Las internas, entre apatía y definiciones

Uruguay

Tras las elecciones internas, dos cuestiones emergen con claridad. Una es la apatía del electorado en estos comicios no obligatorios, a los que asistió entre el 37 y el 38 % del padrón. La segunda es la disputa izquierda-derecha que se plantea con más fuerza tras el triunfo en el Partido Nacional de Luis Lacalle Pou. Ese postulante y Tabaré Vázquez son los favoritos para octubre.

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Editorial – La República (Uruguay)

En primer lugar, se confirmó una tendencia que venía insinuándose desde hace un tiempo y que no es exclusiva de nuestro país: la apatía o el desinterés del ciudadano medio por la política.

La concurrencia a las urnas para elegir al candidato a la Presidencia de cada lema fue menor de lo que se pudo prever en los días previos al acto electoral. La inmensa mayoría de los miembros del cuerpo electoral prefirió dejar en manos de otros (¿los más militantes y comprometidos, tal vez?) la decisión de nominar al candidato único de su partido.

“El desinterés, la apatía, la prescindencia son sentimientos y actitudes enemigas de la democracia; y eso es peligrosamente funcional a las ideologías totalitarias”

Esto puede interpretarse como que al votante medio poco le importa quién será el candidato de su partido pues está dispuesto a votar a ese lema con el que se siente ideológicamente identificado. Sin embargo, esa prescindencia por incidir en la interna de un partido puede llegar a ser más profunda y abarcar, incluso, la elección nacional; habría que preguntarse qué porcentaje de participación tendrían las generales de octubre si estas no fueran obligatorias.

El desinterés, la apatía, la prescindencia son sentimientos y actitudes enemigas de la democracia como sistema político de convivencia; y eso es peligrosamente funcional a las ideologías totalitarias.

Marcelo Pereira – La Diaria (Uruguay)

Los datos gruesos de las elecciones realizadas ayer se pueden leer de dos modos complementarios: como indicadores de tendencias en procesos de largo plazo y como insumos para el análisis de la coyuntura presente. Las perspectivas para las próximas elecciones nacionales, que aún deben tomarse con pinzas, deben considerarse combinando ambas lecturas.

En lo referido a la participación ciudadana, la abstención fue alta y eso dice algo sobre la calidad y el poder de convocatoria de las campañas en los últimos meses, pero también se inscribe en un largo proceso ininterrumpido desde la primera realización de las internas en 1999 hasta ésta, que fue la cuarta. Este dato parece confirmar un creciente declive, en el conjunto de la ciudadanía, del grupo con alto interés en la política que concurre a votar sin obligación de hacerlo.

En cuanto a la relación de fuerzas dentro de los tres mayores partidos, se puede decir que el pleito histórico entre dos grandes maneras de ser blanco permanece, aunque en las internas de ayer y en las de 2009 se haya impuesto, con porcentajes muy similares, la corriente nucleada en torno al Herrerismo. En esta ocasión, con Luis Lacalle Pou a la cabeza, esa corriente desplegó un estilo bastante distinto al que la había caracterizado cuando comandaba su padre, Luis Lacalle Herrera, pero de algún modo estamos ante una “flor nueva de romances viejos”.

“La disputa con el flamante candidato blanco será más asimilable a una contraposición izquierda-derecha que la que se habría producido con Larrañaga, y por ende más movilizadora desde el punto de vista frenteamplista” 

A su vez, la vieja puja entre dos grandes maneras de ser colorado está muy lejos de equilibrarse. Bordaberry ganó con un porcentaje semejante al de hace cinco años, y su fuerte predominio sigue acotando la capacidad de convocatoria global del partido.

En el caso del Frente Amplio (FA), no es políticamente significativo relacionar las tres alternativas de 2009 (José Mujica, Danilo Astori y Marcos Carámbula) con la opción de ayer entre Tabaré Vázquez y Constanza Moreira, pero es interesante señalar que ésta obtuvo una proporción muy similar a la lograda en las primeras internas, realizadas hace 15 años, por Astori cuando compitió con Vázquez. No está nada mal, pero el liderazgo del expresidente sigue alineando a una muy poderosa mayoría, ya sea que se lo desafíe “por derecha” o “por izquierda”.

La competencia entre Vázquez y Lacalle Pou puede plantearse como una contraposición generacional, con una figura en rápido ascenso y otra que lleva un cuarto de siglo en escena. Pero está por verse a quién favorecerá esto ante el electorado uruguayo, si consideramos su perfil demográfico y su escasa disposición al riesgo, en circunstancias económicas y sociales que distan de ser críticas.

La posibilidad de que el FA se vea beneficiado por el conservadurismo no ha de entusiasmar mucho al núcleo duro de esa fuerza política, pero también ocurre que la disputa con el flamante candidato blanco será más asimilable a una contraposición izquierda-derecha que la que se habría producido con Larrañaga, y por ende más movilizadora desde el punto de vista frenteamplista (al igual que la circunstancia de que ambos candidatos de los lemas fundacionales serán impulsores de disminuir la edad de imputabilidad penal). Paradoja.

 

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