La gloria del Pacífico

Chile / Perú

Pedro Bahamondes – El conflicto bélico que se libró entre 1879 y 1883 entre ambos países cobra vida en la película de Juan Carlos Oganes. El episodio común en la historia de ambas naciones revive gracias al director, que tuvo que hacer un filtro de ambos lados, porque había diferencias abismales de cómo se contaba la historia, y escribieron la guerra, de un lado y del otro.

Pedro Bahamondes – La Tercera (Chile) 

Hubo dos semanas de trinchera bajo el sol inclemente. La madrugada del 26 de mayo de 1880, las escuadras aliadas, peruanas y bolivianas, al mando de Narciso Campero, avanzaron sedientas y a paso lento hacia las alturas del cerro Intiorko (“Alto del sol” en quechua). A las siete y media de la mañana, avistaron a los más de 14 mil chilenos uniformados bajo las órdenes del general Manuel Baquedano. Un grito de guerra ensordecedor dio el inicio a una sanguinaria batalla que, al cabo de siete horas, le costó la vida a más de 5 mil hombres por bando.

Se le recordará como la Batalla del Alto de la Alianza, y es el cañonazo que abre el fuego en La gloria del Pacífico, la primera película peruana sobre el conflicto bélico que se libró entre 1879 y 1883. Aunque su estreno oficial fue el 6 de noviembre del año pasado, en Lima y Tacna, una década antes su director, Juan Carlos Oganes (39),ya había soñado por primera vez con filmar aquel episodio común en la historia de ambas naciones. En 1979, para la conmemoración de los 100 años de la guerra, recuerda Oganes, la TV peruana produjo la serie Nuestros héroes de la Guerra del Pacífico, para entonces la única producción audiovisual en recoger este capítulo. “Quedé maravillado con la veracidad del relato y su heroísmo, pero con los años te das cuenta que no es más que un instrumento pedagógico. Una apología de la guerra, recargada de artificios dramáticos, y no un homenaje ni un zoom a la vida de esos mártires”, cuenta. 

Junto a Emporium Digital Studios, su productora, Oganes comenzó en 2009 la preproducción de la cinta que tardaría dos años y medio en rodar en los alrededores de Lima y Tacna, donde el desierto aún se impone a la modernidad. Los problemas comenzaron con la negativa de aportes estatales y privados. Nadie quería invertir en esa película que pretendía reabrir la herida, así que Oganes vendió su casa en 200 mil dólares para echar a andar una investigación: “Me sumergí en libros de historia, peruanos y chilenos, desde Benjamín Vicuña Mackenna hasta Nicanor Molinare. Tuve que hacer un filtro por ambos lados, pues asomaban diferencias abismantes de cómo la historia de un lado y del otro escribieron la guerra y la forma en que se la contaron a sus compatriotas”, dice. “Yo no quería hacer una defensa nacionalista, sino contar los hechos reales”. 

También recurrió a material audiovisual: vio las series chilenas Epopeya, Adiós al Séptimo de Línea y el filme La Esmeralda 1879. En 2005, se adentró además en el norte profundo. En Arica, Pisagua, Iquique y los alrededores. Visitó museos, coleccionistas y familiares de soldados. “Esas otras historias humanas que la historia oficial no contó enriquecieron el relato final”, dice Oganes, quien cuestiona la forma en que la Guerra del Pacífico es enseñada en Perú. “Está en los programas escolares, pero son solo pinceladas, como omitiendo y olvidando a la vez. Es lamentable, pues en general la historia y geografía son ciencias poco valoradas por los programas educativos. Aquí se prefiere enseñar matemáticas, álgebra y contabilidad. Hay una intención por entregar funcionalidades más que reflexiones en torno al pasado”. 

” ‘Me sumergí en libros de historia, peruanos y chilenos, desde Benjamín Vicuña Mackenna hasta Nicanor Molinare. Tuve que hacer un filtro por ambos lados, pues asomaban diferencias abismantes de cómo la historia de un lado y del otro escribieron la guerra y la forma en que se la contaron a sus compatriotas’, dice. Yo no quería hacer una defensa nacionalista “

Con 35 actores en roles principales, desde el general Baquedano (Gustavo Mackenna) hasta el coronel peruano Francisco Bolognesi (Carlos Vertiz), y más de 600 extras, se abordó esta reconstrucción histórica que va y viene entre 1880 y 1929 (año en que Tacna volvió a ser parte del Perú), guiada por la voz de un sobreviviente ficticio de la guerra. Todo culmina con la toma del Morro de Arica, cuando más 5 mil uniformados chilenos alzaron su bandera. Fue precisamente allí, en el Teatro Municipal de Arica, donde Oganes subió al escenario para presentar su película en el marco del Festival de Cine Arica Nativa. Ni los chilenos ni peruanos ni bolivianos que coparon hasta  las escalinatas del lugar, lo recibieron con pifias. Tampoco al cierre, cuando la ovación general hizo tambalear el viejo edificio. 

En pantalla, el desierto se convierte en el escenario de su propia historia. Tras esa primera batalla, que acabó con más chilenos que peruanos y bolivianos en pie, el paso queda abierto a las tropas chilenas para tomar gran parte del sur y el centro de Perú. Iquique, Arica y cientos de kilómetros de pampa, les son arrebatados. Mientras, algunos de los soldados peruanos sobrevivientes, esperan largas horas las instrucciones de sus superiores sentados al sol, leyendo y releyendo cartas de sus familias o sobándose las piernas, distrayéndose con las pocas mujeres que rondan el lugar. “Me interesaba mostrar esa parte que nadie vio, que no está pintada en cuadros ni descrito en libros de historia. Durante las batallas, hay un factor que es clave y revelador: si Perú perdió la guerra, fue por sus divisiones, su racismo, la traición y corrupción de las autoridades. Es un reflejo de lo que sigue siendo la política en mi país”, dice Oganes. 

La función acaba y el director recibe preguntas. También impresiones. “Lo hago en cada proyección. Me interesa saber qué perciben de la película. Aquí en Arica ocurrió algo similar a Perú”, dice. “Me agradecen la distancia y respeto por el tema, y que no haya hecho de mi película otro conflicto. Por eso, Baquedano queda como el hombre inteligente que fue, y el Ejército chileno como uno sumamente preparado”, dice. Pero en su país de origen, donde se hicieron largas filas para verla en salas independientes en varias ciudades, La gloria del Pacífico -que una encuesta eligió la mejor película en Perú en 2014- no corrió la misma suerte en términos comerciales. 

A una semana de su estreno, llegó a salas Los juegos del hambre, Sinsajo 1. “No podíamos competir contra un blockbuster”, plantea Oganes. “Tampoco, contra la opinión de autoridades y gerentes de las grandes cadenas. Solo se proyectó en 11 salas, y eso sigue siendo raro. Allá muchos hablan de sabotaje”. El próximo año su película girará por EEUU, México y España. Y adelanta una segunda parte, centrada en la figura de Andrés Avelino Cáceres, y luego una precuela de la Campaña Marítima, encabezada por Miguel Grau. “Prat y Grau son los grandes protagonistas de esta historia, y ya estoy estudiándolos a fondo. Es un deber nuestro poner en valor esta historia”. 

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