La gira de Obama

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La anunciada visita del presidente estadounidense a Cuba y Argentina puede asumirse como una posibilidad de impulsar las relaciones en un escenario de desafíos con la vigencia del bloqueo impuesto a la isla. La normalización de las relaciones con EE UU. sólo puede significar el avance hacia unos vínculos más respetuosos y equitativos con los cubanos. 

Redacción- Prensa Latina (Cuba)

La recién anunciada visita del presidente estadounidense, Barack Obama, a Cuba fue asumida por las partes como una posibilidad de impulsar las relaciones, en un escenario de desafíos como la vigencia del bloqueo impuesto a la isla. 

El mandatario viajará a la mayor de las Antillas el 21 y 22 de marzo, según confirmó la víspera la Casa Blanca, en una noticia que atrajo la atención mundial, pese a esperarse desde el día anterior.

Para muchos, el periplo latinoamericano que incluirá Argentina pudiera ayudar a despejar dudas sobre la reversibilidad del proceso de acercamiento bilateral emprendido hace 14 meses, cuando Obama y el presidente Raúl Castro informaron su decisión de avanzar hacia la normalización de los vínculos.

“Esta visita constituirá un paso más hacia la mejoría de las relaciones entre Cuba y los Estados Unidos”, señaló una declaración de la Cancillería en La Habana, presentada a la prensa por la directora general de Estados Unidos, Josefina Vidal.

La diplomática precisó que será una oportunidad para que Obama aprecie la realidad de la isla y se explore la ampliación del diálogo y la cooperación en temas de interés mutuo.

Por su parte, el asistente del Presidente norteamericano y asesor adjunto de Seguridad Nacional, Benjamin Rhodes, valoró en esta capital el viaje, el primero de un jefe de la Casa Blanca a Cuba en casi 90 años.

Estamos muy estimulados, nada puede ayudar más en el acercamiento que este viaje a La Habana, subrayó en el Instituto de la Paz, donde celebró su primera conferencia anual el Consorcio Cuba, entidad bipartidista creada para acompañar el proceso hacia la normalización.

En ese evento también intervinieron los secretarios de Agricultura y Comercio de Estados Unidos Tom Vilsack y Penny Pritzker, respectivamente, quienes celebraron el anuncio.

” La recién anunciada visita del presidente estadounidense, Barack Obama, a Cuba fue asumida por las partes como una posibilidad de impulsar las relaciones, en un escenario de desafíos como la vigencia del bloqueo impuesto a la isla.  El mandatario viajará a la mayor de las Antillas el 21 y 22 de marzo, según confirmó la víspera la Casa Blanca “

“Resulta muy estimulante esta histórica visita, que sin dudas empujará más allá nuestras relaciones, afirmó Pritzker.

La confirmación se produjo en el contexto de la presencia aquí de una amplia delegación de Cuba, liderada por el ministro de Comercio Exterior y la Inversión Extranjera, Rodrigo Malmierca.

El grupo integrado por directivos del Ministerio de Comercio Exterior, la Cancillería, el Banco Central, la Cámara de Comercio y empresas participó en reuniones y encuentros.

La delegación de la isla estuvo en una sesión del Consejo de Negocios Estados Unidos-Cuba y en la segunda reunión regulatoria sobre las modificaciones al bloqueo.

Durante su estancia, Malmierca dialogó con el secretario de Estado, John Kerry, Pritzker, Vilsack, el representante comercial de Estados Unidos, Michael Froman, el presidente de la Cámara de Comercio, Tom Donohue, y el gobernador de Virginia, Terry McAuliffe.

El titular reiteró en varias intervenciones que el bloqueo impuesto desde hace más de medio siglo constituye el principal obstáculo para los lazos comerciales, considerados un escenario clave de cara a la irreversibilidad del acercamiento.

Asimismo reconoció los tres paquetes de medidas ejecutivas de Obama para flexibilizar el cerco, aunque los calificó de insuficientes, al mantenerse la esencia de las sanciones unilaterales.

En ese sentido, mencionó la necesidad de levantar la prohibición del uso del dólar estadounidense en las transacciones cubanas, abrir el mercado norteamericano a los productos de la isla y autorizar a compañías a invertir en la mayor de las Antillas.

Funcionarios anfitriones como Pritzker y Vilsack admitieron el impacto del bloqueo en los lazos bilaterales y la importancia de ponerle fin.

 

Manuel E Yepes- Alai (Ecuador)

Menuda tarea la encargada a los dirigentes y funcionarios de Estados Unidos y Cuba que deben ponerse de acuerdo para hallar el camino hacia la normalización en las relaciones entre dos países tan vecinos como diferentes.

Ante todo porque la normalización no puede reducirse a reproducir una situación pretérita, porque las relaciones entre Cuba y Estados Unidos siempre ha sido afrentosas.

Las desavenencias entre Estados Unidos y Cuba que originan las presentes tensiones provienen de políticas contrapuestas de uno y otro Estado que derivan de la contradicción entre la vocación independentista de los cubanos y los afanes de una cúpula de orientación imperialista que poco tiene que ver con los mejores intereses de los ciudadanos de la nación estadounidense.

En los albores del siglo XX, Estados Unidos impuso a Cuba un tipo de relación -por entonces novedosa-, que hoy se reconoce como neocolonialista.  Estados Unidos había intervenido de manera oportunista en la guerra de independencia que Cuba libraba contra España, cuyo sistema colonial apetecía y finalmente obtuvo.

Washington logró así convertir a Cuba en un país dependiente de Estados Unidos sin conquistarlo a la usanza tradicional.  De hecho, el término “esfera de influencia” se convirtió, desde entonces, en un eufemismo internacional para el neocolonialismo.

Posteriormente, Estados Unidos intervino militarmente en Cuba en 1906, 1909 y en 1912. Desde 1925 los intereses de Estados Unidos en Cuba estuvieron protegidos por un cruel dictador que fue derrocado en 1933 por una insurrección popular.

” Las desavenencias entre Estados Unidos y Cuba que originan las presentes tensiones provienen de políticas contrapuestas de uno y otro Estado que derivan de la contradicción entre la vocación independentista de los cubanos y los afanes de una cúpula de orientación imperialista que poco tiene que ver con los mejores intereses de los ciudadanos “

Washington envió a Cuba un embajador especial encargado de prevenir el surgimiento de un gobierno de tendencia izquierdista tras el poderoso movimiento revolucionario que se había desarrollado en la Isla para derrocar al tirano.

El Presidente Franklin D. Roosevelt, movido por estratégicos intereses derivados de la guerra mundial que sobrevendría, declaró lo que denominó “Política del Buen Vecino” y se manifestó contrario a las intervenciones armadas en América Latina, lo que redujo las tensiones en la región

Respecto a Cuba, se revocó en este período la enmienda Platt pero se mantuvo la base militar de Guantánamo y se firmó un nuevo acuerdo azucarero que reforzó la dependencia cubana de EEUU.

Tras dos décadas de “democracia representativa” supervisada por Washington, en marzo de 1952 el “hombre fuerte” de Estados Unidos en Cuba, Fulgencio Batista, produjo un golpe de estado llamado a impedir el ascenso de un gobierno que se anunciaba inusualmente honesto y por ello disfrutaba de mucha popularidad, pero no era el favorito de Washington.

La lucha armada contra la tiranía fue la réplica de los cubanos. Batista recibió amplio apoyo norteamericano.  Había consejeros militares estadounidenses en cada arma y en la policía.  La base militar de Guantánamo suministró combustible y municiones para los aviones del dictador que bombardeab
an indiscriminadamente áreas rurales y poblados indefensos.

Luego del triunfo revolucionario de enero de 1959, el régimen estadounidense encabezado por Dwight Eisenhower inició un período de acciones hostiles contra Cuba continuado por las sucesivas administraciones hasta la actual, siempre con la CIA como instrumento principal.

” Por tanto, ante la inexistencia de referentes más justos, la normalización de las relaciones con Estados Unidos solo puede significar para los cubanos el avance hacia unos vínculos más respetuosos y más equitativos.  Es eso lo que debía estar en la cartera de Obama en su próxima histórica visita a Cuba “

Estados Unidos cortó la cuota azucarera asignada a Cuba y el gobierno cubano respondió nacionalizando los centrales azucareros de propiedad norteamericana.  Inmediatamente, el Estado Mayor Conjunto las Fuerzas Armadas de EEUU recomendó al Presidente que autorizara una invasión total a la Isla.

Una fuerza de 1 500 mercenarios, entrenados, armados y dirigidos por la CIA, desembarcó en la bahía de Cochinos, en la costa Sur cubana.  La invasión resultó un humillante fracaso para Estados Unidos al ser derrotada en solo 72 horas.

Diez sucesivos gobiernos de los Estados Unidos han intentado estrangular a la revolución cubana con todos los medios a su disposición, a excepción de la guerra abierta y total.  Las actividades terroristas promovidas por Estados Unidos han provocado la muerte de unos tres mil quinientos cubanos, en tanto que más de dos mil personas han quedado mutiladas por tales acciones.  Sabotajes en objetivos económicos, acciones de guerra bacteriológica y repetidos atentados contra la vida de Fidel Castro y otros dirigentes ha sido algunas de las manifestaciones del desigual enfrentamiento.

En 23 votaciones anuales consecutivas, el bloqueo económico decretado por Estados Unidos, fue rechazado por una abrumadora mayoría de los Estados miembros de la Asamblea General de las Naciones Unidas, sin que Washington respondiera a tal clamor casi unánime de la comunidad internacional.

Por tanto, ante la inexistencia de referentes más justos, la normalización de las relaciones con Estados Unidos solo puede significar para los cubanos el avance hacia unos vínculos más respetuosos y más equitativos.  Es eso lo que debía estar en la cartera de Obama en su próxima histórica visita a Cuba.

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