La derecha salió del armario

Brasil

Un nuevo actor irrumpió en la escena política del país para quedarse: la extrema derecha de clase media. Su protagonismo en las manifestaciones contra la presidenta Dilma Rousseff son la prueba más elocuente de las profundas transformaciones económicas y sociales operadas durante los gobiernos del PT. Son los intereses que intentan impedir un eventual retorno de Lula al gobierno.

Manifestantes contra el gobierno en San Pablo - Foto: André Tambucci/Fotos Públicas

Emir Sader – Blog (Brasil)

Cuando se utiliza esta expresión, no se está queriendo decir que hasta ahora estuviese escondida. La derecha, en la era neoliberal, en Brasil, está representada por los tucanos (PSDB) y sus aliados y siempre estuvo ocupando el campo político como una alternativa a los gobiernos del PT.

Lo que es nuevo es la consolidación de un sector de extrema derecha de la clase media, que hasta ahora no se había mostrado como realmente era, convirtiéndose en el factor nuevo en el escenario político nacional. Y eso parece que llegó para quedarse. 

Sin discutir la tesis de Marilena Chauí -que ese sector insiste en confirmar- que la clase media sería fascista, es innegable que por lo menos un sector de ella asume tesis fascistas y lo hace de la manera más descarada, casi como un cliché, por los slogans que exhibe, por la actitud agresiva y discriminatoria, por el racismo, por el antiizquierdismo, por el anticomunismo.

¿Pero por qué ahora, a 12 años del comienzo de los gobiernos del PT, esa ultraderecha sale del armario? ¿Dónde estaba? ¿Por qué ahora decidió salir del armario?

” Esas manifestaciones son la prueba más elocuente que los gobiernos del PT no suavizaron la lucha de clases, sino que por el contrario, la incitaron. Si los gobiernos del PT fueran apenas una variante del neoliberalismo -como algunas actitudes sectarias, que no conocen el país y no saben de las profundas transformaciones operadas en Brasil desde 2003– la derecha sólo podría estar satisfecha “

Esas manifestaciones son la prueba más elocuente que los gobiernos del PT no suavizaron la lucha de clases, sino que por el contrario, la incitaron. Si los gobiernos del PT fueran apenas una variante del neoliberalismo -como algunas actitudes sectarias, que no conocen el país y no saben de las profundas transformaciones operadas en Brasil desde 2003– la derecha sólo podría estar satisfecha, tendría que estar celebrando la cooptación de un PT tan expresivo del campo popular -el más importante de toda la trayectoria de la izquierda brasileña– para su campo. Menos todavía tendría por qué empeñarse con todas sus fuerzas para voltear al PT del gobierno y tratar de descalificar a Lula, para inviabilizar su retorno a la presidencia. 

Sólo porque sintieron que sus intereses estaban siendo afectados, que ya no disponían del gobierno a su antojo y corrían el riesgo de ver extenderse mucho más este período, con una eventual vuelta de Lula a la presidencia, es que la derecha salió del armario y exhibió su cara de ultraderecha.

¿De qué forma esos intereses fueron afectados? En primer lugar, en la prioridad de las políticas sociales y en la expansión del mercado interno a partir del consumo de masas, con la distribución de la renta que acompañó el retorno del desarrollo económico. Se interrumpió la política económica implementada por Collor y continuada por FHC. Su fracaso abrió los espacios para gobiernos que rompieran con los ejes fundamentales del neoliberalismo, en primer lugar, la prioridad de los ajustes fiscales y la centralidad del mercado.

En segundo lugar, por la ruptura con el proyecto del Área de Libre Comercio de las Américas -ALCA- llevada a cabo por los Estados Unidos, en complacencia con el gobierno de FHC, que dio lugar al fortalecimiento de los procesos de integración regional, del Mercosur a la CELAC, pasando por la UNASUR. Un proceso que incluye los proyectos estratégicos de los BRIC, en el que Brasil tiene un papel clave, y que diseña un mundo multipolar a contramano de los proyectos norteamericanos. 

En tercer lugar, porque la centralidad del mercado dio lugar a espacios para la recuperación de la capacidad de acción del Estado, tanto como promotor del crecimiento económico, como de la afirmación de los derechos sociales y como actor en los procesos de soberanía externos.

“Para los que nunca aceptaron que los gobiernos del PT han sido cualitativamente diferentes de los gobiernos neoliberales, todo esto es incomprensible. Su incapacidad para comprender la realidad concreta, tiene que culpar al PT por todo. Hasta porque la derecha haya salido del armario, utilizando por algunos para atribuir también aquí la culpa al PT “

La ya clásica frase que “los aeropuertos están convirtiéndose en terminales de ómnibus” sigue siendo la más significativa de la reacción de sectores de la clase media ante el ascenso de amplios sectores populares. Aparte de agravada desde la Copa del Mundo, donde el abucheo a Dilma fue como abrir la puerta a la falta de respeto por parte de sectores de la derecha.

La campaña electoral del año pasado fue un calentamiento en comparación a lo que se vive ahora. Tanto Aécio como los medios de comunicación, exacerbaron su lenguaje y sus formas de atacar al gobierno, generando la idea de que todo se había vuelto insoportable, no sólo la situación de las clases privilegiadas, sino el propio país, por la corrupción y la supuesta incompetencia del gobierno. Por primera vez en la historia del país un candidato a presidente triunfó en las elecciones contra prácticamente la totalidad del gran empresariado, confirmando como estos consideran que sus intereses fundamentales son afectados profundamente por los gobiernos del PT.

Para los que nunca aceptaron que los gobiernos del PT han sido cualitativamente diferentes de los gobiernos neoliberales, todo esto es incomprensible. Su incapacidad para comprender la realidad concreta, tiene que culpar al PT por todo. Hasta porque la derecha haya salido del armario, utilizado por algunos para atribuir también aquí la culpa al PT.

Por eso la ultraizquierda no consiguió, durante estos 12 años –ni en Brasil, ni en los países con gobiernos posneoliberais de América Latina-, construir una alternativa y está siempre situada a la derecha de los gobiernos del PT. Porque considera que los gobiernos del PT son neoliberales, la ultraizquierda no entiende la realidad del Brasil de hoy y no logra construir raíces en el seno del pueblo. 

El PT es responsable por la salida de la derecha -y la ultraderecha- del armario, porque afectó profundamente sus intereses.

 

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