La aberrante historia de Paola Guzmán, el caso de violación en una escuela que llegó a la CIDH

Paola tenía 16 años cuando se suicidó el 13 de diciembre de 2002 para frenar el abuso sistemático al que fue sometida por el vicerrector del colegio público al que asistía en la ciudad de Guayaquil. 17 años después, el Estado ecuatoriano fue llevado a la Corte Interamericana de Derechos Humanos para que asuma de una vez por todas su responsabilidad en la muerte de la adolescente, que hoy cumpliría 34 años, pero también en las falencias en la investigación judicial que desembocaron en la prescripción de la causa.

María Fernanda Álvarez, directora de derechos humanos de la Procuraduría General de Ecuador, pidió ante la CIDH disculpas a la madre de la menor, Petita Albarracín, por las “acciones y omisiones del Estado” que permitieron los abusos de la menor y su muerte. Sin embargo, no asumió la responsabilidad total por el esclarecimiento de los hechos. Esta es la primera vez que la Corte asume un caso de violencia sexual contra niñas y adolescentes en el contexto educativo

Paola había tomado 11 pastillas de fósforo blanco para acabar con la tortura que vivía, tras dos años de sufrir abusos sexuales a manos del vicerrector de su colegio en Guayaquil, Bolívar Espín. La adolescente había sido inclusive extorsionada por sexo por el médico del colegio cuando, desesperada, había recurrido a él para someterse a un aborto por un embarazo producto de las violaciones de Espín.

Álvarez reconoció que un mal manejo del caso a cargo de la Fiscalía permitió que prescribiera el proceso penal contra Espín. La adolescente comenzó a ser abusada sexualmente por el vicerrector a los 14 años a cambio de ayuda con sus notas. Después de dos años quedó embarazada y Espín la obligó a abortar. Después, se tuvo que enfrentar también al médico Raúl David Ortega Gálvez, también dentro de la institución pública,

Para peor, Paola no recibió el cuidado médico necesario para salvarle la vida ni siquiera después de haber tomado el veneno. Al llegar a la institución, el personal la obligó a rezar en lugar de prestarle atención médica, y solo tres horas después permitieron que las adolescente murió un día después en la unidad de terapia intensiva de una clínica privada.

La presentación en la CIDH

“El abuso que vivió mi hija lo sabían todos, lo sabía el rector, los profesores, las compañeras y no me dijeron nada”, reclamó Albarracín entre lágrimas ante la CIDH.

La mujer narró también sus infructuosos esfuerzos por buscar justicia. “Hice todo lo posible, fui a la fiscalía, a la dirección de estudios, hubo mucha humillación, no me atendían, botaban los papeles”, se quejó.

Álvarez admitió que el Estado fue omiso en la investigación administrativa, en el proceso penal y en las acciones para impedir que este tipo de práctica se diera en un colegio público. “Como representante del Estado ofrezco a la señora Petita las disculpas públicas por aquellas acciones u omisiones del Estado ecuatoriano que hayan ocasionado violaciones a los derechos de Paola”, expresó Álvarez.

Sin embargo, la Corte criticó la falta de coherencia del Estado ecuatoriano en cuanto a su responsabilidad y le pidió aclararlo en sus alegatos escritos, dado que el pedido de disculpas no incluyó la promesa de esclarecimiento sobre lo ocurrido

Albarracín, por su parte y después de 17 años de lucha, pidió al Estado ecuatoriano “limpiar el nombre de mi hija porque ella fue la víctima. Que pongan mano dura para que no pase lo que vivió mi hija y lo que he sufrido”.

“El violador eres tú”, por Paola

Una veintena de mujeres pidieron justicia este martes en Quito para Paola cantando y bailando “El violador eres tú”, la popular coreografía chilena que se ha extendido por el mundo.

Las jóvenes cantaron y bailaron frente al ministerio de Educación luciendo vendas negras en los ojos, pañuelos con las leyendas “aborto libre” y “vivas nos queremos”.

El grupo replicó en Quito la coreografía del colectivo chileno Las Tesis, que dio la vuelta al mundo para denunciar abusos contra las mujeres. Tras corear “y la culpa no era mía, ni dónde estaba ni cómo vestía… el violador eres tú”, las mujeres gritaron: “por Paola nadie se cansa”.