Las definiciones del próximo año

Ecuador 

La Alianza PAIS, partido de Rafaél Correa, tendrá una dura prueba por superar para medir el peso de su proyecto político si se aprueban las enmiendas constitucionales impulsadas por los opositores. Con un discurso democrático liberal, que se acerca más a las ideas de la izquierda, la derecha cree tener la posibilidad de ganar por primera vez; pero PAIS sigue teniendo una enorme ventaja. 

Rafael Correa- Foto: http://cdn4.hoy.com.do/

Orlando Pérez- El Telégrafo (Ecuador) 

Si en los próximos días la Asamblea Nacional aprueba, en primer debate, las enmiendas constitucionales se abrirá un período de un año para varias definiciones políticas, sobre todo desde y en el movimiento PAIS. Ya no se trata de una ley o de una medida económica, sino de la política en su más intensa, tensa y compleja expresión. Por tanto, el movimiento en el Gobierno, con amplia mayoría en la legislatura, y en los gobiernos locales tendrá una dura prueba para medir el peso real de su proyecto político.

Si la derecha se activó ahora y busca un reagrupamiento es precisamente porque obtuvo -a causa de la propuesta de enmienda sobre la reelección- la mejor opción para reivindicar un sustento absolutamente liberal sobre la democracia, tal como lo expresan sus líderes más visibles en plena sintonía con la izquierda liberal en todas sus manifestaciones y posturas. Hasta las elecciones de febrero del año que está por concluir, esa derecha no había encantado al país alrededor de propuestas o iniciativas para la política nacional, y por eso apostó por los gobiernos locales. Para volver más compleja la reflexión, ni el mismo Mauricio Rodas calculaba, tras su derrota de febrero de 2013, que tenía una opción inmediata en el terreno nacional.

Ahora, para sorpresa de algunos y reafirmación de otros, lo más importante para la derecha, casi lo sustancial de la democracia, resulta ser la alternancia (de lo cual sorpresivamente se ha hecho eco la llamada izquierda plurinacional). Y con esa única bandera tiene un año para instalarse en el escenario político con todo su aparato mediático aliado. No es cualquier bandera tampoco. No hay modo de minimizar el peso específico que tiene en el debate público.

Lo que no consideran esas derechas e izquierdas liberales es que la alternancia no se reduce, para nada, a una elección presidencial. Como dijo -en un sustancioso artículo publicado en este diario- el legislador Virgilio Hernández, el último 15 de noviembre: “La alternancia es el resultado de un conjunto de disposiciones relacionadas con la existencia de elecciones periódicas y permanentes, la vigencia de partidos políticos, el pluralismo en la participación electoral, el acceso de los ciudadanos a participar en partidos y movimientos y la vigencia de reglas preestablecidas para los comicios electorales”.

Y, por supuesto, ligado a este tema está el otro: decidir las enmiendas, en particular la de la reelección, en consulta popular. Será ese el argumento discursivo, como ya lo ha sido hasta ahora con relativo éxito, de la coalición derecha-izquierdista. Lo hace, además, desde la creencia y convicción que le dan las cifras de las encuestas, según las cuales una ‘abrumadora mayoría’ estaría a favor de una consulta para decidir si se reforma la Constitución en el tema de la reelección, pero no dice si en esa consulta la gente apoyaría esa misma enmienda.

” Ahora, para sorpresa de algunos y reafirmación de otros, lo más importante para la derecha, casi lo sustancial de la democracia, resulta ser la alternancia (de lo cual sorpresivamente se ha hecho eco la llamada izquierda plurinacional). Y con esa única bandera tiene un año para instalarse en el escenario político con todo su aparato mediático aliado “

La pregunta no respondida a profundidad y con tantos argumentos como hacen falta para estos casos es la siguiente: ¿Por qué PAIS no opta por una consulta para las enmiendas constitucionales? Desde la jurisprudencia se ha dicho que la Asamblea Nacional es un poder constituyente derivado. Y es cierto: en ninguna parte del mundo eso tiene dudas, si no los parlamentos no tendrían mucho sentido.

Pero la pregunta, en su dimensión más política, sigue esperando una respuesta de mayor hondura. Mucho más si el peso histórico adquirido por PAIS ha sido por sustentar su legitimidad en la consulta, en la participación electoral de la ciudadanía y en la contraposición del socialismo del Buen Vivir al neoliberalismo con medidas, leyes y cambios de fondo con la amplia acogida popular.

Como estamos por finalizar el año, quizá la distancia permita entender también por qué la respuesta a esa pregunta no adquiere toda la potencia y claridad para imaginar la complejidad de la misma propuesta de la reelección como una salida emergente a una situación concreta en la correlación de fuerzas tras los resultados electorales del 23 de febrero pasado. ¿Solo porque se perdió en Quito? ¿Y si en Guayaquil hay tanto apoyo, como también en otras regiones, no hay -en términos numéricos- buenas opciones de avizorar un resultado favorable si se hiciera una consulta? ¿O es que en el plano estrictamente político una decisión de esta naturaleza está removiendo otros resortes y ejes del sentir político de la ciudadanía, mucho más ahora cuando después de siete años adquirió y avizoró otra mirada sobre esa misma política, en toda su complejidad? ¿O será también lo que ha comentado en este mismo espacio Antoni Gutiérrez Rubí: ¿las audiencias y los electores ya no solo desean expresarse en votos sino en voces? ¿PAIS ‘malacostumbró’ a sus propios electores a que las decisiones trascendentales se tomen en consultas populares?

La derecha no puede arrebatarle al proyecto más exitoso y auténtico una de sus banderas más solventes. Ahí hay un asunto por dilucidar. Obviamente la consulta política no es una herramienta inamovible o única para todos los momentos y temas. ¿La derecha, la que nada consultaba, la que todo imponía, ahora se ha vuelto democrática y deliberativa? ¿Esa izquierda liberal acostumbrada a negociar a espaldas de sus bases y de usufructuar espacios de poder en los gobiernos neoliberales es la que quiere dar clases de moralismo político para justificar el sostenimiento del capitalismo del que dice ser su verdugo?

Como vemos, si todo indica que la Asamblea Nacional aprobará, en primer debate, las enmiendas constitucionales, en particular la que más llama la atención -la de la reelección-, todas esas preguntas o inquietudes podrían estar definiendo la composición, la química y hasta la densidad de la política ecuatoriana, ni siquiera para reducir los índices de pobreza o una mejor y mayor obra pública, sino el modo como se confrontarán las fuerzas, corporaciones y líderes nacionales, pues en los gobiernos locales ya sabemos qué límites y hasta ineptitudes muestran los que perdieron las elecciones presidenciales de febrero de 2013.

” La derecha no puede arrebatarle al proyecto más exitoso y auténtico una de sus banderas más solventes. Ahí hay un asunto por dilucidar. Obviamente la consulta política no es una herramienta inamovible o única para todos los momentos y temas. ¿La derecha, la que nada consultaba, la que todo imponía, ahora se ha vuelto democrática y deliberativa? “

El año que tenemos por delante, hasta que se aprueben o no en segundo debate las enmiendas constitucionales,  constituirá -además- el tiempo para sedimentar algunas de las supuestas contradicciones en el bloque de derecha para diseñar una alternativa con opciones de triunfo para 2017. Y, por supuesto, también para saber hasta dónde el movimiento PAIS procesará todas sus dudas, certidumbres, reacomodos, desajustes, experiencias, talentos, mucho más cuando vive unos procesos
internos democratizadores.

Pero la otra pregunta que queda latente es la que más reflexión obliga: En todo esto, ¿con qué clase de sociedad están dialogando los actores políticos? ¿Es la misma sociedad de 2007 o de 2013? ¿Hay un salto cualitativo en el modo de actuar, pensar, consumir y hasta vivir la democracia tras experimentar casi ocho años de estabilidad, crecimiento y una permanente tensión sostenida por unos medios de comunicación y algunos periodistas que se constituyeron en el escudo y escudero de la derecha y del espíritu neoliberal?

Por lo pronto, no hay certezas sobre este aspecto, hay varios indicadores, muchas cifras y un conjunto de evidencias, pero faltan datos sobre los comportamientos que se han construido en las nuevas audiencias, en los electores más jóvenes y en la misma superestructura, como se decía antes y que bien vale la pena ahora traer a colación.

En consecuencia: el escenario no es fácil para nadie. Hay una enorme ventaja en PAIS por la autoridad política adquirida y por la experiencia en gobernar, de eso no cabe la menor duda. Incluso, siendo una fuerza política hegemónica, las derechas e izquierdas liberales no pueden dar por hecho que tienen el camino fácil o, como dicen algunos de sus más encumbrados voceros: por primera vez en casi ocho años hay muchas opciones de ganar.

Posiblemente estamos ante el futuro más complejo, además, por los derechos adquiridos, el crecimiento económico, los nuevos consumos y audiencias y sociedades mejor preparadas para tomar decisiones reflexivas. Y siendo así, entonces también hay buenas oportunidades para los proyectos más auténticos que puedan nacer en las mismas cabezas de quienes ahora ejercen el poder político.

 

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