La herencia de la Guerra del Salitre

Las posturas nacionalistas que sostuvieron la disputa bilateral entre Perú y Chile por el límite marítimo, ocultan una discusión más profunda sobre los resultados de la guerra  que delimitó ese espacio territorial e impidió la salida al mar de Bolivia. Nada se dice de los intereses económicos, muchas veces foráneos, que operan allí y que se han servido del discurso patriótico. Paradójico hablar de soberanías cuando el Parlamento chileno aprobó y promulgó en febrero una ley beneficiando y entregando soberanías a siete grupos de empresarios pesqueros.

 

El Clarín de Chile 

Ha salido la resolución de la Haya sobre el pendiente estatal chileno-peruano por una franja dentro de la zona económicamente exclusiva como consecuencia del conflicto “la guerra del salitre” y en ambos países afloran huecos y superficiales “nacionalismos”, tal, como aquellos hinchas-fans eufóricos y desbordados por un Club de fútbol.

Lo mediático – manipulado del asunto, es que no se ha informado a la “opinión pública” que dichos terrenos no son parte de la soberanía territorial “colectiva”, “de los pueblos”, o “de las naciones”, o como se le quiera llamar, sino, de espacios que han venido siendo asignados a los intereses de grupos económicos para la explotación y lucro, algunos de ellos con origen afuerino y con sedes e intereses transnacionales.

Tampoco se ha señalado que la consecuencia de este conflicto es parte de los efectos dejados por la guerra del salitre (también señalada como del pacífico), cuyos principales intereses capitales que estuvieron de por medio fueron empresariales ingleses, lo que tuvo como resultado el genocidio por enfrentamientos de miles de personas de origen campesino, indígena y obrero, e incluso, algo menos señalado aún, la ejecución y abuso sobre miles de personas civiles e inocentes de los diversos territorios que hoy se conocen como Perú, Bolivia y Chile.

Menos se ha dicho que, los principales afectados no fueron los Países naciones de Perú, Chile o Bolivia, sino los Pueblos originarios, con asentamiento ancestral milenario, donde incluso, existían tratados bajo criterios, valores y normas de respeto, civilidad y de consensuados espacios limítrofes, pero fue la brutalidad estatal quien comenzó a generar consecutivas transgresiones, invasiones, saqueos, atropellos y actos discriminatorios.

Seguramente, en el presente, la “cívica diplomacia” tuvo como resultado: “Evolutivos” actos estatales y para algunos será un ejemplo de “resolución de conflictos” (los intereses empresariales están tranquilos), sin embargo, más allá, sigue pendiente en las agendas la protección efectiva de las soberanías territoriales pero a favor de los bienes e intereses colectivos tales como los denominados Recursos marinos, recursos hídricos – acuíferos y sub suelo, principalmente a favor del resguardo de vitales espacios para la pervivencia y bienestar de las poblaciones (Pueblos), especialmente en Países como Chile y Perú donde se ha dado rienda suelta y descontrolada a los intereses de empresas transnacionales para una desmedida (sobre) explotación y privatización de espacios territoriales y de naturaleza elemental.

Frente a lo que se muestra en diversos medios de difusión masiva y comercial, se hace oportuno también dar cuenta de los momentos históricos que de alguna forma reflejan los desenlaces en el presente y como decía un Kimche “Nadie sabe hacia dónde va, sino sabe de dónde viene”.

¿Mar para quién? ¿Soberanía de quién?

En Mayo del 2011, el ex ministro de Defensa de Chile, Andrés Allamand, actual candidato presidencial de la ultra derecha, declaraba a medios, ante los requerimientos de Bolivia por una salida al mar, que el Estado (chileno) tiene plena unidad interna, que cuentan con el amparo internacional de los acuerdos firmados y advirtió que las FFAA chilenas están preparadas para hacer respetar los tratados bilaterales. Así, tal cual, con esa actitud matonesca.

Finalmente Bolivia ha recurrido a los tribunales internacionales y el Presidente de Chile, el empresario Sebastián Piñera, ha señalado: ““Quiero asegurar a mis compatriotas que este presidente va a defender nuestro mar, nuestro territorio, nuestra soberanía, y, en consecuencia, aunque siga descalificando el presidente Morales, Chile no va a ceder territorio ni mar a Bolivia, ya que no corresponde legítimamente”, publicaban las agencias informativas este 10 de junio del 2013.

Paradójico hablar de soberanías, cuando estos mismos sectores políticos – empresariales de Chile, cuando a través de una Ley de Pesca, denominada Ley Longueira (Ex ministro), el Parlamento chileno aprobó y promulgó en febrero, beneficiando y entregando soberanías a siete grupos de empresarios pesqueros, acto que ha sido denunciado con evidentes vicios, investigaciones por Cohecho, corrupción y violación a los derechos de los pueblos originarios.

Hoy, diversas representaciones Mapuche, considerando este escenario y atendiendo la situación de derechos bajo una organización plurinacional en Bolivia, han emitido su opinión respaldando la demanda de Mar, señalando que no es posible negarle este derecho a Pueblos hermanos y criticando la situación de privatización que se vive en Chile, donde se ha mercantilizado la soberanía de los Pueblos de Chile.

 

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