Entre la izquierda y la derecha

Brasil 

A sólo dos días de las elecciones, los sondeos revelan que la presidenta Dilma Rouseff podría ser reelecta en primera vuelta. Este aumento en la intención de voto al PT se dio por el vuelco rotundo de Marina Silva hacia los proyectos neoliberales. La posibilidad de la segunda vuelta se debilitó. Por sus contradicciones, la popularidad de Aécio Neves creció y los votos de la derecha se dividieron. 

Dilma y Lula - Foto Ricardo Stuckert Instituto Lula

Gustavo Codas – E’a (Paraguay)

El domingo 5 de octubre acontecen las elecciones generales en Brasil. Además de la presidenta Dilma Rousseff  del PT (P. de los Trabajadores) que busca su reelección, también tienen chances la ex senadora Marina Silva del PSB (P. Socialista Brasilero) y el senador Aécio Neves (del PSDB (P. de la Social Democracia Brasilera).  Las previsiones apuntan a que el 26 del mismo mes el electorado tendrá que elegir, en segunda vuelta, entre Dilma y uno de esos dos contrincantes.

Las últimas encuestas dan que Dilma estaría adelante en la primera y en la segunda vuelta, es decir, sería reelecta. Algún sondeo le da victoria definitiva ya el próximo domingo. Pero este es el proceso electoral más disputado y accidentado desde 1989, cuando retornó el país a la democracia. Es decir, no es conveniente anticipar resultados.

En mayo de 2013 la reelección de Dilma parecía algo natural y fácil, porque su gobierno mostraba altos niveles de aceptación. Un mes después, en junio, gigantescas movilizaciones populares por todo el país pusieron en evidencia una crisis de la política y un rechazo en amplios sectores a los gobernantes en todos los niveles.  Dilma sufrió un repentino desgaste y pareció que estaba frágil lo suficiente para ser derrotada en las urnas.

Pero, posteriormente, con el armado de la disputa electoral todo indicaba que tendría una situación confortable. Aécio, el candidato favorito de los sectores conservadores, no conseguía constituirse en amenaza electoral real, mientras que el gobernador de Pernambuco, Eduardo Campos (PSB) rompiendo con Dilma y Lula se lanzó como “tercera vía”, pero no conseguía viabilizar su candidatura como la principal de oposición a Dilma.

Marina Silva, quien fuera del PT hasta el 2008 y pasara por el Partido Verde para ser candidata presidencial en 2010 (¡tuvo alrededor del 20% de los votos!), había fracasado al intentar legalizar su partido (“Red de Sustentabilidad”). Es así que en el 2013 se ofreció a Campos para ayudarle en su proyecto de disputa presidencial como su vice en el PSB (a pesar de ser más conocida y tener mayor potencial electoral).

“Fue cuando a los lances electorales se agregaron los temas de contenido.  Ya le había dicho Lula a Campos, cuando se fue a avisarle que saldría candidato, que sólo conseguiría enfrentar al PT si fuera candidato de la derecha (mismo teniendo origen y curriculum progresista). La profecía le calzó a Marina”

Quiso el destino  que Campos falleciera en vísperas del inicio de la campaña en un accidente de aviación. Ella  afirmó que fue cosa de la “providencia divina” que no estuviera en el mismo vuelo y asumió la titularidad en la disputa.  EL PSB que la tenía como “huésped” (había anunciado que hasta 6 meses después de octubre, saldría del partido para volver al proyecto del partido propio) la aceptó como su candidata.

A 45 días de las elecciones, hubo un vuelco.  Marina ultrapasó la marca de 30% de intención de votos, Dilma continuaba patinando poco arriba de ese nivel y Aecio se precipitó hacia 15%, siendo que en las simulaciones de segunda vuelta Marina ganaba por un margen confortable.

Fue cuando a los lances electorales se agregaron los temas de contenido.  Ya le había dicho Lula a Campos, cuando se fue a avisarle que saldría candidato, que sólo conseguiría enfrentar al PT si fuera candidato de la derecha (mismo teniendo origen y curriculum progresista). La profecía le calzó a Marina.

Marina había roto lanzas con el PT por sus enfrentamientos dentro del gabinete ministerial de Lula con la entonces ministra de minas y energía Dilma, defendiendo una agenda ambientalista. Compañera de luchas del mítico Chico Mendes, mujer de origen pobre, tenía todo para ser “Lula de polleras”.

De hecho, buena parte de los jóvenes que se manifestaron en junio del 2013 la veían como su representante en la disputa, iban a votar por ella. Pero, cuando lanzó su programa mostró que – en el esfuerzo por derrotar al gobierno del PT – hizo alianzas y compromisos a la derecha que la desfiguraban frente a ese electorado.

“Lo que le quedaba que era su agenda ambientalista – motivo de su ruptura con Lula y Dilma – también se hizo trizas”

Retrocedió del apoyo al casamiento homoafectivo. Tomó posición contraria al juicio y castigo de los militares torturadores. Anunció apoyo a la reivindicación patronal de legalizar las tercerizaciones.  Se comprometió con una gestión monetarista ortodoxa del Banco Central. Prometió ceder espacios a los bancos privados del terreno que habían ganado los bancos públicos. Fue a Washington a anunciar la retomada de negociaciones de libre comercio en los moldes del ALCA.

Lo que le quedaba que era su agenda ambientalista – motivo de su ruptura con Lula y Dilma – también se hizo trizas. Negó que fuera contra la construcción de hidroelétricas y de continuar la explotación de petróleo en alto mar.  Se aproximó al agronegocio para desmentir que fuera contraria a los transgénicos.

Solo sobró una candidatura que reuniendo votos de los descontentos de junio del 2013 y de la derecha anti-PT de los últimos años podría ganarle a Dilma. Sin embargo, a cada momento sus  contradicciones  la fueron desmoralizando frente al electorado y ahora, en la recta final, corre el riesgo de que Aecio sea el contrincante de Dilma en la segunda vuelta (las últimas encuestas los muestran técnicamente empatados).  Parece ser el fin de la promesa del ambientalismo ciudadano como una tercera vía entre izquierda y derecha tradicionales.

Mientras, para combatir a Marina y Aécio la campaña de Dilma se posicionó claramente a la izquierda. Atacó al capital financiero, defendió los derechos laborales de los trabajadores, enarboló la bandera de la soberanía energética. Anunció medidas para criminalizar la homofobia.  Y junto con los jóvenes se comprometió en ampliar la inversión en educación y para universalizar el acceso a internet.

Fue la claridad del embate entre izquierda (Dilma) y derecha (Marina) lo que le hizo crecer a la petista. Si gana Dilma en ese contexto de inédita polarización ideológica, parece ser una promesa de un gobierno también más a la izquierda que lo que pudieron ser los mandatos petistas desde 2003 hasta el presente.

 

Emir Sader – Alainet (Ecuador) 

Las elecciones de este domingo en Brasil se resumen a un referendo sobre si el país ha ingresado en un buen camino a partir del gobierno Lula, en 2003, o si está en un camino equivocado y debe cambiar de rumbo de forma radical e inmediata. La primera alternativa encuentra tan solamente en Dilma Rousseff su expresión, para quien hay que mejorar y profundizar las trasformaciones realizadas por los gobiernos de Lula y el suyo. Para todos los otros –candidatos de derecha o de extrema izquierda-, habría que dar vuelcos drásticos en la política brasileña.

Después de idas y vueltas es como si el campo electoral retornara a su inicio, con el favoritismo de Dilma y – esta es la única novedad – la disputa entre los dos principales candidatos de la derecha: Aecio Neves y Marina Silva, por el segundo puesto. Cambió la forma del enfrentamiento, cuando Marina se proyectó, en un momento, como la principal candidata de la o
posición, defendiendo una plataforma claramente neoliberal, idéntica, en lo esencial, a la de Aecio Neves. Se mantuvo, por lo tanto, el choque entre un proyecto neoliberal e uno posneoliberal.

Después de ser también afectada por el impresionante lanzamiento de la campaña de Marina, por alrededor de un mes, desde el sospechoso accidente aéreo del 13 de agosto, Dilma recuperó sus niveles de apoyo anteriores y hasta los ha superado, liderando en todas las cinco regiones del país. Marina, después de pasar de un nivel muy bajo de rechazo – cuando heredó el grueso de los votos anti-Pt de Aecio – a más del doble en ese renglón, paró de aumentar su apoyo y empezó un no menos impresionante declive, que la hace disputar todavía el segundo lugar con Aecio.

Porque la campaña se encaminaba hacia una victoria de Dilma en la primera vuelta, cuando se dio el accidente aéreo, inmediatamente la derecha volcó sus votos de Aecio hacia Marina, que parecía avanzar de forma indetenible. Marina inmediatamente correspondió a ese movimiento y difundió principios netamente neoliberales que orientarían su campaña, así como el equipo que la coordinaba, con la misma fisionomía de esos principios. Reveló que su “educadora” – en sus palabras – es simplemente la heredera del Banco Itau, uno de los dos más grandes bancos privados de Brasil, que fue quien anunció el planteamiento de un Banco Central independiente de parte de Marina.

La candidatura de Aecio bajó a índices insignificantes, con su caudal de votos transferido hacia Marina, con la derecha apostando fuertemente a ella. La campaña de Dilma, recobrada del golpe, retomó iniciativa, buscando desenmascarar el sentido de la candidatura de Marina, más allá de sus planteos de una “nueva política” más allá de la izquierda y la derecha, de que iría gobernar “con los mejores” de cada partido, etc., etc.

“Después de idas y vueltas es como si el campo electoral retornara a su inicio, con el favoritismo de Dilma y – esta es la única novedad – la disputa entre los dos principales candidatos de la derecha: Aecio Neves y Marina Silva, por el segundo puesto”

Los llamados de Marina no tardaron en encontrar eco en los lobbies mediáticos internacionales, así como en el mismo Estados Unidos, que inmediatamente erigieron a Marina como su candidata, aparentemente imbatible. 

La contraofensiva de Dilma no tardó en tener sus efectos. Se empezó a demostrar el carácter neoliberal de la candidatura de Marina, que vendía una imagen que no correspondía a la realidad, que hacia alianza con los peores tipos de la vieja política, que sus planteamientos significarían alinear el gobierno a los bancos privados y Brasil a Estados Unidos en el plano externo. Que Marina no solo es incoherente, sino contradictoria e incapaz de construir una dirección política para el país.

No tardó mucho para que Marina parara de crecer y empezara a caer, mientras Dilma volvía a aumentar sus apoyos. En un cierto momento Marina había alcanzado, según encuestas, a tener 10 puntos de ventaja sobre Dilma en la segunda vuelta. A partir de ahí su crecimiento se frenó, sus niveles de rechazo fueron aumentando, su candidatura perdió la iniciativa y tuvo que dedicarse a contestar las acusaciones, quedando en la defensiva.

El escenario en que se llega al final de la primera vuelta es el de una amplia ventaja de Dilma en la primera vuelta – alrededor de un 15% de las preferencias -, con una ventaja de por lo menos 4 o 5 puntos, llegando a 9 o 10, en dependencia de las encuestas, en la segunda vuelta. Con la tendencia de Dilma creciendo – ya está liderando en todas las cinco regiones del país, incluso entre los jóvenes, reforzando su liderazgo de siempre entre los más pobres y en las regiones nordeste y norte del país.

Con la caída acentuada de Marina, vuelve Aecio a disputarle el segundo lugar. No queda claro ni si Dilma puede triunfar en primera vuelta, ni contra quien pelearía en segunda vuelta, en caso de que ésta sea necesaria. Lo que es cierto es que, a pesar de la suma de por lo menos una parte de los votos de Marina y Aecio en segunda vuelta, Dilma es favorita para ganar.

En ese caso, triunfaría el modelo de desarrollo económico con distribución de renta implementado por Lula y continuado por Dilma, así como la política internacional actual de Brasil, completando por lo menos 16 años de gobiernos del PT, el ciclo más largo de gobierno dirigida por una misma fuerza política, en democracia. El fantasma que maneja la derecha, además de una cuarta derrota consecutiva, es el del retorno de Lula en el 2018, incluso para más de un mandato, completando casi un cuarto de siglo de gobiernos del PT.

 

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