La impunidad no tiene fin

Brasil

La extraña muerte del coronel Paulo Malhaes luego de confesar crímenes durante la dictadura brasileña desnuda el pacto de silencio que existe entre los militares. El ex represor dio a conocer detalles escabrosos sobre lo actuado por el régimen y queda el interrogante de qué más podría haber aportado en el esclarecimiento de los delitos de lesa humanidad del Plan Cóndor.

Caras y caretas

Fabián Kovacic – Caras y Caretas (Argentina)

El 25 de marzo pasado, el ex agente del Centro de Informaciones del Ejército brasileño, coronel Paulo Malhaes rompió el silencio sobre los años de la dictadura brasileña (1964-1985). “Como todo lo que hago en mi vida entregué lo mejor de mí en aquellas funciones”, dijo con naturalidad ante los miembros de la Comisión Nacional de la Verdad (CNV), el organismo puesto en marcha por la presidenta Dilma Roussef para investigar la violación a los derechos humanos cometidos por los militares. Reveló detalles escabrosos de la represión. El 25 de abril último un grupo comando entró a su casa y lo asesinó. Queda su testimonio y el interrogante acerca de qué más podría aportar para esclarecer los crímenes de las dictaduras del Cono Sur en los años setenta.

Caras y Caretas dialogó con Jair Krischke, abogado y responsable del Movimiento de Justicia y Derechos Humanos (Mijdh), activo colaborador de los procesos de justicia en Argentina, Uruguay, Chile y Brasil a propósito del Plan Cóndor.

-¿Cuáles son las hipótesis sobre el crimen de Malhaes?

Era el quinto represor de la dictadura en declarar y el primero a admitir su participación en los crimines de lesa humanidad. De los cuatro anteriores, apenas dos reconocieran la existencia y prácticas de torturas. Declaró por más de dos horas, confirmó que torturó, mató y ocultó cadáveres de presos políticos, durante la dictadura. Era peligroso todavía para algunos sectores militares      

-¿Qué sabía y que declaró?

–Contó lo que sabía sobre la  “Casa de la Muerte de Petrópolis”, un centro clandestino mantenido por el régimen militar a comienzos de la década de 1970. Malhaes era uno de los agentes más activos de ese centro de tortura. La única sobreviviente es Inés Etienne Romeu, presa y torturada durante seis meses, en 1971. Gracias a su memoria, pudo saberse en 1981 de la existencia de ese centro de detención. Ella sobrevivió con graves secuelas neurológicas.

El coronel pidió declarar primero a puertas cerradas. Pero luego, sorprendió a todos, cambiando de idea. Admitió la presencia de la prensa y contó haber estudiado los métodos de actuación de los servicios secretos británico, norteamericano e israelí, al inicio de su carrera. “Llegue a torturar cuando empecé, después evolucioné”, dijo dando a entender que pasó de la tortura física a la psicológica. 

-¿Qué balance hizo la CNV de su testimonio? 

–La Comisión estaba muy ilusionada por la súbita apertura hacia la prensa que Malhaes había mostrado en las últimas semanas. Reveló con detalles que fue él quien dio una “solución final” al cuerpo del diputado Rubens Paiva. Lo desenterró de una playa y lo lanzó al mar. Si bien no mencionó a sus colaboradores, ni precisó el número de víctimas dijo que torturó a “una cantidad razonable de personas”, mató a “algunas” y mutiló cuerpos para impedir la identificación, en caso de que fueran encontrados. Cerró su participación diciendo “cumplí con mi deber y no me arrepiento”.

 -Más allá de no arrepentirse ¿hizo alguna declaración reivindicativa de esos años de guerra sucia?

–Claro, él reinterpretó esos años según su visión y la de la dictadura. Dijo: “las personas que ustedes están nombrando fueron guerrilleros; eran años de lucha armada; no se trataba de personas normales ni fueron detenidas porque jugaban como los niños. La gente hoy en día no logra entender cuáles fueron los problemas que se enfrentaba, hace falta informar la verdad. ¿Cuántos murieron? Tantos como fueron necesarios”. 

-¿Qué se sabe de su asesinato?

–Malhaes fue encontrado muerto en su casa, en la mañana del 25 de abril. Según la viuda, los asesinos ingresaron a las 13 horas del 24 de abril. Eran tres hombres  y uno de ellos con el rostro encapuchado. El 29 de abril la policía obtuvo la confesión de Rogerio Pires, un ex empleado de Malhaes y admitió que dos de sus hermanos participaron del homicidio, junto a una cuarta persona, aun no identificada. Todo es tan increíble y sospechoso, como fue la vida del coronel Paulo Malhaes.