La SIDE de antes

Argentina 

Carlos Becerra, quien fue el ex Secretario del presidente Raúl Alfonsín, cuenta cómo accionaban los servicios de inteligencia en el país contra el gobierno durante esos años. Dice que dentro de la SIDE veían al radicalismo como un enemigo que llegaba a la conducción del Estado, que más de una vez actuaron en su contra y que una deuda que dejó Alfonsín fue no haberla renovado.

Carlos Becerra, ex Ex secretario general de la Presidencia de Raúl Alfonsín - Foto: Perfil

Guillermo Posada- Revista Veintitres (Argentina) 

Aprobada en el Congreso la reformulación del Sistema de Inteligencia Nacional, Carlos Becerra salió a dar testimonio respecto del papel de la SIDE de aquellos años. Ex secretario general de la Presidencia de Raúl Alfonsín entre enero del ’86 y el fin de aquel mandato, Becerra sostiene que dentro de la SIDE veían al radicalismo como “la llegada del enemigo al ejercicio de gobierno y la conducción del Estado”. 

Becerra se encarga de aclarar que no está de acuerdo con la reforma reciente de la SI. “La SIDE no es un organismo de gente armada. Hace inteligencia, no tiene una actividad represora (sic) ni siquiera como auxiliar de la Justicia cuando actuaron, aun incorrectamente. Ese fue el rol que cumplieron durante la dictadura, cuando llegamos había un andamiaje montado muy difícil de controlar, de cambiar hasta en su doctrina y objetivos. Como nos veían como enemigos había algunas áreas del organismo que, de forma colateral, hacían tareas de descrédito del gobierno, del propio presidente, información cruzada”.

–¿De qué forma?

–Periodistas de entonces recibían a cada rato información que nadie sabía de dónde venía, sin membrete, que hablaba de “la sinagoga radical”, de las cosas más tortuosas sobre funcionarios del gobierno o, por ejemplo, de legisladores como (César) Chacho Jaroslavsky. Algunos medios escribían páginas enteras sobre su vida personal, sobre sus posibles novias… Infinito. Eran algunos tipos que pertenecían a la secretaría, o que habían dejado de pertenecer por resultar exonerados, pero que mantenían el contacto. Fue una epata muy tortuosa, pero paulatinamente se fue saneando. Además, cuando asumimos no querían darnos información ni colaboración. Nos encontramos con permanentes negativas y tuvimos que hacer una tarea ciclópea para enderezar esa actitud. Sucedió con Inteligencia del Ejército y de los distintos organismos de seguridad y fuerzas armadas. Para dar una idea, Alfonsín aparece en las primeras fotos del Cabildo, donde dio su primer discurso como presidente, con un custodio al lado que se llamaba (Raúl) Guglielminetti, un hombre que ya estaba en la custodia presidencial 30 días antes de asumir, alguien emparentado con la banda de Aníbal Gordon, que había tenido funciones represivas y que en democracia pasó a ser secuestrador y asaltante común. Ese es el escenario con que nos dimos en el ’83. De tal manera, esa primera etapa fue de cambio de la conducción, poniendo funcionarios políticos, y de sanear y fijar objetivos. Esto duró hasta el ’87 o el ’88.

–¿Cuál fue el modelo de referencia que tomaron?

–Eso lo trabajamos para la ley de inteligencia, con De la Rúa. En aquel momento no se pensó en una ley de inteligencia, sino en normas liminares que tenían que ver con otros problemas que venía arrastrando el país. La nueva Ley de Defensa Nacional, la reforma del Código de Justicia Militar, del Código de Procedimiento Penal, leyes que abordaron la problemática de los derechos humanos, del despojo que sufrió el país en sus cuentas públicas. En aquel momento el problema de la inteligencia no era central, sino táctico, cotidiano. Se cambió, pero no hubo un planteo sobre el modelo de inteligencia a realizar, sino cómo poníamos el organismo al servicio de objetivos democráticos.

–¿La gestión de Alfonsín dejó pendiente replantear un modelo de inteligencia para la SIDE que superara la marca de la dictadura?

–Es probable, pero había otras prioridades. Tenía una conducción política y no se la utilizaba para lo mismo que durante la dictadura: investigar gente para después hacerla desaparecer. De todas formas, es probable que haya sido una deuda que quedó del gobierno de Alfonsín, acicateado por un sinnúmero de problemas. Efectivamente debió haber planteado un nuevo sistema de inteligencia para la Argentina. Por eso intentamos solucionarlo en el 2001, con el apoyo casi unánime de la oposición de entonces.

–¿La SIDE intoxicaba con información falsa al propio gobierno de Alfonsín?

–Por supuesto, eso sucedió. Por ejemplo, le mandaron a Alfonsín un resumen de inteligencia donde decía que yo estaba en un campamento, cerca de La Falda, con mapa incluido, dando adoctrinamiento a ex guerrilleros del ERP. Era una tarea cotidiana ordenar la SIDE, no sólo desmilitarizarla y sacarle la vieja concepción sobre el rol político interno que debía jugar, sino al mismo tiempo tratar que el organismo no se convirtiera en un enemigo del gobierno y de la democracia.

–¿Esa conducta era estructural?

–No, porque con la llegada del gobierno democrático se cambiaron los jefes de cada área y las estructuras que venían de la dictadura se desarmaron, porque las órdenes que se bajaban eran distintas. Sucede que siguió operando desde afuera gente exonerada.

–Lo que Antonio Tróccoli llamaba “mano de obra desocupada”.

–Don Antonio se refería tanto a esa gente como a efectivos de la Policía de la Provincia de Buenos Aires, de la Federal, gente que se había quedado fuera de los organismos con antecedentes de haber participado en secuestros y asesinatos durante la dictadura y que después no tenían quien les pagara para hacer eso.

–En la finalización del gobierno de Alfonsín se produjo la toma del cuartel militar de La Tablada por parte del Movimiento Todos por la Patria. ¿Qué recuerda de aquel acontecimiento?

–En principio no se sabía quiénes eran. Cuando supimos que había barbudos, melenudos y mujeres, supimos que no eran carapintadas… Fue una desgracia para el país. 

–¿No falló la labor de inteligencia para prever el hecho?

–Sí, yo creo que sí. Es más, había versiones de reuniones del MTP y siempre la información decía “sin capacidad operativa militar”. Pero, evidentemente, sí la tenían. Lo que puede haber fallado es la capacidad de la búsqueda de la información. El tiempo va a sacar a la luz qué sucedió en ese hecho y qué papel cumplió el propio Gorriarán Merlo, que hizo un gran daño a la democracia y al país para después escapar. Porque está bien claro que él no iba a caer.

–¿La foto de Alfonsín mirando el cadáver acribillado de uno de los guerrilleros empañó la imagen de su gobierno?

–Cuando tomaron esa foto todavía estaban tirando, Alfonsín se salvó de milagro. Además, esas denuncias no constan en el expediente que llevó adelante el juez Larrambebere, cuyo secretario era Nisman. No creo que ese hecho empañe a Alfonsín, porque él fue una víctima.

–¿Usted descarta una operación de inteligencia sobre ese grupo para que tome el cuartel?

–No la descarto, como tampoco descarto que Gorriarán fuera conocedor y partícipe de esa operación. 

 

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