La favela está sangrando

Brasil

Emir Sader/Frei Betto – Entre la criminalidad incontrolable por parte de la policía, una clase media que los autoriza a matar en su nombre, y el aval de los medios de comunicación, los jóvenes pobres y negros viven bajo la constante amenaza de ser asesinados violentamente, porque conviene que estén presos o muertos, antes que sean un factor de riesgo para el resto de la sociedad.

La policía brasileña es la que más mata en el mundo - Foto: ArchivoEmir Sader – Blog (Brasil)

Brasil posee el triste récord de tener la policía más violenta del mundo, la que más mata. Debería ser motivo para convertirse en el mayor escándalo en el país.

Pero no es así porque es una policía que mata a los jóvenes pobres y negros, con la delegación y la aprobación implícita de amplios sectores de la opinión pública. Carne barata, sangre que brota de las familias pobres, funerales en los suburbios anónimos.

Brasil pasa, desde 2003, por el mayor proceso de democratización social de su historia. Los derechos de las grandes mayorías son reconocidos, no hay prácticamente nadie más abandonado, más excluido de las políticas del Estado.

¿Cómo es posible que, en este mismo momento, estas mismas familias incorporadas a los derechos sociales básicos, reconocidas como ciudadanos por el gobierno, sean víctimas del mayor genocidio del Brasil contemporáneo, el de los jóvenes negros? ¿Cómo es posible que esto exista con los gobiernos progresistas y cómo es posible que podamos aceptar pasivamente este genocidio, que a diario cobra la vida de decenas de jóvenes negros? Una parte puede atribuirse a la invisibilización del fenómeno promovido por los medios de comunicación, así como la criminalización de los jóvenes negros y pobres. Un procedimiento como el control y la detención de los jóvenes negros y pobres que van a las playas de la zona sur de Río de Janeiro es una confirmación evidente de esta criminalización. Pero muchas otras manipulaciones se dan cotidianamente en los programas que comercializan el crimen en la televisión y en la radio, consolidada por los diarios y revistas.

” ¿Cómo es posible que […] familias incorporadas a los derechos sociales básicos, reconocidas como ciudadanos por el gobierno, sean víctimas del mayor genocidio del Brasil contemporáneo, el de los jóvenes negros? ¿Cómo es posible que esto exista con los gobiernos progresistas y cómo es posible que podamos aceptar pasivamente este genocidio? “

Otra parte tiene que ser entendida como “el miedo a los pobres”, especialmente a los jóvenes negros, diseminado hace décadas en nuestra sociedad. El joven negro y pobre se convirtió en factor de “riesgo” para la seguridad de la clase media y de la burguesía, que prefiere que sean reprimidos, presos, muertos.

Fundamentalmente, es la policía matando jóvenes pobres y negros, todos los días, pagada con salarios financiados por nuestros impuestos, usando uniformes que les ponemos como autoridades que reconocemos, con armas y municiones compradas con los impuestos de todos, para que los jóvenes pobres y negros sean ejecutados en nuestro nombre.

Como no estamos dispuestos a ir nosotros mismos a matarlos, porque sería insoportable, contratamos policías para hacer este trabajo sucio por nosotros. Los cuerpos desaparecen o son entregados en la oscuridad de la noche a sus madres. No vamos a sus funerales, ni siquiera revelamos sus nombres, sus fisonomías, los nombres y los rostros de sus madres, de sus hermanos, de sus amigos.

¿Y si un día no aguantáramos más y pasáramos a decir: “No en nuestro nombre”. “Basta, no aguantamos más. ¡Basta!”? ¿Y si dijéramos: “No pago más impuestos para financiar una policía que mata jóvenes negros y pobres todos los días”?

Frei Betto* – Adital (Brasil)

A partir del 2016 el 1 % de la población mundial, que alcanza hoy en día 7,200 mil millones de personas, tendrá una fortuna superior a los ingresos del 99 % de esa población. La riqueza mundial alcanzó en el 2013 US$ los 241 mil billones. Eso significa que 72 millones de personas tendrán en sus manos el 46 % de dicha fortuna, estimada en US$ 110 mil billones. Y la gran mayoría de la población mundial, o sea 7,128 millones de gentes, tendrá que sobrevivir con los US$ 131 mil billones restantes.

Mire qué injusto es este mundo: si toda la riqueza de la humanidad fuera dividida por igual entre los 7,200 millones de personas, cada uno de nosotros tendría un patrimonio de US$ 33,472. Todos tendrían lo suficiente para vivir con dignidad y por tanto no habría hambre, criminalidad, migraciones, mendigos, favelas, mortalidad infantil y quizás hasta ni guerras. Viviríamos en un mundo de prosperidad y paz.

Como el reparto del 54% de la riqueza mundial entre el 99% de la humanidad tampoco es ecuánime, se reproduce la desigualdad. Los que tienen lo suficiente para vivir ni desean cuestionar a los que integran el selecto grupo del 1 % más rico; prefieren pensar que forman parte de ese contingente microscópico.

” La gran lucha política e ideológica que la humanidad debe emprender hoy en día es la de convencer a los sectores que consiguen sobrevivir con dignidad a que se unan a los que no lo consiguen, para combatir a ese 1% que detenta una cantidad de recursos que si fueran mejor distribuidos harían del mundo un lugar mucho mejor “

En el Brasil la renta familiar se triplicó entre el 2000 y 2014. Gracias al gobierno del PT pasó de US$ 7,900 a US$ 23,400 por año. Sin embargo creció la desigualdad. En la lista del 1% de los más ricos del mundo hay 296 mil brasileños.

Es común ver a la clase media, que sobrevive con dignidad, hablar contra la distribución de la renta, porque cree que acarrea pérdida de sus recursos. No se da cuenta de que con esta postura, en vez de ayudarse a sí misma, favorece al 1% que se apropia de la riqueza mundial.

La gran lucha política e ideológica que la humanidad debe emprender hoy en día es la de convencer a los sectores que consiguen sobrevivir con dignidad a que se unan a los que no lo consiguen, para combatir a ese 1% que detenta una cantidad de recursos que si fueran mejor distribuidos harían del mundo un lugar mucho mejor. ¿Cómo convencer a los sectores de renta media de que sus enemigos no son los 110 mil billones? No es fácil. El 1% controla los gobiernos, las comunicaciones, las iglesias y hasta la enseñanza escolar, de tal modo que diseña el pensamiento del 99 % desde la infancia.

La miseria es humillante. Causa revoluciones, estimula la criminalidad, provoca migraciones, favorece el trabajo esclavo, disgrega a las familias y lleva a unas personas a optar por la violencia para conseguir lo que no puede ser obtenido con el trabajo, pues las condiciones para alcanzar buenos cargos en el mercado son absurdamente desiguales.

*Escritor, autor de “Paraíso perdido. Viajes a los países socialistas”, entre otros libros.

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