La ciudad del duelo

Argentina 

Los cuatro años que se esperó que despertara no anticipaban buenos resultados, pero siempre estaba la oportunidad del milagro. Ahora esta pérdida golpea al rock argentino y su ausencia confunde a sus fans que no dejan de llorar al escuchar sus canciones. Él seguirá presente en cada compás porque era un artista único e irrepetible, de esos que no se olvidan. 

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Eduardo Fabregat- Página 12 (Argentina) 

Ambición, audacia, sensibilidad y talento: semejante combinación sólo podía dar como resultado a un artista único, necesario, irrepetible. Aquí no corre eso de que “la muerte embellece”. La cultura argentina, no sólo la música, perdió a un nombre esencial. Algo sabido desde siempre, o desde que se acabó de una buena vez ese prejuicio que señalaba a Soda Stereo como una banda liviana, plástica, insustancial. Desde mucho antes de esta noticia, casi nadie se atrevía a relativizar el peso específico de la obra de Gustavo Cerati.

Es otro golpe en una cadena que enlaza a Miguel, Luca, Federico, Pappo, Luis Alberto: demasiadas pérdidas para el rock argentino, demasiadas canciones que producen un nudo en el alma. En todos estos años, Cerati protagonizó momentos felices de la música en estas tierras, que contagiaron a miles y miles de personas que ayer, ante cada tema que sonó en la radio o en su casa o en sus auriculares, sintieron que un cacho de sus propias vidas desfilaba ante sí. Los sifonazos del ‘83 en Zero o el Einstein, cuando se forjaba una nueva identidad del under; los Obras de Nada personal y Signos, o el Obras al aire libre en plena asonada de Seineldín, la música de Soda como antídoto al temor que flotaba en el ambiente; la noche del diluvio en el show de Tears for Fears de Vélez, preludio del estadio propio de fin de año en una Gira Animal que hizo historia; aquel show en un Trenque Lauquen transido de frío, que terminó con un Cerati alegremente calentado a whisky; los cuartos de millón de la 9 de Julio y La Plata y el escenario blanco y trapezoidal del Rex Mix; la fortísima apuesta de Dynamo en aquellos Obras con toda la vanguardia musical abriendo cada velada; la magia de Bocanada en el Gran Rex, aquel Obras de Ahí vamos con Ricardo Mollo sumándose a una versión inolvidable de “Crimen”; el rostro feliz de Gustavo al presentar el notable Fuerza natural a la prensa en Kika…

“Se sabía que estos cuatro años de angustia no eran un buen signo, pero se soñaba con alguna esperanza rayana en el milagro. Ayer se cerró la historia”

Se sabía que estos cuatro años de angustia no eran un buen signo, pero se soñaba con alguna esperanza rayana en el milagro. Ayer se cerró la historia, pero Gustavo Cerati, creador audaz, hombre alado, nunca temeroso de romper sus propios moldes y abrirse a algo nuevo, sigue y seguirá siendo una presencia ineludible. Pido perdón por la primera persona, usualmente vedada a la práctica periodística: como tantos, voy a extrañar a Cerati. Extrañaré sus canciones, sus conciertos, la espera por un disco; extrañaré las muy buenas entrevistas que se producían con él, que gustaba de pensar y analizar francamente su obra y sus instintos. Lo extrañaré como fan, eso que un periodista también es en la intimidad y despojado de lo objetivo. Para mí, y para millones en esta tierra, despedir a Gustavo es también despedir un poco de nuestras propias vidas. Y encontrar cierto consuelo en la convicción de que, aun así, hay cosas que se quedan para siempre.

 

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Roque Casciero- Página 12 (Argentina) 

La radio pega un tema de Gustavo Cerati con otro de Gustavo Cerati y no puedo menos que sentir alivio, porque el estado de confusión que produce la ausencia –definitiva, irredimible– no me dejaría elegir un modo privado de despedirlo. Y necesito decirle adiós, como tantos millones de personas a las que su música les mejoró la existencia. Por esa vez que entré de casualidad al gimnasio de los bomberos en Bariloche, en 1985, encontré sobre el escenario a tres tipos con raros peinados nuevos y me volaron la cabeza. O por escucharlo hablar con su hijo Benito después de ver Submarino amarillo. Por su rostro de asombro y disfrute en el show de Las Bandas Eternas de Spinetta. O por breves charlas, alguna nota, algún lugar compartido. Necesito decirle adiós en calma, aunque haya lagrimeado cuando finalmente la noticia dejó de ser escrita en potencial. Una locura, si lo pienso en frío: no era mi amigo, aunque lo cruzara bastante seguido, pero su música es parte de la banda sonora de mi vida, como de tantas, tantas vidas. Entonces suena la radio, igual que esa vez en que a Lalo Mir se le ocurrió poner por primera vez un demo de Soda en 9 PM.

Gustavo Cerati estaba presente aun en su ausencia, después del ACV y todo el episodio en Venezuela. Fuerza natural, su último disco, parecía multiplicarse en su novedad: a cada rato nos quedábamos prendados de una canción como si no la hubiésemos escuchado antes, en una vana esperanza de estirar la espera. No queríamos decir en voz alta lo que sabíamos irremediable, sobre todo porque su madre creía en los milagros y ante eso no tenía sentido plantarse con la ciencia como excusa. Esa semipresencia era potente, sobre todo porque sus canciones no envejecían. Algunas tienen la marca de época de los ’80, es cierto, pero hoy pueden ser disfrutadas como Blade Runner: una suerte de retro futurismo que fue modernidad. Y están también las otras, esas que siguen sonando mañana aunque hoy no sea hoy.

“Gustavo Cerati estaba presente aun en su ausencia, después del ACV y todo el episodio en Venezuela. Fuerza natural, su último disco, parecía multiplicarse en su novedad”

Inquieto siempre, se impregnaba de los sonidos que se abrían paso en el rock para devolverlos como parte de un atractivo multitudinario. En el trayecto, dejaba información, datos certeros, mapas de ruta para descubrir otras ideas, otras miradas del mundo, otras concepciones de la música. La amalgama sónica de sus obras siempre fue trabajada, pulida, llevada un paso más allá. Pero sin perder su elegancia de esteta jamás. Y con esa voz. Y esa manera única de tocar la guitarra. Incluso en sus momentos menos interesantes, se plantaba con una calidad que trascendía las nimiedades. Repasar analíticamente sus grandes canciones se hace difícil cuando la mente todavía está tratando de procesar la noticia. Porque, además, no alcanzarían las páginas.

Cerati fue, sin dudas, la más grande estrella de rock salida de este lado del mundo. Su nombre resuena como ningún otro en toda América latina. Del Río Grande para abajo, Soda Stereo cambió tantas cosas que su dimensión abruma. Todo es enorme cuando se piensa en esa banda y en su líder. Y eso es la música popular, también: un mainstream capaz de llevar belleza hasta la cocina donde se lavan platos mejor con “De música ligera” que con los que parecen hacer las canciones de acuerdo a estudios de mercado.

Quizá por eso, hoy la ciudad de la furia es la ciudad de duelo. Por eso, cada uno precisa de la despedida a su manera. La radio pega una canción de Gustavo Cerati con otra canción de Gustavo Cerati. Y está bien. Es como poner un disco eterno.

 

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