La intransigencia chilena

Bolivia y Chile

La postura chilena de objetar la competencia del tribunal de La Haya para resolver la demanda de Bolivia por una salida al mar atenta contra el entendimiento de los pueblos. Chile necesita de sus vecinos y sus vecinos de él, en un marco de integración regional en el que la unión ha sido fundamental para proteger las democracias y las economías latinoamericanas.

Pablo Jofre Leal – Telesur (Venezuela)

La presidenta chilena. Michelle Bachelet, en cadena nacional anunció que su gobierno había decidido objetar la competencia de la Corte Internacional de Justicia de La Haya en la demanda presentada por Bolivia argumentando que “nuestra decisión se sustenta en la defensa inclaudicable de nuestra integridad territorial y de los intereses nacionales”, agregando que Chile (su gobierno) defendía lo establecido por el tratado firmado entre Bolivia y Chile el año 1904 y que establecieron los límites que hoy esgrime Chile como inamovibles,  tras la denominada Guerra del Pacífico

Un error garrafal 

El gobierno de Michelle Bachelet comete con esto un error de proporciones y aleja la posibilidad de un entendimiento entre nuestros pueblos. Se argumenta por los expertos chilenos y por extensión de la clase política nacional “la incapacidad del tribunal para revisar tratados previos a 1948” año en que se firma el denominado Pacto de Bogotá. Con ello se echa por tierra la posibilidad de sentarse a dialogar, de “obligar a Chile a discutir sobre la salida de Bolivia al mar” es decir, se echa por la borda el pedido boliviano de discutir seriamente el tema de recuperación de su cualidad marítima. Bolivia solicita y Chile le cierra la puerta, que de buena fe se discuta sobre los derechos expectaticios (un derecho latente no perfeccionado) que La Paz dice tener de Chile, por promesas dadas de discutir una vuelta al Pacífico.

Pero, no me detendré en este trabajo a analizar las razones jurídicas, ni los argumentos sesudos desde el punto de vista de las leyes y de lo que se debe hacer o no frente a un tratado firmado en 1904 y no posterior al año 1948. No me detendré frente a los diplomas, los doctorados en derecho internacional de los agentes que defienden a Chile en La Haya. No caminaré por el argumento manido y que desprecio profundamente que aquí los tratados no se tocan o como lo ha dicho con toda las soberbia que podría tener un Canciller de la República “La puerta de una salida soberana al mar para Bolivia está cerrada para siempre” como lo dijo, sin que le temblara la barbilla el Ministro de Relaciones Exteriores de Chile Heraldo Muñoz. Un mensajero, por tanto, de malas noticias para nuestro vecino.

La demanda presentada por Bolivia en la Haya es inconducente sostuvo el alto funcionario público chileno “la posición de Chile es hoy y ha sido así por mucho tiempo, que Bolivia no tiene derechos y una demanda como la que ha planteado no conduce a nada, probablemente muy larga, muy onerosa para ambas partes. Es una demanda que no tiene sustento jurídico. Uno quizás nunca debería decir nunca pero la posición de Chile hoy y ha sido así por mucho tiempo, es que Bolivia no tiene derechos”.

Para que no quedarán dudas,  que la teoría de las cuerdas separadas  tan arraigada en el seno  de piñerismo no ha salido del ADN de la cartera de exteriores, Muñoz sostuvo  en esa entrevista dada a CNN Chile el pasado mes de junio, cuando se avizoraba que Chile se decantaría por la incompetencia de La Haya que “con Bolivia hay que seguir buscando grado de cooperación, independientes de esta demanda” . Es decir negociar, negociar, ganar dinero, aspirar al gas boliviano y a sus aguas que tanto necesita el norte chileno pero, las puertas al Pacífico están cerradas. Socios sí pero no me pidan que los considere hermanos se lee tras las palabras del heraldo de la presidenta.

“El gobierno de Michelle Bachelet comete con esto un error de proporciones y aleja la posibilidad de un entendimiento entre nuestros pueblos”

En el marco de los vínculos entre Chile, Perú y Bolivia existen asuntos de clara connotación geopolítica, considerados como intransables, sobre todo en el campo de los límites territoriales, sean estos continentales o marítimos, ensombreciendo la búsqueda de las buenas relaciones vecinales. Que error estimada presidenta, que error frente a la posibilidad de buscar el acercamiento con nuestros hermanos bolivianos. ¡Pues sí, son  nuestros hermanos! aunque a la mestiza sociedad chilena, influenciada por décadas de argumentos, de discursos, de conductas de desprecio a nuestros hermanos del norte, les parece mejor mirar el norte brutal y revuelto que nos desprecia a acercar sueños, esperanzas y desarrollo sostenible con aquellos que son nuestros vecinos y con quienes compartimos una historia común.

Entender los procesos actuales de relación entre Chile y Bolivia es remontarse históricamente, es refrendar la máxima que no hay peor ciego que el que no quiere ver y en ello Chile, ha dado palos de ciego en sus vínculos regionales inmediatos y la imperiosa necesidad de solucionar sus querellas. En el caso específico de Perú, parte importante de ese contencioso quedó definido y enmarcado en el dictamen de la Corte Internacional de Justicia de la Haya dado a conocer a inicios de este año. Considerado un fallo de carácter salomónico, ha logrado descomprimir uno de los problemas limítrofes que tenía el Estado chileno, a pesar de su negativa a considerarlo, históricamente, un tema necesario de resolver, bajo el crónico argumento que era un tema netamente jurídico, ya definido y acordado por acuerdos y tratados firmados entre ambos gobiernos.

La decisión de la Corte Internacional de Justicia de La Haya resolvió en el mes de enero del año 2014,  modificar lo que era, hasta entonces, la frontera marítima entre Chile y Perú, mediante una sentencia de carácter inapelable. En una salida jurídica, que para algunos analistas de derecho internacional, sigue la doctrina de la justicia contextualizada,  que siguió la lógica de una salida en que ninguna de las partes puede sentirse enteramente perdedora o ganadora, por ello hablamos de “salomónica”.

Perú consiguió un triángulo exterior que hasta enero del 2014 era enteramente chileno, cuya línea de equidistancia se fijó en las 80 millas náuticas y no en las 200 pretendida por Chile y menos aún se tuvo en cuenta la pretendida insistencia chilena que con respecto a límites y tratados estos eran inmodificables. Bolivia al presentar su memoria en La Haya ha hecho lo que haría cualquier pueblo que ha visto truncado su desarrollo por una mediterraneidad injusta e impuesta a punta de bayonetas y corvos, los mismos que hoy se regalan por participar en competencias de fútbol.

Política de Estado en materia exterior

Cuando en Bolivia el MAS aún definía cuál iba a ser la fórmula presidencial para enfrentar las elecciones del año 2005 – que finalmente le dieron la victoria a Evo Morales – este articulista entrevistó en su departamento de la capital boliviana, a quien sería finalmente vicepresidente: el sociólogo y ex guerrillero Alvaro García Linera quien ante la interrogante sobre el cómo mejorar las relaciones con Chile sostenía “ el mundo innegablemente ha cambiado y ello implica mudar las viejas formas de entender las relaciones entre nuestros pueblos. Relaciones que deben avanzar de manera franca, abierta y honesta y ello obliga a resolver el viejo tema del acceso marítimo de Bolivia. Tema que está inmerso en la identidad cultural de nuestro pueblo.

“Chile tiene una mirada soberbia, de sostener la vista en el norte y tener escasa habilidad y voluntad de solucionar contenciosos en el ámbito vecinal”

El boliviano se define como boliviano a p
artir de las expropiaciones que considera que ha sufrido, tiene una carga histórica victimizada muy fuerte. Pensar que es posible articular relaciones de colaboración, integración y de hermandad entre países que nos necesitamos, soslayando una carga hereditaria tan fuerte, es muy difícil. Hay que avanzar en la integración, paralelamente al reconocimiento de nuestra demanda centenaria y esa señal debe venir de vuestro gobierno, de éste o del que venga”

Para García Linera esa aspiración no cambiará (y no ha cambiado en absoluto desde aquel entonces) y hace imposible integrar a nuestros pueblos sin que ello vaya acompañada de solucionar la reivindicación boliviana  centenaria de recuperar el mar “La posibilidad de integración con Chile en el plano energético, hídrico, económico, político u otros pasa, obligatoriamente, por dar una solución al enclaustramiento marítimo boliviano. No lo ponemos como paso previo a los temas que enumeré, no se trata de no poder hablar sin antes tener salida soberana al mar. Puede ser un trabajo paralelo, con avances simultáneos. Con Chile lo que queremos tener no es una relación entre empresas petroleras transnacionales, sino que una relación de Estado a Estado, de dueños de sus riquezas naturales a otros dueños de sus riquezas. Queremos relaciones con Chile, sin empresas que consideran a los  pueblos donde se instalan, sólo como mano de obra barata. Ya tuvimos la amarga experiencia de los acuerdos del año 2001 iniciados por Banzer y continuados por Tuto Quiroga, asumidos por Sánchez de Losada y que generaron la denominada Guerra del Gas. Eso en Chile lo tienen que recordar y no cometer los mismos errores creyendo que hay que negociar con transnacionales en lugar del Estado Boliviano y en eso seremos inflexibles”.

Las palabras de García Linera, tras nueve años de pronunciadas, están más presente que nunca, concretadas incluso con una presentación ante la corte internacional de Justicia de La haya, mostrando con ello que Bolivia está dispuesto al uso de todos los instrumentos legales de que se dispone para sentar a Chile a la mesa de negociaciones para que “de buena fe se discuta sobre los derechos expectaticios (un derecho latente no perfeccionado) que La Paz dice tener de Chile, por promesas dadas de discutir una vuelta al Pacífico.

Para el abogado e internacionalista boliviano,  Fernando Salazar Paredes este derecho expectaticio más que la idea de un oxímoron definido por algunos cientistas chilenos,  es un  pleonasmo, entendido éste como una especie de redundancia de palabras distintas que sirve para intensificar, resaltar o destacar el concepto que se quiere transmitir. Los derechos expectaticios de Bolivia están librados a la buena voluntad de dos países hermanos, uno más que el otro. Para este intelectual boliviano los derechos expectaticios de su país tienen, por ahora, más validez política que jurídica; son para ser esgrimidos en las negociaciones políticas, no ante una Corte que juzga en derecho; éstos, lamentablemente, carecen de una legitimidad jurídica ‘per se’, aunque sí tienen un valor ilustrativo y de convencimiento de primer orden.

En aquellas fechas, igualmente,  tuve la oportunidad de entrevistar a quien sería pocos meses después el primer presidente indígena de Bolivia: Evo Morales Ayma. En esa ocasión,  Morales expresó su deseo que Chile tuviera un cambio sustancial en la manera de llevar adelante su relaciones con Bolivia. Algo de ese deseo se ha ido cumpliendo. ¿La posición chilena de no ceder en el tema marítimo puede ocasionar un conflicto en la región? pregunté en aquella ocasión,  Evo respondió “Chile tiene miles de kilómetro de costa, nosotros tenemos millones de metros cúbicos de gas y agua. Podemos compartir nuestros recursos naturales pero a cambio de recuperar nuestra cualidad marítima” 

Esas palabras siguen tan vigentes hoy como ayer, a pesar que la propia miopía política de la política exterior chilena y las presiones políticas internas condujeron al gobierno boliviano a dirigir su mirada y sus legajos de documentos a la Corte Internacional de Justicia de La Haya. Es este tipo de miopía lo que hace concluir que Chile tiene una mirada soberbia, de sostener la vista en el norte y tener escasa habilidad y voluntad de solucionar contenciosos en el ámbito vecinal.

“Chile necesita a sus vecinos y estos a Chile. Estamos inmersos en un barrio pequeño, frágil, donde cada uno cumple una función y que puede ser potenciada si el ánimo, la voluntad y el deseo de ser más que uno logra imponerse sobre el chauvinismo, el egoísmo y los conflictos que sólo desunen”

El análisis del primer período de gobierno de Evo Morales y su periplo internacional indicaron, que a inicios del siglo XXI, se convertiría en un gobierno dotado de un nivel de simpatía sin precedentes, con gran interés internacional, ya sea por la amplitud de su política: en materia de cumplir sus promesas respecto a la propiedad de los hidrocarburos o la constitución de una asamblea constituyente, sino también por el origen de su mandatario y su base social de apoyo. De todo este proceso, Chile debía tomar buena nota, pues todo indicaba que el tema de la reivindicación marítima boliviana generaría un vasto campo de apoyo tanto de Estados como de opinión pública mundial. Eso permitirá que Bolivia colocara, como parte de una normalización estratégica de las relaciones con Chile el tema del mar sin condicionarlo discursivamente y eso, desde ya, era dotarse de una nueva política exterior. 

Lo que quieren algunos políticos, aupados con empresarios y sectores militares, tanto en Chile, como en Bolivia y Perú  es simplemente dividir para reinar y eso lo tiene que entender Chile y no seguir con una política económica expansionista, creyendo que las soluciones son sólo monetarias y no políticas. Los gobiernos chilenos deben dejar de lado su actitud egoísta ante sus países vecinos y hermanos. Los conflictos de hoy son producto de nuestra falta de entendimiento, de escalada de declaraciones y acciones que no conducen a nada bueno. En conclusión, Chile no ha tomado nota en absoluto del proceso político vivido en Bolivia en la última década.

La bipolar trilateralidad 

El diseño de construir política interna, con temas de política exterior, suele dar buenos resultados, pero coyunturales. Por un lado, la diplomacia del gas con Bolivia y su apoyo tácito a su reivindicación marítima con Chile, el desarrollo de Camisea en el Perú y el diferendo marítimo encauzado hacia La Haya, son componentes de una misma opereta. Es legítimo que Chile y Perú hayan tenido diferencias sobre un tema tan técnico como es la delimitación de las millas marítimas, como también que Bolivia reivindique su centenaria aspiración de volver al Pacífico, pero constituye un peligroso precedente, que la forma de enfrentarlo se encuentre gobernada por la conveniencia coyuntural de la política interna. Eso genera un cuadro de tripolaridad bipolar, que generalmente termina en episodios de sicosis declarativas y acciones de las cuales solemos arrepentirnos dramáticamente.

Chile debe construir una predisposición nítida clara de buena vecindad, emitir señales respecto a que su agenda exterior es una agenda múltiple, que no excluye ningún tema. Eso implica profundizar los acuerdos comerciales, establecer un profundo acercamiento en los terrenos culturales, intelectuales, de la sociedad civil, de los flujos migratorios, estableciendo leyes más acogedoras y también hablar sobre el acceso boliviano al Pacífico. Por el lado boliviano Evo Morales dio en su momento claras señales lo suficientemente poderosas y positivas que buscaba encontrar una solución al diferendo con Chile, tal vez porque en ello se marque la impronta de su gobierno que incluye la posibilidad cierta de reestablecer relaciones diplomáticas plenas con Chile. Esto a pesar de haber sido un fustigador acérrimo de la política exterior chilena y q
ue sin embargo hoy, en su papel de Jefe de Estado exige otra mirada y otra conducta.ce puntos iniciada con Bachelet – y a la cual se le exigirá en su segundo mandato que se trabaje en ella, al margen de La Haya – o una nueva agenda, que surja hipotéticamente de la cancillería chilena presidida por un hombre con mirada más norte que sur: Heraldo Muñoz. Bolivia sabe, que como nunca antes el tema del mar está unido a factores económicos que no pueden ser soslayados por Chile sin que ello explote de forma catastrófica: gas boliviano, las aguas del Silala y el comercio exterior boliviano que en un 70% transita por puertos chilenos (Arica-Iquique y Antofagasta) que implica un mutuo beneficio,  pero que Bolivia está explotando hábilmente.

Chile necesita a sus vecinos y estos a Chile. Estamos inmersos en un barrio pequeño, frágil, donde cada uno cumple una función y que puede ser potenciada si el ánimo, la voluntad y el deseo de ser más que uno logra imponerse sobre el chauvinismo, el egoísmo y los conflictos que sólo desunen. Mientras no se entienda que tres son más que uno y que la integración política, económica y comercial es posible, necesaria e ineludible, seguiremos anclados en un pasado que se resiste a liberar nuestras mentes y acciones. Seguir pensando como aquel empresario chileno quien sostenía que nuestros vecinos – en especial Perú – no son de fiar, es dar pié para que  los proyectos de integración se queden sólo en el papel y eso es el suicidio para nuestros pueblos. Entre el Mar y La Haya hay puentes que construir y ese es un imperativo.

 

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