La realidad de Uruguay respecto al ESCCNA no escapa a lo que es la región y el mundo, tiene que ver con razones subjetivas en cuanto a la construcción que hay sobre las niñas y adolescentes, que expresa relaciones de dominación, y también con cuestiones estructurales del sistema, en el que todo se mercantiliza y el consumo pasa a ser el principal motivo de la vida de las personas”, explicó a Latinoamérica Piensa.

La ESCNNA atraviesa todas las clases sociales y tampoco distingue entre sexos, aunque el CONAPEES advierte que la situación de explotación afecta en su mayoría a las mujeres más excluidas. “Son muy pocos los que niegan la explotación a niños o adolescentes varones de manera rotunda. Existen, pero se visibilizan en menor cantidad, personas trans y se cree que son mayores de edad”, destaca en el informe “Un secreto a voces”, en el que analizó las percepciones sobre la explotación sexual comercial en Montevideo Oeste. Allí develó que algunas familias participaban como explotadoras y /o facilitadoras de la situación de explotación, sin que esto minimice el rol del explotador-perpetrador,  y que incluso se fingen relaciones de “noviazgos” para invisibilizar del delito.

Al caracterizar a la ESCNNA, Purstcher habla de “cuestiones sistémicas” y advierte que la clave está en las “relaciones de poder”, en las prácticas sociales que producen y reproducen el sistema patriarcal-capitalista, transformando en mercancías, en objetos de cambio, el cuerpo de niñas, niños y adolescentes. “En el perfil del explotador sexual siempre encontrás que está en una relación de poder dominante. Y hay que aceptarlo, una parte de las economías de los hombres está destinado a la compra de sexo”, resaltó el presidente del CONAPEES.

La mayoría de los casos se registran en las fronteras, por una nueva oleada migratoria que se está viviendo en el país y afectan en su mayoría a las jóvenes de los países limítrofes en extrema vulnerabilidad. “Recorre transversalmente todas las clases sociales, pero ser mujer y pobre sigue siendo un aspecto de prevalencia”, señaló Purstcher.

El CONAPEES elaboró un Plan Nacional 2016-2021 para sensibilizar, capacitar, evaluar y proteger ante la explotación sexual a los niños y niñas uruguayos. El programa, de carácter quinquenal, contiene distintos objetivos que se expresan en 100 acciones a través de la realización de campañas para que Uruguay deje de negar esta realidad, pero además para promover reformas en la normativa nacional.

“La ESCNNA no se va a terminar mientras exista un sistema que lo alimenta y reproduce y un lenguaje que lo justifica e invisibiliza, pero siempre algo se puede hacer para paliar algunos de los principales efectos de estas cuestiones sistémicas”, puntualizó Purstcher. Para el presidente del CONAPEES, lo principal es “generar dispositivos de atención” que dejen atrás al “espacio de impunidad”. “Se le tiene que creer al niño o a la niño, no debe ser solo su cuerpo y su voz el instrumento de prueba. Tiene que poder constituirse como sujeto de derechos”, concluyó su presidente.