La delgada línea entre la justicia y la paz

El diálogo de paz entre el gobierno colombiano y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) avanza en La Habana y es el caballito de batalla del presidente Juan Manuel Santos de cara a los comicios de mayo. Sin embargo, advierte que la posibilidad de no llegar a un acuerdo está en manos de la guerrilla. Su mayor preocupación es que un atentado haga caer las negociaciones. El mandatario asegura que el meollo es trazar una raya entre justicia y paz y que no negociará algo que no apruebe el pueblo colombiano.

La delgada línea entre la justicia y la pazCristina Galindo y Laura Delle Femmine – El País (España)

El Estado colombiano y las FARC negocian un acuerdo de paz que ponga fin a medio siglo de conflicto desde hace un año. Juan Manuel Santos se mostró este miércoles moderadamente optimista sobre este diálogo, que se inició en Oslo y continúa en La Habana, pero advirtió que existen riesgos. Y aseguró: “No vamos a negociar algo que no apruebe el pueblo colombiano, no habrá impunidad”.

El proceso de paz fue objeto de un diálogo entre el dirigente colombiano y el expresidente del Gobierno español Felipe González durante la jornada Invertir en Colombia, organizada por EL PAÍS en Madrid y patrocinada por Avianca, Ferrovial, Gas Natural Fenosa, Pacific Rubiales y Telefónica, con el apoyo de Proexport. “Soy más optimista de lo que era hace un año, pero queda mucho camino por recorrer; no estamos negociando con ángeles”, advirtió Santos. “Lograr la paz es un objetivo en sí mismo, pero imagínense qué supondría para el desarrollo de infraestructuras y de la economía en general del país”, añadió González. El mero hecho de que se haya abierto un proceso de paz ha ayudado a atraer más inversión extranjera.

Santos se mostró confiado en que las negociaciones acaben en acuerdo, pero admitió que no será fácil. “Los riesgos siempre están ahí. Es mucho más popular hacer la guerra”, dijo el presidente, que anteriormente fue ministro de Defensa con el Gobierno de Álvaro Uribe. “Cuando fui ministro de Defensa, logramos los golpes más contundentes contra la guerrilla. Sin esos golpes [que descabezaron a las FARC], no habría habido negociación. Pero toda guerra tiene que terminar con algún tipo de acuerdo y por eso iniciamos este proceso”, justificó.

Respecto al desarrollo de las negociaciones, Santos explicó que “se han logrado cerrar dos puntos importantes de la agenda: un acuerdo sobre el desarrollo rural y la participación política”. El problema agrario está relacionado con programas de desarrollo, infraestructura y adecuación de tierras, desarrollo social, estímulo a la producción agropecuaria y a la economía solidaria y cooperativa. El tema de la participación política consiste en que las partes han puesto sobre la mesa un eventual escenario de postconflicto, en el que el Estado garantizará que la guerrilla y la oposición puedan ejercer libremente la política.

El objetivo es que los grupos violentos dejen las armas y “continúen persiguiendo sus ideales por vías democráticas”, dijo Santos. Es la primera vez, insistió, en que se llega a un acuerdo sobre esos dos puntos. “Nos da razones para el optimismo”, añadió. Felipe González coincidió en que nunca se había llegado tan lejos en unas negociaciones con las FARC.

Ahora, se está negociando sobre un punto que es una “flecha venenosa”: el narcotráfico. Colombia ha sido los últimos 40 años uno de los mayores proveedores de cocaína del mundo. Llegar a un acuerdo para que la guerrilla, en lugar de ayudar al narcotráfico, ayude al Gobierno a combatirlo, sería un tema vital para hacer que “la paz sea viable y duradera”, según Santos.

“La probabilidad de la paz está más clara que nunca”, dijo González. “Si no hubiera tenido la guerrilla una clara sensación de derrota, la negociación habría sido más difícil”, añadió el expresidente. “Esos dos primeros puntos, que la guerrilla llegue a un acuerdo sobre la tierra y que opte por la participación política democrática, significan el momento de irreversibilidad del proceso”, dijo el expresidente español.

“Me preocupa que cometan algún acto de irracionalidad, un atentado, que haga imposible continuar, que haga explotar en mil pedazos el proceso”, dijo Santos. Pero sobre todo le preocupan las víctimas: “Estamos pensando en las víctimas desde el comienzo. Son el centro de la solución del conflicto. Aprobamos una ley para reparar a las víctimas. Lo hicimos porque 50 años de guerra abren muchas heridas y si queremos tener paz en el largo plazo esas heridas hay que sanarlas”.

González destacó la importancia que tendría el fin definitivo del conflicto en el desarrollo de Colombia y sostuvo que uno de los temas más difíciles en el futuro va a ser la justicia, es decir, qué hacer con los guerrilleros que han cometido tantos delitos pero están dispuestos a aceptar la paz. “La justicia no puede ser un elemento que niegue la paz. Estamos negociando bajo el paraguas de la Corte Penal Internacional y nos están mirando con lupa. Tenemos que ser realistas. No vamos a negociar algo que no apruebe el pueblo colombiano, no va a haber impunidad. El meollo es cuánto de justicia. Dónde traza uno la raya entre justicia y paz. Ese el problema, pero tenemos que ser prácticos y realistas”.

Sobre su distanciamiento con su antecesor en el cargo, el expresidente Uribe, Santos ha sido muy claro: “Si nos estamos reconciliando con las FARC, ¿cómo no me voy a reconciliar con Uribe el día de mañana?”.

“Me preocupa que cometan algún acto de irracionalidad, un atentado, que haga imposible continuar, que haga explotar en mil pedazos el proceso”, dijo Santos. Pero sobre todo le preocupan las víctimas: “Estamos pensando en las víctimas desde el comienzo. Son el centro de la solución del conflicto. Aprobamos una ley para reparar a las víctimas. Lo hicimos porque 50 años de guerra abren muchas heridas y si queremos tener paz en el largo plazo esas heridas hay que sanarlas”.

 

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