La civilización del despojo

Latinoamérica y El Mundo

La velocidad del constante avance tecnológico y la relación capital-trabajo-naturaleza, se traducen hoy en una dominación fragmentada bajo el disfraz de la unificación financiera del mundo. Entre la competencia y la innovación, y los monopolios y el amiguisimo, el capitalismo atraviesa un proceso de transformación, donde los trabajadores se ven afectados.

Trabajo agrario manual - Foto: ArchivoAdolfo Gilly y Rhina Roux – La Jornada (México)

Hemos entrado en una nueva época del capitalismo o, en otras palabras, de la relación capital-trabajo-naturaleza como la dominante en la civilización global que define el modo de existencia de las sociedades humanas en el siglo XXI.

No podemos abordar su descripción, investigación y leyes de movimiento como si se tratara de la implantación, sobre relaciones sociales preexistentes, de un modelo económico o de un conjunto de políticas públicas denominadas neoliberales, en el mismo sentido en que a mediados del siglo XX se podía hablar de políticas keynesianas dentro de los marcos de la organización y de las relaciones entonces existentes en los Estados y sociedades capitalistas.

Se trata de una forma nueva de la relación humana de dominación y subordinación: la dominación universal del mundo y el mando de las finanzas –el capital financiero global– sobre las sociedades y las economías cualesquiera sean sus diversas culturas, formas y grados de organización y desarrollo; los diferentes capitales y productos; las relaciones con la naturaleza; los sistemas políticos y estatales; las configuraciones heredadas y actuales de esas sociedades.

” Una inmensa humanidad está ante la destrucción o la degradación de sus mundos de la vida, su herencia material: tierras, aguas, aire, caminos, ciudades, pueblos, barrios, bosques, vida vegetal y animal; y su herencia inmaterial civilizatoria de relaciones humanas: solidaridades, culturas, creencias y afectos. A esta nueva transformación la denominamos la unificación financiera del mundo “

Todas las otras formas de existencia y reproducción del capital y las otras relaciones subsistentes por supuesto no desaparecen. Quedan subordinadas a la forma financiera y subsumidas en su dominación planetaria, todavía en expansión. Ésta domina, modifica y subordina las sociedades y las vidas humanas, sus relaciones internas y externas, sus modos de vivir, de esperar y de imaginar, sus relaciones con la naturaleza, el planeta y el universo como realidad dada, pensable y alcanzable.

Vivimos un mundo nuevo, turbulento y expansivo, pero no un mundo feliz. Pleno de conflictos y sujeto a amenazas sin precedentes sobre su existencia misma, y pleno de desdichas por la destrucción de antiguas costumbres, solidaridades, seguridades y rutinas; este mundo se presenta también como una promesa de disfrute –hoy negado– de sus fantásticos descubrimientos, invenciones y posibilidades de goce ya presentes.

En el mismo tiempo y momento de tal visión y tentación, en apariencia alcanzable, ella se alza ante la inmensa mayoría de los 7 mil millones de seres humanos como la negación y la privación de esa plenitud de vida y disfrute. Una inmensa humanidad está ante la destrucción o la degradación de sus mundos de la vida, su herencia material: tierras, aguas, aire, caminos, ciudades, pueblos, barrios, bosques, vida vegetal y animal; y su herencia inmaterial civilizatoria de relaciones humanas: solidaridades, culturas, creencias y afectos.

A esta nueva gran transformación la denominamos la unificación financiera del mundo: una sola dominación (fragmentada ella misma) sobre todas las demás inmediatas y existentes, y por necesidad mediada por ellas; un mando universal y abstracto –cósico, según los términos de Bolívar Echeverría– sobre todos los demás mandos, un mando inasible, despótico y material sobre las sociedades humanas.

Se trata de un mando dividido por desgarramientos y conflictos violentos entre quienes lo detentan, las diferentes fracciones (nacionales y territoriales) de las finanzas y sus ejércitos; y ejercido por reducidas élites del dinero y del poder, dueñas de armas que por primera vez vuelven pensable y posible la destrucción de la especie humana y de otras múltiples formas de la vida sobre el planeta.

” El trabajador mundial en formación va adquiriendo y refinando, […] una nueva sutileza en la creación de inéditas formas de costumbres en común, conocimientos compartidos, organización, solidaridad, resistencia y rebelión. […] El trabajador mundial en tanto humanidad unificada no es una utopía. Es un proceso secular propio de esta civilización “

Una sola dominación, pero dividida por intereses contrarios e inconciliables; ejercida sobre una sola humanidad, pero desgarrada por creencias e intereses, naciones y etnias, despojos y migraciones. De ese curso universal de nuestros días y de su expresión en la sociedad y el Estado en México tratan los siete ensayos trabajados en colaboración y reunidos en este libro: El tiempo del despojo.

En este proceso de unificación bajo el mando universal de las finanzas anotamos también la obligada, paulatina y turbulenta conformación de un nuevo sujeto histórico, el trabajador mundial:

El trabajador mundial en formación va adquiriendo y refinando, en duras luchas por su afirmación y existencia, una nueva sutileza en la creación de inéditas formas de costumbres en común, conocimientos compartidos, organización, solidaridad, resistencia y rebelión.

La rebelión de las mujeres contra la dominación masculina, con rasgos diferentes según sociedades y culturas pero perfil similar en cuanto estado de protesta e insumisión creciente y generalizada contra el estado de cosas existente es parte de este proceso; y en casos o momentos específicos es, también, el rasgo dominante.

El trabajador mundial en tanto humanidad unificada no es una utopía. Es un proceso secular propio de esta civilización. Está en formación en las grandes e incontenibles migraciones y en las maravillas científicas y tecnológicas, mientras al mismo tiempo el planeta bordea la catástrofe bélica y la destrucción ecológica. (…) Para percibirlo basta abrir la ventana, recorrer los caminos y aguzar la mirada y los sentidos.

” La opresión creciente; […] el despojo de legítimos derechos y bienes materiales y espirituales; la destrucción de la naturaleza, nuestra casa común en el planeta; la memoria de los antepasados oprimidos; la imaginación y el deseo del disfrute ya posible y hoy negado, invitan y convocan a organizarse en autonomía y libertad “

Al final del escrito inicial de este volumen registramos:

Nada fue fácil antes, nada lo será mañana. Venimos del gran desastre universal del fin del siglo XX, el que consolidó e hizo más feroces a los nuevos y a los antiguos ricos de la tierra, el que engendró también las nuevas furias de los antiguos y los modernos condenados de la tierra.

La opresión creciente; los pactos y complicidades entre los poderosos y sus gobiernos; el despojo de legítimos derechos y bienes materiales y espirituales; la destrucción de la naturaleza, nuestra casa común en el planeta; la memoria de los antepasados oprimidos; la imaginación y el deseo del disfrute ya posible y hoy negado, invitan y convocan a organizarse en autonomía y libertad.

Hay un tiempo para la ira y un tiempo para la esperanza. La ira conduce a indignarse, a organizarse y a separar los oprimidos de los opresores cualesquiera sean sus colores, sus promesas o sus vestimentas. La ira exige razonar y organizarse en justicia, libertad y autonomía. Este es el tiempo de la indignación y de la ira. Después de la ira viene la esperanza.

” En el mu
ndo de hoy razonar con lucidez y obrar con justicia conduce a la indignación y el fervor, allí donde se nutren los espíritus de la revuelta. Pues el presente estado del mundo es intolerable y si la historia algo nos dice es que, a su debido tiempo, no será más tolerado. Que así sea, será en su tiempo nuestra esperanza “

Y estas líneas cierran el último escrito:

En el mundo de hoy razonar con lucidez y obrar con justicia conduce a la indignación y el fervor, allí donde se nutren los espíritus de la revuelta. Pues el presente estado del mundo es intolerable y si la historia algo nos dice es que, a su debido tiempo, no será más tolerado.

Que así sea, será en su tiempo nuestra esperanza.

Universidad Autónoma Metropolitana (Xochimilco), 22 de octubre de 2015.

León Bendesky – La Jornada (México)

A raíz de la crisis financiera, y con un retraso claro, han aparecido en la escena política algunas fuerzas que mantienen una posición que de modo complejo representan alguna forma contestataria del funcionamiento del capitalismo. Una reacción al sistema sustentado en los enormes flujos de capital, el endeudamiento de gobiernos, empresas y familias, el gran poder de las instituciones financieras, el carácter oligopólico de muchas industrias, junto con mayor desempleo y subempleo y una creciente desigualdad social.

De modo somero esto puede ilustrarse, entre otros, con los casos de Syriza en Grecia, Podemos en España, Corbyn en el laborismo británico y, si se extiende esta noción, puede caber hasta Bernie Sanders entre los demócratas estadunidenses (con el antecedente tal vez de Ocupa Wall Street). El derrotero de cada uno de ellos es distinto y se puede seguir en los acomodos, en ocasiones muy profundos, que tienen que hacer al radicalismo que representan y en las campañas electorales que están hoy en curso.

En ninguno de estos casos se advierte una competencia decisiva con el entorno político y técnico burocrático que prevalece y que no deja de enmarcarse en el proyecto de raíz neoliberal. Este último apenas se ha modificado y de un modo que no representa un cambio decisivo del statu quo, a pesar de los embates de la propia crisis en materia monetaria y fiscal y de las consecuencias de los fuertes ajustes presupuestales que, como ocurre en Europa, han llevado a un reacomodo del proceso de unificación y un renacimiento del nacionalismo cada vez menos contenido.

“A raíz de la crisis financiera, y con un retraso claro, han aparecido en la escena política algunas fuerzas que mantienen una posición que de modo complejo representan alguna forma contestataria del funcionamiento del capitalismo. […] sustentado en los enormes flujos de capital, el endeudamiento de gobiernos, empresas y familias “

En materia de las políticas económicas que se aplican de modo general, la variaciones son muy escasas y los organismos internacionales como el FMI y la OCDE no tienen ningún gen evolucionista visible. El proyecto dominante a escala global aparece aún con bastante resistencia.

La revista The Economist se alinea, consistentemente, con un concepto propuesto por J. A. Schumpeter en su libro Capitalismo, socialismo y democracia, publicado en 1942. Se trata del proceso de destrucción creativa que incita la dinámica de este sistema de producción. Es la incesante renovación de los procesos y de los productos que sustituyen a los que se agotan o se hacen obsoletos (en muchos casos de modo premeditado). Este mecanismo se asocia con las tendencias de crecimiento económico de largo plazo y, también, con las fluctuaciones cíclicas y, sobre todo, con el mercado de insumos, capitales y, por supuesto, de trabajo.

De ahí que la revista británica ahora hable de un capitalismo bueno y otro malo. El bueno tiene que ver con la competencia y la innovación y el malo con los monopolios y el amiguismo. Más allá del esquematismo demasiado facilón de esta propuesta, existen, por ejemplo, sectores como el de la microelectrónica y las tecnologías de la comunicación, en los que se ha abierto un espacio para la entrada de nuevas firmas.

” Se puede reconocer la transformación que significa en la vida cotidiana la innovación y la destrucción creativa, sin renunciar a los conceptos y teorías que son observaciones útiles y necesarias para cualquier análisis que rebase el entusiasmo a ultranza. Se admite que el cambio […] provoca ansiedad y resistencia “

Pero incluso ahí se advierte una clara tendencia a la concentración, como pasa en las grandes como Microsoft y Apple o con Facebook y Google, que se apropian de los rendimientos y las rentas, aunque ciertos innovadores en varias partes del mundo ganen a veces mucho dinero con la creación de algunas aplicaciones. Ese proceso de concentración y centralización del capital que formuló Marx sigue siendo la norma a lo largo del espacio productivo y de financiamiento.

Y qué decir entonces de la propensión al oligopolio tan clara siempre y, cada vez que se puede, al monopolio, que sigue siendo la norma. Y el amiguismo que continúa en pleno auge. Todo esto no es una queja, mucho menos indica nostalgia alguna. Se puede reconocer la transformación que significa en la vida cotidiana la innovación y la destrucción creativa, sin renunciar a los conceptos y teorías que son observaciones útiles y necesarias para cualquier análisis que rebase el entusiasmo a ultranza.

Se admite, entre los que proponen una adaptación y renovación posible del capitalismo, que el cambio que aparece tan vertiginoso en ciertos sectores de la producción y en su impacto sobre las formas de consumo, provoca ansiedad y resistencia.

Un ámbito en el que esto sucede de manera ostensible es el del trabajo. Las habilidades de los trabajadores cambian rápidamente y segmenta aún más el mercado laboral y los ingresos. La necesidad de trabajadores se reduce. The Economist señala que hace diez años Blockbuster tenía en Estados Unidos 9 mil tiendas y 83 mil empleados. Netflix emplea solo 2 mil personas y renta su poder de computación y señal de video a Amazon. Un estudio de la Universidad de Michigan muestra que mil 200 empresas que se han hecho públicas en ese país han creado cada una menos de 700 empleos en promedio alrededor del mundo desde el año 2000”.

” Sobra la gente. Se desvanece la seguridad en el empleo y de ahí el acceso a los beneficios sociales […] La informalidad y la marginación no son cosas del azar. Si la estabilidad macroeconómica y el progreso tecnológico dejan de ser compatibles con la estabilidad social, constituyen un quiebre cada vez más amplio de la estructura social “

Sobra la gente. Se desvanece la seguridad en el empleo y de ahí el acceso a los beneficios sociales como la salud, la vivienda y las pensiones.

Ese es el precio, se dice, de las fuerzas que impulsa el capitalismo bueno; el precio que se paga por la prosperidad. Pero habría que aclarar cómo se mantendrá el acceso a dicha prosperidad para una creciente parte de la población, empezando por los jóvenes y siguiendo con aquellos que quedan desplazados de la demanda de trabajo. La informalidad y la marginación no son cosas del azar.

Si la estabilidad macroeconómica y el progreso tecnológico dejan de ser compatibles con la estabilidad social, constituyen un quiebre cada vez más amplio de la estructura social.

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