La democracia en harapos

Argentina 
Roberto Mero

Durante doce años el país vivió el espejismo de una realidad a construir. El régimen macrista avanza demoliendo lo que tanto costo forjar, sobre la base que se trata de un gobierno elegido democráticamente. Esto no le permite a Macri violar las propias leyes de la democracia y independencia nacional, ni vulnerar el principio de garantizar la paz, como establece la Constitución.

Represión a los trabajadores de Cresta Roja - Foto: Archivo

Roberto Mero* – Latinoamérica Piensa

Ni tsunami de 40 metros de alto, ni terremoto de grado 12. Menos aún caída de meteorito devastador, de incendio planetario, de guerra nuclear. Me asombra el asombro de quienes se asombran que el desgobierno de Mauricio Macri haya echado por tierra en diez días la labor de reconstrucción democrática y popular de doce años. Me asombra que nos asombre, ya que fue por esto que combatimos y seguimos combatiendo a un régimen que se impuso por arrebato con la complicidad del Poder Judicial y de los medios. Comprendo que en el despertar en medio de la pesadilla cause horror profundo hallarse en medio de una nueva. Y entiendo también que de tanto repetir una verdad a medias hemos terminado por creer aquella tierna falacia romántica de Alfonsín: que “con la democracia se come educa, se educa y se cura”. Durante doce años vivimos el espejismo de una realidad a construir, a asentar en la inviolabilidad de la ley, a transformar en permanente. Hay que decirlo con todas las letras, aunque duela en el corazón: el régimen macrista avanza demoliendo lo que tanto costo forjar porque cuenta con nuestra previsible defensa de la democracia como bien supremo. En otras palabras: ellos creen saber que pueden destruir la democracia porque, para salvarla, deberíamos cambiar el programa de nuestras neuronas. Y comprender que sólo se defiende la democracia combatiendo por ella, sean cuales fuesen los métodos que los desafíos nos impongan. Esta democracia que Macri está transformando en harapos no es sino un disfraz que burla lo que la Patria necesita como fundamento de amor y de valentía.

¿Quién le pone el cascabel al rinoceronte?

Transpirado, rodeado por micrófonos desconectados y sitiado por un cerco importante de federales, Martin Sabbatella apareció en las redes como el último de los mohicanos, defendiendo el AFSCA a golpes de tomahawk. Las bravura de ese compañero, su rebeldía para confrontarse a las disposiciones dictatoriales de Aguad y su ejemplo, se entreveran asombrosamente con sus propias palabras: “Este es un gobierno legítimamente elegido, pero con actitudes de gobierno de facto. Alguien tiene que parar esta locura”. La pregunta del millón está en la contradicción que el macrismo aprovecha para continuar con sus maniobras de demolición. Esto es: si se trata de un gobierno intocable “porque elegido democráticamente”, ¿deberíamos dejar que viole todas las leyes de la democracia, la independencia nacional y la vida de los argentinos? A contrario sensu, ¿puede decirse democrático un gobierno que pone en peligro la paz interior, que vulnera el principio de “garantizar la paz” del que habla el Preámbulo de la Constitución? Aunque la encantación del amor y la paz y los slogan de “la Patria es el otro” hayan caído implacablemente bajo las balas de la represión contra el piquete de Cresta Roja, la cuestión fundamental está aquí: ¿quién le pone el cascabel al rinoceronte de un régimen antiparlamentario, que amenaza y pone en ejecución la violación de las garantías constitucionales como el pan, la libertad de protesta, de reclamo y de expresión? Bestia ciega y sorda, el rinoceronte carga y mata al pasaje de sus toneladas, no por coraje, sino por miedo. Furor ante el incierto momento de una caída que se podría augurar como profecía anunciada.

Sobre nudos corredizos, represión y otras teorías

Relata la leyenda muy probable que en noviembre de 1976, en el curso de su visita a Augusto Pinochet, Jorge Rafael Videla recibió uno de aquellos consejos que se hacen ley entre los asesinos: “No haga lo que hice yo. No los ataque de frente -dijo Pinochet-. Utilice el nudo corredizo, poco a poco. No habrá reacción internacional, en lo interno no se notara tanto y usted terminará por estrangularlos”. Hombre de nula lectura y de visión histórica cercana a cero, Mauricio Macri parece convencido que para cometer sus fechorías el mejor nudo es el que se cierra rápido, mortal, contundente. Rebaja de un 50% de los salarios, inflación a más del 30% en una semana, cierre de medios discordantes, declaración de hostilidades diplomáticas contra el Mercosur, balas contra los obreros y Estado de sitio en filigrana. Es comprensible que no le sirva la teoría del nudo corredizo de Pinochet Ugarte. El plan de devastación interna y de aislamiento externo de la Argentina se funda por primera vez en la historia latinoamericana sobre la base de una presunta “legitimización popular” para cometer atrocidades. Mauricio Macri lo entiende así en su desesperado intento por volver al 9 de diciembre de 1983, haciendo tabla rasa con la realidad histórica nacional y mundial. Su balbuceante y negado programa económico, su inconfesable programa social y su tartamudeante proyecto político fueron votados por lo que eran: marketing para vender jabones. Pero nada más. Y si sus votantes no votaron por la represión, ni el hambreo ni la entrega ni la censura, esto hace que Macri no representa a sus electores y se arroga la ejecución de un mandato del cual carece. Figura que puede ya ser considerada como “delito de traición de lesa Patria”. Es una pena que este desmadrado intento de llevarnos a las cavernas de la historia, aún no haya penetrado las neuronas de los dirigentes patriotas. Ya llegará, quizá. Aunque a este paso la ley del ojo por ojo, palo contra palo, violencia de abajo contra la violencia de arriba, no tardarán en develar horrores que nuestros sueños creían del pasado.

La traición a la Patria como forma del golpe de Estado

Lamento si a veces soy pesado, pero no se pueden hacer surcos en el mar. En su segundo tratado sobre el gobierno civil de 1680 el filósofo inglés John Locke escribió: “Si un hombre inocente y honesto está obligado a no abrir la boca y a abandonar todo lo que tiene, simplemente para no romper la paz, y tiene que ceder ante quien pone violentamente las manos sobre él, yo pediría que se considerase qué clase de paz habría en este mundo: una paz que consistiría en la violencia y en la rapiña, y que habría de mantenerse para beneficio exclusivo de ladrones y opresores. ¿A quién no le parecería una paz admirable entre el poderoso y el débil el espectáculo de ver a un cordero ofrecer sin resistencia su garganta para que ésta fuese destrozada por lobo feroz?” En los hechos el régimen macrista se ha dado a utilizar nuestro asombro cotidiano ante sus tropelías para engatusar a los corderos (que no se han dado cuanto aún que lo son) para que crean que su destino es morir hambreados o bajo las balas, sin ningún derecho a levantarse contra la opresión. El fantasma de la rebeldía (que agitó Aguad contra Sabbatella, los patrones contra Navarro o los gendarmes baleando a los piqueteros de Cresta Roja) forma parte de un sistema de arrasamiento de la legalidad tal como es concebida en nuestro país luego de los horrores de la dictadura y sus variantes militar-civilachas en los 90. Poco importan las razones de esa rebelión que agita como espectro el macrismo. Lo importante es la ejecución del plan de sometimiento de la Patria, su traición a la construcción del país real y la entrega del combo a una banda de facinerosos nacio-internacionales. La velocidad de esa traición adopta las formas de golpe de Estado por sus objetivos y violencia, se maquille con las palabras que quiera y agite resultados electorales aunque se
an inciertos. Romper este espiral de asombro (nuestro) y ferocidad (del régimen) depende de la comprensión de sus objetivos: hacer que “sobren” del país 40 millones de argentinos.

*Periodista y escritor argentino en París, Francia.