La oposición de Uribe a la Paz

Colombia

El ex presidente Álvaro Uribe denunció una “persecución política” en su contra, en medio de la escalada judicial que busca destapar el pasado de abusos e ilegalidades cometidas durante su mandato. Muchos no ven que algunas posiciones suyas son fruto de la coveniencia. El país debe preguntarse a qué se debe su férrea oposición al proceso de paz para que no lo obstaculice.

El ex presidente Álvaro Uribe- Foto: extranoticias.com.co

Daniel Pacheco- El Espectador (Colombia) 

Cuando la entrega de María del Pilar Hurtado amenaza con destapar el pasado de abusos e ilegalidades cometidas con responsabilidad directa del expresidente Uribe, el líder del Centro Democrático responde con ataques contra todo el sistema.

En un videocomunicado, el jefe máximo denunció “una escalada de tortura de Santos” contra Hurtado. El lenguaje, el tono de comandante y la producción paupérrima del video hacen recordar los comunicados de la guerrilla denunciando al imperialismo desde las montañas de Colombia.

No es solo un parecido estético. Aunque desde una orilla de extrema derecha, opuesta ideológicamente a las insurgencias de extrema izquierda a las que nos hemos acostumbrado, Uribe le quita también la legitimidad a todo el aparato estatal (¡Al mismo que él dejó de presidir hace apenas cinco años!).

Un intento por hilar el razonamiento desarticulado de 140 caracteres en el que dispara Uribe podría ser el siguiente: El presidente rompe la separación de poderes para perseguir al uribismo. La justicia sigue órdenes de Santos y judicializa a uribistas “probos” como María del Pilar y Óscar Iván. El Congreso no hace contrapeso porque está comprado por el Gobierno. Y el Gobierno está infiltrado por la extrema izquierda alzada en armas.

La conclusión silenciosa de esta forma de pensar es que toda forma de oposición al sistema es válida. “La energía de las convicciones se conoce mejor en la adversidad que en el buen tiempo”, en palabras del recién instalado rebelde Álvaro Uribe.

El asunto es casi de risa si no fuera porque este ataque contra el sistema tiene un nivel importante de representatividad dentro de la población, incluyendo 20 escaños en el Senado y casi 7 millones de votos en las elecciones presidenciales. Además, este nuevo ataque contra el Estado llega justo cuando el Gobierno está más cerca que nunca de negociar el fin del conflicto armado con las guerrillas de izquierda.

” La conclusión silenciosa de esta forma de pensar es que toda forma de oposición al sistema es válida. “La energía de las convicciones se conoce mejor en la adversidad que en el buen tiempo”, en palabras del recién instalado rebelde Álvaro Uribe “

De ahí tal vez la utilidad de cambiar el lente para mirar al Centro Democrático como una nueva insurgencia. En ese sentido, la solución del conflicto político que está en el fondo de sus ataques no puede aplicar los mismos estándares de justicia o verdad que cuando se lucha, digamos, contra criminales y corruptos.

El nivel de escalamiento verbal y político, además, no presagia sino una posible y funesta escalada hacia la violencia. @isbary25, uno de los soldados en Twitter de esta miedosa causa, responde así a un mensaje de Uribe en el que se queja de persecución política: “@AlvaroUribeVel el pueblo esta contigo lo tocan y Colombia c incendia” (sic).

Parafraseando a Jody Williams, la nobel de paz que se sentó a hablar con De la Calle en el Hay Festival: es una locura pensar en cárcel para Uribe. Pedir esto no es fácil, sobre todo para quienes han sido víctimas de la persecución del pasado gobierno. ¿Pero si hay perdón para unos, por qué no para otros? Así ellos no lo estén pidiendo.

 

Álvaro Forero Tascón- El Espectador (Colombia) 

¿La férrea oposición del expresidente Álvaro Uribe al proceso de paz obedece a una posición de principios o a su conveniencia política personal?

Es necesario que el país responda esa pregunta, porque tiene implicaciones políticas enormes. La oposición apasionada de Uribe al proceso puede llegar hasta a imposibilitar la paz, por vía de proselitismo en contra de un eventual referendo refrendatorio. Ya devolvió la política a los niveles de polarización de la mitad del siglo pasado, cuando Laureano Gómez fustigaba obsesivamente al gobierno liberal con escándalos de malos manejos. Uribe no puede hacer lo mismo porque los escándalos son de su gobierno, pero fustiga a Santos con temas militares y de comportamiento político.

La pregunta no es caprichosa. Está sustentada en revelaciones que muestran que durante su gobierno, Uribe no sólo buscó iniciar un proceso de paz con las Farc, sino que ante la reticencia de la guerrilla, ofreció más de lo que ha concedido Santos. Si la respuesta fuera que lo que busca el expresidente es su conveniencia política personal, se daría lo que describe Antonio Caballero: “ni Uribe ni Ordóñez son tontos para creer su mentira, pero las manadas que los siguen les creen todo lo que inventan”.

” Es necesario que el país responda esa pregunta, porque tiene implicaciones políticas enormes. La oposición apasionada de Uribe al proceso puede llegar hasta a imposibilitar la paz, por vía de proselitismo en contra de un eventual referendo refrendatorio “

Daniel Coronell reveló una carta dirigida a Pablo Catatumbo, en que el gobierno Uribe “les ofreció a las Farc la posibilidad de desmilitarizar un área, de discutir con esa guerrilla la aplicación de la extradición si había proceso de paz y efectuar un cese bilateral del fuego”. Escribió Coronell que el mismo día de la carta, 3 de octubre de 2006, Uribe afirmó en una conferencia de prensa: “Seguramente un acuerdo con el Eln y con las Farc va a exigir unas normas más benignas que las que hoy están en la Ley de Justicia y Paz”. Y remató diciendo “Si un acuerdo de paz exige que vayan al Congreso, ese obstáculo seguramente habrá que removerlo por una norma constitucional”. Concluye Coronell: “Cuando la tentativa de paz era suya, al senador Uribe no le parecía que los guerrilleros debían ser inelegibles para siempre y que llevarlos al Congreso fuera un acto de impunidad”.

La semana pasada el senador Armando Benedetti reveló que en un proyecto de ley estatutaria el gobierno Uribe planteó en 2003 “suspensión condicional de penas privativas de la libertad, la libertad definitiva y castigos alternativos a la cárcel para miembros de grupos armados al margen de la ley que hicieran parte de un proceso de paz” (El Tiempo). Y recordó Benedetti que ante las Naciones Unidas, Uribe dijo que le había ofrecido al Eln excarcelación a cambio de renuncia a actividades armadas, y lo siguiente: “Comprendo la preocupación que surge de atenuar la justicia frente a delitos graves, pero también debe entenderse que en un contexto de 30.000 terroristas, la paz definitiva es la mejor justicia …”.

Más que una respuesta del expresidente, quien ha preferido atacar duramente a Coronell en lugar de responder serenamente, se necesita una reflexión pública sobre el tema. Álvaro Uribe tiene derecho a cambiar de opinión, pero los colombianos, especialmente los que le creen ciegamente, también tienen derecho a saber que algunas posiciones del expresidente no son de principio, sino fruto de la actual coyuntura política.

 

Leer el artículo de Daniel Pacheco aquí 

Leer el artículo de Álvaro Forrero Tascón aquí