La crisis del capitalismo no tiene salida con el ajuste

Los EE.UU. intentan descargar el peso de la crisis económica sobre los países periféricos como la Argentina. El problema es que la salida por el camino del ajuste, que es el método que intentan imponer, no tiene contención social. Así lo señala en este reportaje el economista argentino Mario Rapoport, quien además plantea la necesidad de cambiar la Ley de Entidades Financieras, legislación que viene de la dictadura, y la Ley de Inversión Extranjera.

La salida de la crisis y la vía del ajuste económico (EDITAR)

Cecilia Escudero – Debate (Argentina)

El economista e historiador, director del Instituto de Estudios Históricos, Económicos, Sociales e Internacionales del Conicet, Mario Rapoport, examina en su último libro, En el ojo de la tormenta, las principales problemáticas que ilustran la crisis que atraviesa el capitalismo global y que abren interrogantes a futuro. Asimismo, este experto en historia económica y relaciones internacionales articula el análisis del contexto internacional con los principales dilemas que componen la historia económica argentina y que se proyectan hasta la actualidad. “En la historia de las crisis del capitalismo, está demostrado cómo Estados Unidos siempre descargó sus crisis sobre otros países, como los periféricos”, advierte en esta entrevista.

Academia

Licenciado en Economía Política en la UBA y doctor en Historia en la Universidad de París I-Sorbona.

Conicet

Investigador superior y director del Instituto de Estudios Históricos, Económicos, Sociales e Internacionales.

Galardón

Ha recibido diversos premios y distinciones, como el Premio Bernardo Houssay y el Premio James Alexander Robertson Memorial.

Libros

Entre sus últimas obras, se encuentran Las grandes crisis del capitalismo contemporáneo y Argentina-Brasil. De rivales a aliados.

– ¿Qué objetivo persigue en su último trabajo?

– En buena medida, desarrollar una crítica a las teorías económicas predominantes. Porque no hay que perder de vista que las tendencias historiográficas no son neutras sino que responden a los intereses de cada época. Con su teoría, Adam Smith defendió los intereses de una burguesía industrial naciente. David Ricardo, al criticar las rentas artificiales de la aristocracia terrateniente, o Marx, al defender a los trabajadores explotados, respondían también a determinados intereses. En una palabra, la economía es esencialmente política, aunque a ambas palabras se las haya disociado. En la crisis del 30, Keynes refuta las teorías clásicas, que postulaban que el capitalismo llega a un equilibro de mercado. Frente a la debacle económica, Keynes propuso políticas activas por parte del Estado, referidas al gasto público, entre otras. Se creó así el Estado de Bienestar. 

– A diferencia de aquella crisis, actualmente se busca una salida por la vía del ajuste. ¿Por qué la diferencia?

– El trauma de la crisis del 30 abrió paso a la construcción del Estado de Bienestar. Asimismo, hay que tener en cuenta que el capitalismo obtuvo un respiro con la muerte de 40 millones de personas durante la Segunda Guerra Mundial. Pero lo más importante es que, en la crisis del 30, la opción por el Estado de Bienestar respondió a que, por entonces, el socialismo se erigía como una alternativa a la economía de mercado. Entonces, también estuvo sustentado en razones geopolíticas.

“Estados Unidos tiene varios estados en quiebra. Sin duda,

el capitalismo sigue en crisis”

– Hasta que comenzó su decadencia…

– Posteriormente, a medida que se fueron recomponiendo las economías europeas y asiáticas, empezaron a producirse procesos inflacionarios. Ya en los setenta, aparecen los economistas que estaban escondidos, como Friedman y Von Hayek, que ponderan la libertad de mercado. Ellos argumentan que, en realidad, el objetivo central de la política económica no debía ser el pleno empleo, como quería Keynes, sino detener la inflación. Esto, evidentemente, beneficia a los sectores capitalistas, quienes pretenden que la inflación sea cero. En el contexto de la globalización financiera, esto les garantiza la rentabilidad de sus inversiones, especialmente en el exterior. De ahí la convertibilidad en la Argentina. Friedman planteaba que la emisión monetaria generaba inflación, algo que era falso, ya que, por entonces, esta se producía por razones políticas. Por lo tanto, partía de una base falsa de análisis. 

– ¿Cómo explica este proceso la crisis actual?

– Las políticas económicas neoliberales transformaron el mundo. Con el tiempo, el predominio del sector financiero sobre el productivo produjo una serie de crisis. En México, en 1982; en los países asiáticos, en 1997; en Brasil, en 1999; en Argentina, en 2001. Y muchísimas otras hasta la crisis más grande de 2008. Se produce, en buena medida, debido a la búsqueda desenfrenada de rentabilidad financiera, mientras la gente común vivía del tarjeteo, de los créditos, de ilusiones falsas. Cuando explotó este estado de cosas, significó una enorme estafa. 

– Desde el estallido de la crisis, ¿Estados Unidos parece repuntar mientras Europa sigue estancada?

– No estoy tan seguro de que sea así. Creo que Estados Unidos es una bomba de tiempo, pero cuenta con la ventaja de tener la moneda universal, aunque ya antes de la crisis se había puesto en cuestionamiento la preeminencia del dólar como divisa internacional, en una tendencia que puede continuar. China lo ha planteado muchas veces y ha actuado en consecuencia en términos comerciales. 

-¿Cómo evalúa la presión del dólar sobre el valor de las monedas de América Latina o los mercados emergentes en los últimos meses?

– En la historia de las crisis del capitalismo, está demostrado cómo Estados Unidos siempre descargó sus crisis sobre otros países, como los periféricos. No es nada novedoso. Siempre buscó la manera de hacer esto, ya sea mediante las tasas de interés o bien a través de los bancos, como ocurrió con el Plan Brady. De todas maneras, estas maniobras tienen éxito hasta cierto punto. Estados Unidos tiene varios estados en quiebra. Sin duda, el capitalismo sigue en crisis. Como saldo, los bancos se salvaron a costa de los Estados, y los contribuyentes pagaron dos veces. El problema es que la salida de la crisis por el camino del ajuste no tiene ningún tipo de contención. Es el método que se impone. 

1876

Vicente Fidel López promovía el proteccionismo frente al proyecto liberal.

1970 

Friedman y Von Hayek promovieron la ortodoxia liberal para enfrentar la crisis.

2008 

Se desata la crisis mundial, luego de una larga serie de estallidos, como en México en 1982.

– ¿Cómo interpreta las relaciones entre este escenario internacional y el proyecto nacional?

– El problema es que tenemos el enemigo adentro. En este sentido, nunca pensé en la idea del imperialismo como un hecho externo, es en realidad un hecho externo e interno. Se duerme con el enemigo. El sector agroexportador no quiere ceder. En realidad, se trata de un conglomerado de intereses de los sectores exportadores, financieros e, incluso, industriales. Ahora bien, en la medida
en que ese sector tenga beneficios extraordinarios es posible, mediante un sistema de retenciones, transferir ingresos a otras áreas para diversificar la economía. De lo contrario, se puede pensar que, a la larga, se producirá una situación social insostenible, tal como está ocurriendo hoy en Europa. Por caso, en España hay un 25 por ciento de desocupación. 

– En este contexto, ¿cómo juega el tipo de cambio?

– La Argentina tiene un problema que, tal como lo definió el ingeniero Marcelo Diamand, podría ser considerado como un desequilibrio cambiario. Quiere decir que el tipo de cambio del sector exportador es muy diferente al del sector importador. Porque el primero tiene ventajas comparativas en el mundo, y puede vender sus bienes a precios mucho menores, por lo que su rentabilidad es muy grande. No ocurre lo mismo con los industriales. Con todo, un proyecto nacional propiamente dicho debería incluir a toda la población. Significaría que la gran mayoría de los 40 millones de habitantes pueda conseguir empleo, que no haya pobreza, etcétera. El problema es que un modelo agroexportador garantiza eso para diez millones de personas. Ese fue siempre el gran tema del país y lo seguirá siendo. Ya lo planteaba Vicente Fidel López en 1876 durante el debate por la Ley de Aduanas. Él defendía una política proteccionista frente al proyecto más liberal. Decía que había que crear industrias, transformar la materia prima, promover otro tipo de actividad económica, más allá de la agropecuaria. 

– ¿Cuál es el techo para el desarrollo de la industria?

– El techo es quizá doble. Uno objetivo, por la estructura desequilibrada. Y otro subjetivo, porque los industriales no implementan las políticas adecuadas. Tenemos la desgracia de no tener una burguesía industrial, como en Brasil. Aquí los industriales no llevan a cabo aquellas políticas que implicarían dar un salto cualitativo en su actividad. La burguesía industrial argentina históricamente es muy débil, una parte de ella está relacionada con el sector agropecuario, el sector externo, y en general tiene actitudes rentísticas. No les importa demasiado invertir aquí, sino fugar capitales. Quiero decir que no es una burguesía verdaderamente nacional, como existe en otros lugares. Este es un país muy poco nacionalista. 

– ¿Cómo describe el vínculo de estos sectores con el Gobierno?

– En la última década, los sectores del campo y la industria se beneficiaron muchísimo. Al mismo tiempo, es destacable que mejoró la situación de los asalariados, de los jubilados, bajó la desocupación. También se orientó el gasto público para mejorar la distribución del ingreso. Por este tipo de medidas, es que este no es un gobierno del establishment, que desde ya no aumentaría el gasto porque ello significa una traslación de ingresos a otros sectores, afectando las rentabilidades. Sin embargo, se tendría que haber tomado medidas más audaces todavía para que haya un cambio en la estructura productiva más efectivo. No se tomaron porque hay límites, tanto propios como impuestos por el propio sistema político, como fue el golpe con respecto a las retenciones. No es simple cambiar las cosas en la Argentina.

Avancesy retrocesos

– ¿Cómo evalúa las últimas medidas en materiae conómica?Algunas voces plantean un “retroceso” de ciertas premisas del modelo.

– Creo que el Gobierno sí tuvo que ceder frente a las exigencias de ciertos sectores económicos, porque hubo una corrida cambiaria comparable a la ocurrida en la época de Raúl Alfonsín y que causó, por entonces, una inflación del tres mil por ciento. Hubo retrocesos, evidentemente. Es claro que el Gobierno cometió errores previos, como haber permitido que se fugaran, en una primera etapa, 61 millones de dólares, hasta que se dieron cuenta y pararon la sangría. Otra cuestión es que no se cambió la Ley de Entidades Financieras, legislación que viene de la dictadura. Lo mismo puede decirse de la Ley de Inversión Extranjera. 

– En este contexto, ¿cómo influye el sector externo?

– En general, los términos del intercambio, la relación entre las exportaciones y las importaciones fueron siempre desfavorables para la Argentina. Entonces eventualmente ocurría que, en la medida en que los precios industriales eran mayores que los de los commodities, el sector agropecuario, en un momento dado, alertaba que no podía exportar más para obtener divisas si no se devaluaba. Así se producen las grandes devaluaciones de nuestra historia económica. Que también vinieron de la mano de una terrible inflación, cosa que no está ocurriendo hoy, pese a que el actual índice puede ser relativamente alto. Porque no hablo ya de la hiperinflación; sin ir muy lejos, en toda la época de Martínez de Hoz había una inflación normal del 150 por ciento.

 

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