La corporación empresarial contra el pueblo

Paraguay

La población campesina e indígena es desplazada de sus territorios a las ciudades ante la avanzada cada vez más voraz de las fronteras agrícolas. Para ello se utilizan todos los recursos del Estado en defensa de transnacionales. Los desterrados malviven en las urben trabajando de 12 a 14 horas diarias. Son muchos los que cuestionan el modelo, pero la guerra es desigual.

E'a

Julio Benegas Vidallet – E’a (Paraguay)

El país no solo está en emergencia. Está en un cuadro de guerra territorial que tal vez en el tiempo se comprenda su magnitud. Esta guerra es desigual por donde se la mire.

Consiste básicamente en desterrar a toda población, campesina e indígena, de sus territorios y arrinconarla en ciudades donde el horror y la paranoia han aislado el espíritu, el humor y el corazón. Para eso, hace rato, y ahora con una vocación y fuerza tormentosas, se utilizan a las fuerzas públicas, con jueces y fiscales incluidos, en favor de esta reconquista que peligra exterminar el mundo rural tal como lo conocíamos.

La guerra es muy desigual. En Canindeyu, San Pedro, Concepción, Caaguazú, Caazapá, Itapúa, Alto Paraná, hay un avance del monocultivo de la soja transgénica sin respetar una sola ley medio ambiental. Arrasan todo.

Ya ocuparon plenamente 3.200.000 hectáreas.

Parecida cuestión está ocurriendo con el arroz, secando humedales y cauces hídricos en Ñeembucú, Cordillera y Misiones. Sin licencias, sin control, con dictámenes medioambientales de “oficina”.

Nuestra gente desterrada del campo se embute en ciudades donde malvive con 12 a 14 horas de trabajo, en compra venta en su mayor parte. Es lo que deja el modelo reexportador: eso de traer todo de afuera, dejar algo en el país y reenviar a mercados vecinos, sean éstas mercaderías “legales o ilegales”.

En esa guerra se reciclan discurso estronista y neoliberalismo transnochado que, luego de varias décadas, pero ya con casi todo el territorio despejado, entra en crisis. En el discurso.

Alguna gente reproduce este discurso creyendo defender un falso bienestar. Frases como “zurdos de mierda” aparecen en la boca de gente que cree haber recuperado todo el poder para agredir cualquier diferencia.

“Es mucha la gente que cuestiona la matriz del modelo: la exclusión, aunque los medios comerciales nos sigan entreteniendo con morbo, miedo y colalest. Pero, por ahora, la guerra es muy desigual. Toda la corporación empresarial, en uso irrestricto del Estado, contra el pueblo”

Sigue creyéndose que con cucos stronistas la gente retrocederá en reclamar lo que es suyo: una vida digna.

Pero esos cuentos de que si te movilizás contra las fumigaciones del campo sos un haragán o un retrasado -recreándose en la barbarie la idea del progreso-, ya no bastarán y de hecho que ya no bastan.

Es mucha la gente que cuestiona la matriz del modelo: la exclusión, aunque los medios comerciales nos sigan entreteniendo con morbo, miedo y colalest.

Aunque nos digan, una y otra vez, que en los territorios del Norte, donde dominan los sojeros y los narcoganaderos, hacen de la suya únicamente los del EPP.

Pero, por ahora, la guerra es muy desigual. Toda la corporación empresarial, en uso irrestricto del Estado, contra el pueblo. Ni más ni menos.