A la conquista del sol naciente

Latinoamérica y el Mundo

A pesar de los pronósticos agoreros de organismos y consultoras internacionales sobre las perspectivas de crecimiento, Japón no quiere quedar atrás de los pasos que vienen dando China y Rusia en el acceso a los recursos naturales de la región. El primer ministro japonés Shinzo Abe, junto a una delegación de empresarios, recorrió varios países para aumentar su presencia en la economía latinoamericana.

Shinzo Abe - Foto Antônio Cruz (Agência Brasil)

Carlos Álvaro – Capital Madrid (España) 

Japón no quiere ver relegado su papel económico, comercial e inversor en Latinoamérica y el pasado verano escenificó la puesta en marcha de una nueva política hacia la región para ayudar a sus firmas a competir con los socios tradicionales (EEUU, España) y con los nuevos y pujantes actores en el área (China, India, Rusia).

En la pri­mera vi­sita de un pre­mier nipón al área en una dé­cada, Shinzo Abe vi­sitó tres países de la Alianza (Chile, México y Colombia), Brasil y Trinidad y Tobago para am­pliar vínculos con una re­gión pro­vee­dora de re­cursos na­tu­rales y con mer­cados de con­su­mi­dores de cre­ciente poder ad­qui­si­tivo. “Latinoamérica es un socio im­pres­cin­di­ble. Japón quiere dar un paso más, abrir un nuevo ca­pí­tulo en su larga re­la­ción”, dijo Abe.

Ante la ofen­siva de China (que abarca toda la re­gión desde el Mercosur al ALBA pa­sando por la Alianza), de India y de Rusia en Latinoamérica, Japón co­mienza a reac­cionar para no que­darse atrás. Este ve­rano, y casi al mismo tiempo que el líder chino, Xi Jinping, se pre­pa­raba para hacer las ma­letas de re­greso a Pekín tras cul­minar uno de los casi anuales viajes que los lí­deres de Pekín rea­lizan por la re­gión, el primer mi­nistro Abe em­prendía una gira por Latinoamérica acom­pa­ñado de una gran de­le­ga­ción de em­pre­sa­rios y des­ti­nada a acre­centar el rol de su país en las eco­no­mías del área.

En una puesta en es­cena de la lucha por es­pa­cios de in­fluencia en Latinoamérica y por el ac­ceso a sus re­cursos ener­gé­ticos y mi­ne­ra­les, los man­da­ta­rios de China, Rusia y Japón re­co­rrieron en ju­lio-a­gosto un área rica en ma­te­rias primas y muy atrac­tiva para la in­ver­sión. Poco antes de Abe, Xi Jinping es­tuvo en Brasil, Argentina, Venezuela y Cuba fir­mando acuerdos y el pre­si­dente ruso, Vladimir Putin, vi­sitó Argentina, Brasil, Nicaragua y Cuba.

«Japón ob­serva con una mezcla de sus­pi­cacia y de fa­ta­lismo el fuerte avance chino en la re­gión, cons­ciente tanto de la po­tencia arro­lla­dora del gi­gante asiá­tico como del hecho de que Tokio ha ac­tuado con de­jadez en los úl­timos tiempos res­pecto a la re­gión: de he­cho, hacía 10 años que un primer mi­nistro de Japón no vi­si­taba el área, mien­tras que la di­plo­macia eco­nó­mica china rea­liza giras de má­ximo nivel cada año»

En su vi­sita anual a la an­tigua zona de in­fluencia de EEUU, en la que Pekín se cuenta ya entre los grandes in­ver­sores y es el prin­cipal pres­ta­mista, Xi Jinping ofreció 35.000 mi­llones de dó­lares para apoyar el desa­rrollo y las in­fra­es­truc­turas de un área en la que en poco más de una dé­cada China se ha con­ver­tido en actor pri­mor­dial en el pa­no­rama eco­nó­mico, co­mer­cial e in­ver­sor, mul­ti­pli­cando por 20 su in­ver­sión y des­pla­zando y re­le­gando a so­cios tra­di­cio­nales de la zona y sa­cando mucha dis­tancia a sus ri­vales asiá­ti­cos, India y Japón. Además, China y Rusia, dentro del grupo BRIC crearon un banco de desa­rrollo con 100.000 mi­llones para alentar coope­ra­ción y co­mer­cio.

Así las co­sas, Japón ob­serva con una mezcla de sus­pi­cacia y de fa­ta­lismo el fuerte avance chino en la re­gión, cons­ciente tanto de la po­tencia arro­lla­dora del gi­gante asiá­tico como del hecho de que Tokio ha ac­tuado con de­jadez en los úl­timos tiempos res­pecto a la re­gión: de he­cho, hacía 10 años que un primer mi­nistro de Japón no vi­si­taba el área, mien­tras que la di­plo­macia eco­nó­mica china rea­liza giras de má­ximo nivel cada año.

A di­fe­rencia del Gran Dragón, el Sol Naciente pa­recía haber ex­cluido de sus prio­ri­dades a Latinoamérica, más allá de los foros de coope­ra­ción con el Pacífico, algo que Tokio desea cam­biar a mar­chas for­zadas para no perder in­fluencia en un área en la que los tres gi­gantes asiá­ticos no sólo están pre­sentes en las grandes eco­no­mías, Brasil y México, sino que man­tienen vínculos con Mercosur y son ob­ser­va­dores de la Alianza. Y en la que, por ahora, China lleva la de­lan­tera en la ofen­siva.

Hay que re­mon­tarse a 1959 para la pri­mera vi­sita de un pre­mier nipón a Latinoamérica (Kishi) y a 2004 para la se­gunda (Koizumi). Poca pre­sencia a alto nivel para una po­tencia como la ni­pona, y eso que desde los 80 y 90, Japón tiene una no­table pre­sencia de firmas en el área, in­ver­sión que se es­tancó al ra­len­ti­zarse la eco­no­mía. Toyota, Honda, Sumitomo, Toshiba, Mitsubishi, Suzuki, Hitachi, PanPacific Copper, Furukawa Electric, Nissan, Kobe Steel, NEC, Ricoh, Daikin, Jtekt Corp. y Sony están entre los cen­te­nares de em­presas con in­tereses en el área, es­pe­cial­mente en Brasil y México.

Importancia cre­cien­te

Pero la apa­rente des­preo­cu­pa­ción ofi­cial por Latinoamérica ha cam­biado. Según Tokio, “la re­gión ad­quiere una im­por­tancia cada vez mayor para la eco­nomía ja­po­nesa por su cre­ci­miento y re­cursos na­tu­ra­les”. “Latinoamérica tiene una gran pre­sencia en el es­ce­nario global y es un socio im­pres­cin­di­ble”, afirmó Abe, quien des­tacó que “Japón quiere al­canzar nuevos ho­ri­zon­tes” allí y dejó claro que su país ne­ce­sita fi­jarse más en la re­gión.

Japón, que en la re­gión man­tiene es­tre­chos lazos con Perú y Ecuador, dis­pone de una fuerte pre­sencia en México y Brasil y quiere im­pulsar ahora la pro­gre­sión de sus em­presas en au­to­mó­vil, tec­no­logía y ener­gía, sin des­cuidar las in­fra­es­truc­tu­ras, ca­pí­tulo éste úl­timo en el que las firmas ni­ponas as­piran a com­petir y ri­va­lizar con las es­pa­ñolas en los grandes me­ga­pro­yectos que toda la re­gión está lan­zado para re­ducir su dé­ficit en ese ca­pí­tulo. El país asiá­tico tiene TLC vi­gentes con México, Chile y Perú y ne­gocia otro con Colombia

En Brasil, que al­berga la mayor co­mu­nidad ja­po­nesa fuera de Japón (1,8 mi­llones de des­cen­dientes ni­po­nes), y ante la pre­si­denta Dilma Rousseff, Abe se­ñaló que ya es hora de que los dos países ex­pandan su so­ciedad co­mer­cial y sus in­ver­sio­nes. “Con Japón cre­ciendo nue­va­mente, po­demos crecer con otros paí­ses”, sos­tuvo.

En la pri­mera vi­sita de un primer mi­nistro de Japón (el sexto socio co­mer­cial más im­por­tante de Brasil) al gi­gante la­ti­noa­me­ri­cano en una dé­cada, el primer mi­nistro nipón llegó arro­pado por la carta de pre­sen­ta­ción que su­pone el hecho de que bancos ja­po­neses hayan con­ce­dido prés­tamos por 700 mi­llones de dó­lares para au­mentar las ex­por­ta­ciones de soja y maíz y para fa­ci­litar la cons­truc­ción de pla­ta­formas para la cre­ciente in­dus­tria pe­tro­lera bra­si­leña off shore. La pe­tro­lera es­tatal bra­si­leña Petrobras ac­cedió a un prés­tamo de 500 mi­llones de dó­lares del Mizuho Bank para cons­truir pla­ta­formas en aguas pro­fun­das, mien­
tras que Sumitomo Mitsui Banking acordó un prés­tamo de 200 mi­llones para la firma agrí­cola Amaggi.

“Las em­presas ja­po­nesas miran a Brasil con grandes ex­pec­ta­ti­vas”, dijo Abe, quien re­cordó que hay gran in­terés tam­bién en in­vertir en in­fra­es­truc­tura, es­pe­cial­mente en trenes de alta ve­lo­cidad en Sao Paulo y Río y en el metro de la pri­mera de esas ciu­da­des, en cuya cons­truc­ción ya es­taría in­vo­lu­crada una firma ni­pona. Según la Prensa ja­po­nesa, Japón pre­sentó a Rousseff un plan para me­jorar las in­fra­es­truc­turas bra­si­leñas y fa­ci­litar ma­yores ex­por­ta­ciones de grano, además de ofrecer tec­no­logía para cons­truir su­per­pla­ta­formas pe­tro­leras flo­tan­tes. Japón es el sexto socio co­mer­cial de Brasil.

«A di­fe­rencia del Gran Dragón, el Sol Naciente pa­recía haber ex­cluido de sus prio­ri­dades a Latinoamérica, más allá de los foros de coope­ra­ción con el Pacífico, algo que Tokio desea cam­biar a mar­chas for­zadas para no perder in­fluencia en un área en la que los tres gi­gantes asiá­ticos no sólo están pre­sentes en las grandes eco­no­mías, Brasil y México, sino que man­tienen vínculos con Mercosur y son ob­ser­va­dores de la Alianza»

En México, país con el que desde 2005 Japón man­tiene un TLC, y en el que dis­pone de una cre­ciente pre­sencia en la in­dus­tria au­to­mo­triz, es­pe­cial­mente en Guanajuato, Abe apro­vechó la re­ciente re­forma ener­gé­tica de Peña Nieto para firmar un me­mo­rándum de coope­ra­ción para la ex­plo­ra­ción de pe­tró­leo, además de firmar 14 acuerdos de coope­ra­ción en ener­gía, edu­ca­ción, sa­ni­dad, agri­cul­tura, medio am­biente y re­no­va­bles. Japón es el cuarto socio co­mer­cial de la se­gunda eco­nomía la­ti­noa­me­ri­cana, con un in­ter­cambio de 20.000 mi­llones de dó­lares en 2013 y una in­ver­sión de 12.000 mi­llones en los úl­timos tres años, es­pe­cial­mente en te­le­co­mu­ni­ca­cio­nes, au­to­móvil y ener­gía.

En Colombia, y en la pri­mera vi­sita de un pre­mier nipón a una eco­nomía en as­censo con la que Tokio desea pro­mover un en­torno fa­vo­rable para las in­ver­siones ni­po­nas, Abe ana­lizó es­pe­cial­mente con el pre­si­dente Santos el for­ta­le­ci­miento de las re­la­ciones bi­la­te­rales y las po­si­bi­li­dades de un mayor cre­ci­miento de la in­ver­sión en el país. Los man­da­ta­rios ana­li­zaron cómo dar im­pulso a la ne­go­cia­ción para la firma del acuerdo de aso­cia­ción eco­nó­mica que ini­ciaron en 2012.

Colombia y Japón fir­maron en 2011 un Tratado Bilateral de Inversiones que ha con­ver­tido a Tokio en el primer in­versor asiá­tico en el país, según Santos, que llamó a Japón a tener un rol más ac­tivo a través de la Alianza del Pacífico. “Somos eco­no­mías que se com­ple­men­tan”, dijo. El diá­logo, que tocó tam­bién la ad­he­sión de Colombia a la OCDE, coin­cidió con la inau­gu­ra­ción en Palmira por la ja­po­nesa Furukawa de su pri­mera fá­brica de ca­bles de fibra óp­tica en la re­gión an­dina y la ter­cera en Sudamérica.

En Chile, Abe abordó el fu­turo Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP), la am­bi­ciosa área de libre co­mercio con par­ti­ci­pa­ción de 12 países y del que México, Colombia y Chile son miem­bros. La pre­si­denta Bachelet ofreció Chile como “puerta de en­trada” a Latinoamérica para Japón, y Abe re­forzó la re­la­ción con el sector mi­nero e inau­guró la mina de cobre Caserona, la pri­mera ope­rada por ja­po­neses y que per­te­nece a Lumina. En 2011, Japón in­virtió 4.513 mi­llones de dó­lares en Chile, el 90% en mi­ne­ría. Abe y Bachelet im­pul­sa­ron, ade­más, acuerdos de coope­ra­ción cien­tí­fica y tec­no­ló­gica. La em­presa Mitsui se ha aliado con la cu­prí­fera es­tatal Codelco para desa­rro­llar nuevos usos del cobre y tec­no­lo­gías más efi­cientes y sus­ten­ta­bles.

En Trinidad y Tobago, la vi­sita tuvo ma­tices po­lí­ti­cos. Abe, que pro­metió for­ta­lecer la ayuda eco­nó­mica con 15 mi­llones de dó­lares más a los 14 países miem­bros del Caricom, que rea­li­zaban su cumbre du­rante la vi­sita del primer mi­nis­tro, es cons­ciente de que 5 de los 14 so­cios de la co­mu­nidad ca­ri­beña no re­co­nocen a la República China, sino a Taiwán. Y Abe quiere cui­dar­los.

 

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