La hora de la agroecología

Latinoamérica

Los pequeños productores son quienes producen la mayor parte de los alimentos que hoy consumen 7 mil millones de personas en todo el mundo. Mientras la introducción de los transgénicos pone en riesgo la salud de la población, la agroecológica representa la conservación de la biodiversidad, que es la base de la vida. La experiencia de la lucha en Brasil y la cumbre de México.

La presidenta Dilma en la Marcha de las Margaridas - Foto: Roberto Stuckert Filho/PR

Najar Tubino – Carta Maior (Brasil)

Se trata de un proverbio árabe, un paradigma entre lo estacionario y lo evolutivo. Los perros pueden ladrar a cualquier cosa, incluso para destilar odio, como ocurre actualmente. La caravana moderna es una marcha, poco difundida en el país, más por lo que está por detrás, cinco millones de personas atendidas por las políticas públicas, en vigor desde 2003, en el Semiárido brasileño, una región que congrega 25 millones de personas y estaba totalmente abandonada. Las 70 mil mujeres rurales, en gran mayoría, agricultoras familiares, campesinas, pescadoras, marisqueiras o extractivistas, que estuvieron en Brasilia, dejaron un mensaje sutil, pero bastante claro: 

“Nosotras, mujeres del Semiárido brasileño nos ponemos en pie de lucha para garantizar nuestros derechos y el mantenimiento de las conquistas logradas en Brasil. No podemos dejar que se detenga la continuidad y la inversión continua en políticas que han cambiado nuestras vidas para mejor en los últimos 12 años, por ejemplo el Programa Agua para Todos, Un Millón de Cisternas y Una Tierra y Dos Aguas. Fue en función de esas acciones que en los últimos cuatro años marcados por la sequía más severa de los últimos 80 años, millares de familias y más, millares de mujeres pudieron mantenerse con dignidad en el campo y produciendo alimentos”. Extracto de la Carta entregada por las Margaridas el 6 de agosto a la presidenta Dilma Rousseff.

 Programa Agua para Todos amenazado por el ajuste fiscal

El problema es que el Programa Agua para Todos –envuelve 1,1 millones de tanques construidos- se ven amenazado por el ajuste fiscal, además de eso, el Programa Una Tierra y Dos Aguas era patrocinado por Petrobras y también por el BNDES. El contrato entre Petrobras y la Articulación del Semiárido Brasileño terminó en junio 2014, cuando 20.000 tecnologías fueron entregadas en un evento simbólico en Serrinha, Bahía. Ellos beneficiaron a 100.000 familias y fueron  ejecutados por un conjunto de 65 organizaciones civiles, articulados en ASABRASIL, involucraron a y a 2.000 constructores. ¿Se trata de una constructora? Nada de esto, son los agricultores (as) entrenados en la profesión y aprender a construir una cisterna de producción – recoge 52.000 litros -, y el agua será utilizada en la siembra y la cría de animales. Sin contar que todo el material utilizado se compra en la región.

El Brasil de la caravana, de las Margaridas, de las marchas y de la revolución silenciosa de la agroecología es el país del futuro, que disemina el conocimiento de las comunidades rurales, de los pueblos tradicionales, enseña la solidaridad, el intercambio entre los asentados y los agricultores familiares, tanto hombres como mujeres, y también los jóvenes, de la producción de alimentos saludables, sin agrotóxicos y libres de transgénicos, además de proteger la biodiversidad y el ambiente natural. Esta caravana, representada por la Articulación Nacional de Agroecología realizó cinco seminarios nacionales en los últimos meses, en todas las regiones brasileñas -RJ, San Luís, Mal. Candido Rondon, Recife, Campo Grande y Viçosa- además de uno nacional, para establecer las metas y las prioridades para el Segundo Plan Nacional de Agroecología y Producción Orgánica, a ser ejecutado entre 2016-2019.

Base social de millones de personas en el campo

Brasil es el único país del mundo que tiene un plan de gobierno, más que eso, una política pública discutida e implementada en conjunto con la sociedad civil sobre la agroecología y la producción orgánica. La ANA coordina miles de entidades, desde sindicatos, federaciones, asociaciones, redes regionales y en los últimos años implantó una iniciativa inédita en el campo: las caravanas agroecológicas. O sea, tanta la ANA como el ASA en el Semiárido, forman una base social organizada de millones de agricultores y agricultoras, asentados y asentadas, extractivistas, pescadores y pescadoras, marisqueiras, quebradoras de coco y por ahí va. Y todos los millones de representados no quieren saber de retroceso en la ejecución de políticas públicas que beneficiaron y cambiaron la vida de brasileños hasta entonces destinados a sufrir sin un centavo.

Muy por el contrario, ellos quieren y van a continuar avanzando. Las propuestas del II PLANAPO están en un documento de 50 páginas y cubre temas importantes como la Tierra y Territorio, reforma agraria, regularización de los terrenos, respeto a los territorios de los pueblos y comunidades tradicionales, adecuación de las normas del crédito rural, de la vigilancia sanitaria, uso de bioinsumos , apoyo a la agricultura urbana y periurbana y, principalmente, el apoyo a la agroindustrialización familiar y artesanal, y la formación de redes de asistencia técnica. Entre el 16 y 18 de septiembre próximo, en el Palacio de Planalto se realizará un seminario nacional convocado por la Comisión Nacional de Agroecología y Producción Orgánica (CNAPO) para discutir con el Gobierno las propuestas que serán enviadas a la Presidencia de la República.

En Semiárido 1,3% de los propietarios con un 38% de la tierra  

Un extracto de un artículo de Naidison Batista, de la coordinación nacional de la ASA, el libro “Convivencia con el Semiárido Brasileño”, editado en 2013, resultado de un proyecto de cooperación entre Brasil y España:

“En esa región tierra y agua siempre estuvieron en manos de una pequeña élite, generando niveles altísimos de exclusión social y de degradación ambiental. Esta realidad afecta, en particular, cerca de 1,7 millones de familias agricultoras que viven en el Semiárido brasileño. Ellas representan el 42% de toda la agricultura familiar brasileña y ocupan apenas el 4,2% de las tierras agrícolas. En Semiárido 1,3% de los establecimientos rurales tienen 38% de las tierras, el 47% de los establecimientos menores, en conjunto, un 3% de las tierras. La concentración de tierras está, inseparablemente, ligada a la concentración del agua, representando los factores determinantes de la crisis socioambiental y económica vivida en la región”.

” Los movimientos sociales del campo, que trabajan con agricultura familiar, pueblos y comunidades y de aquellas ue viven de la biodiversidad quieren un Brasil produciendo alimentos de calidad, generando de empleo y renta, de forma organizada, articulada, con conocimiento científico y asistencia técnica, algo que dignifique al país, no apenas una alternativa, un nicho de mercado. Estamos hablando de comida que genera la salud “

Solamente con una profunda reestructuración agraria profunda se puede pensar en la implementación de una agricultura sustentable y democrática, con seguridad y soberanía alimentaria, añade. Esa es la trayectoria del pueblo del Semiárido en el pasado. En 2013, cuando participé de la Caravana Agroecológica de la Chapada de Apodi, conviví durante cuatro días con asentados (as) de diversas comunidades del noreste y del norte de Minas. Discutimos sobre el futuro, después de las elecciones de 2014, y lo que sucedería si el PSDB ganase la elección. Un asentado del norte de Minas respondió rápidamente:

“El pueblo no va a aceptar un retroceso, nos vamos a perder los
que ya conquistamos”.

Él hablaba específicamente del avance del PRONAF, de los programas PAA y PNAE, que sirven de canal de comercialización de los productos de los asentamientos y de la agricultura familiar, de modo general. Pero ahora, la caravana agroecológica quiere mucho más: calificar 1200 técnicos en el crédito rural específico para los asentados, agricultores familiares extractivistas, un nudo que no se desata nunca. No sirve de nada liberar millones de reales para inversión y financiación, o para ser usado en otras áreas, si el (la) beneficiado no consigue pisar dentro del banco. Es expulsado por la burocracia y por un funcionario que no entiende lo que pasa. Quieren tres mil proyectos en el área de agroindustrialización; calificar cinco mil técnicos y 200 mil agricultores (as) extractivas sobre los procedimientos necesarios de regularización en el ámbito de la legislación de orgánicos; promover ATER específica para 15 mil mujeres; registrar 30 mil unidades de producción en conformidad con la reglamentación brasileña de producción orgánica y de base agroecológica.

Los aprendices de la dictadura mediática

 Por último, los movimientos sociales del campo, que trabajan con agricultura familiar, pueblos y comunidades y de aquellas ue viven de la biodiversidad quieren un Brasil produciendo alimentos de calidad, generando de empleo y renta, de forma organizada, articulada, con conocimiento científico y asistencia técnica, algo que dignifique al país, no apenas una alternativa, un nicho de mercado. Estamos hablando de comida que genera salud, que economiza recursos del SUS, que reduce la demanda de centros de salud y hospitales. Brasil tiene la mayor biodiversidad del mundo, por lo tanto, tiene que implementar, ejecutar y difundir a los cuatro rincones del mundo que también tiene el mayor plan de producción orgánica y de base y agroecológica del mundo, que servirá de modelo para otros pueblos. Esto es mucho más que la economía, es promover un país real, solidario, sin odio, creativo, justo y multicultural en todos los aspectos. La clase media patrimonialista y los aprendices de la dictadura mediática continuarán gruñendo, pero el pueblo que vive de la tierra, ya sea en el Semiárido, ya sea en la Amazonia, o en el centro-sur, no se va a asustar y la caravana para adelante, así como dice el antiguo refrán árabe.

 

Víctor M. Toledo – La Jornada (México)

Justo dentro de dos semanas la ciudad de México será escenario de un acto estelar de enorme trascendencia. Durante tres días cerca de 50 investigadores, expertos, representantes de organizaciones internacionales y de oficinas públicas y organizaciones sociales del campo, procedentes de 18 países debatirán acerca del dilema alimentario que hoy se ha hecho evidente en todo el mundo. Se trata del Encuentro Internacional sobre Economía Campesina y Agroecología que organiza la Asociación Nacional de Empresas Comercializadoras de Productores del Campo (ANEC), junto con otras instituciones, fundaciones y universidades, y que pondrá en el centro de la discusión temas como el diálogo de saberes, las políticas públicas, los movimientos sociales, el cambio climático y la agricultura urbana (ver: www.anec.org.mx). El encuentro resulta relevante porque, a diferencia de otros congresos, en este caso el debate llevará como marco y eje el dilema entre el modelo agroindustrial y el modelo agroecológico de producción, circulación y consumo de alimentos. El primero es impulsado por las políticas neoliberales y su motor explícito o implícito son los agronegocios. El segundo surge desde hace unas tres décadas como una alternativa científica y social de carácter emancipador y ha tenido una enorme difusión e influencia en Latinoamérica, a tal punto que puede hablarse de una revolución agroecológica en la región (https://goo.gl/BrKDyi )

Esta plataforma para la discusión tiene como antecedentes dos descubrimientos (y reconocimientos) cruciales de la FAO, que ponen en tela de juicio tesis mantenidas durante décadas. A partir de estadísticas globales y de los resultados de investigaciones científicas pertinentes y críticas, la FAO vino a mostrar que son los pequeños productores de carácter familiar, ensamblados o no en comunidades tradicionales, quienes generan la mayor parte de los alimentos que hoy consume una población de 7 mil millones. Ello llevó a esa organización a declarar 2014 Año de la Agricultura Familiar. La creencia dominante era que los alimentos procedían mayoritariamente de la agricultura industrializada y basada en máquinas, agroquímicos, transgénicos, petróleo y un modelo de especialización productiva que reduce o elimina la diversidad biológica y genética. Los datos reportados contradicen esa creencia, confirmando la veracidad de estudios científicos que revelaban la mayor eficacia ecológica y económica de la pequeña producción familiar y/o campesina por sobre las grandes y gigantescas empresas agrícolas, tal como lo mostraron los estudios de P. Rosset (1999), F. Ellis (1988) y de quien esto escribe (2002).

” Los pequeños agricultores del mundo producen la mayor parte de los alimentos que se consumen con sólo 25 por ciento de la tierra agrícola y en parcelas de 2.2 hectáreas en promedio. Las otras tres terceras partes del recurso tierra están en manos de 8 por ciento de los productores: medianos, grandes y gigantescos propietarios como hacendados, latifundistas, empresas, corporaciones, que por lo común son los que adoptan el modelo agroindustrial “

A la posición de la FAO se vino a sumar un estudio de la organización civil Grain que ajusta las cifras en función de la propiedad de la tierra. El estudio de Grain (2009) es contundente: los pequeños agricultores del mundo producen la mayor parte de los alimentos que se consumen con sólo 25 por ciento de la tierra agrícola y en parcelas de 2.2 hectáreas en promedio. Las otras tres terceras partes del recurso tierra están en manos de 8 por ciento de los productores: medianos, grandes y gigantescos propietarios como hacendados, latifundistas, empresas, corporaciones, que por lo común son los que adoptan el modelo agroindustrial. Esto hizo retornar a la mesa de las discusiones internacionales un tema vetado por peligroso: el de la equidad o justicia agraria, la inaplazable necesidad de reformas agrarias por todo el mundo.

A las revelaciones de la FAO y Grain siguió algo más. El Grupo ETC hizo visible la existencia de dos sistemas diferentes de producción, circulación, transformación y consumo de alimentos en el mundo: el agroindustrial, que conforma cadenas, y el premoderno, basado en las redes tradicionales que han existido y se han actualizado de acuerdo con las circunstancias de cada región y país. El modelo agroindustrial habla de una cadena alimentaria, con Monsanto en un extremo y Walmart en el otro, una cadena sucesiva de empresas agroin­dustriales, fabricantes de insumos (semi­llas, fertilizantes, pesticidas, maquinaria) y tecnologías diversas como los organismos genéticamente modificados (transgénicos), vinculadas con intermediarios, procesadores de alimentos y comercian­tes al menudeo. Sin embargo, la mayor parte de los alimentos en el mundo no siguen el camino de la ca­dena; los alimentos se mueven dentro de múltiples redes: 85 por ciento de los alimentos que se producen es consumido dentro de la misma ecorregión o (al menos) dentro de las fronteras nacionales. Y la mayor parte se cultiva fuera del alcance de la cadena de las multinacionales (ETC, 2009). A diferencia del modelo agroindustrial, la agroecología toma como punto de partida estas redes tradicionales y la experiencia ganada durante casi 10 mil años de experimentación agrícola y pecuaria por los actuales pequeños productores campesinos, indígenas, horticultores, pequeños ganaderos y pescadores artesan
ales.

La producción suficiente de alimentos sanos, nutritivos, baratos y accesibles es uno de los eslabones claves en el equilibrio entre la población humana y los recursos y servicios de la naturaleza, porque de ello depende no sólo la salud, sino la supervivencia de la especie y la salud o equilibrio del ecosistema planetario. El modelo agroindustrial pone en entredicho todo el andamiaje de la civilización moderna y requiere repensar los principales postulados y valores del mundo actual, y en el caso de la generación de alimentos debe considerar un cambio radical tanto en los modelos de producción como en la totalidad del sistema alimentario. No solamente se debe saber coexistir con la naturaleza y sus procesos en todas las escalas, como sugiere la agroecología; también debe partirse del rico bagaje y experiencia de las culturas rurales, pues no se puede construir una modernidad duradera más que a partir de la innovación y perfeccionamiento de lo que ya existe, no de su supresión u olvido. Estamos entonces ante un cambio de paradigmas, ante una metamorfosis civilizatoria, y como hemos visto, el debate alimentario no escapa a ello.

 

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