Festejos por la independencia

Centroamérica

Ayer se conmemoraron 193 años de independencia en Centroamérica. El historiador Vladimir de la Cruz contó cómo se viven los festejos en Costa Rica y resaltó que no se profundiza en el modo en que se cortó el vínculo con el gobierno español. Por otro lado, los guatemaltecos migrantes se unieron a la distancia con los que residen en el país para celebrar su identidad común. 

El Periódico

Auxiliadora Zuñiga – Diario Extra (Costa Rica) 

Para el historiador Vladimir de la Cruz los costarricenses se limitan a desfilar y cantar el Himno Nacional como parte de la celebración de los 193 años de vida independiente.

De la Cruz considera que muchos desconocen que un médico cartaginés fue quien dio el primer grito de independencia en Guatemala. Se trata de Pablo Alvarado, quien se encontraba  estudiando en la Universidad de San Carlos. El joven participó activamente en las protestas independentistas de 1808 a 1821 que dieron con la  separación de la Capitanía de Guatemala de España.

El profesor retirado habló con DIARIO EXTRA en su casa en San Ramón de La Unión con motivo de la fiesta de independencia que, en  su criterio, debería empezar en setiembre y  terminar el propio día de la declaratoria de independencia de Costa Rica, es decir el 29 de octubre.

-¿Qué cosas de la independencia no conocemos con precisión? 

-Por ejemplo que el primer grito de independencia de Centroamérica lo hizo un costarricense. Se trata de  Pablo Alvarado, quien era estudiante de medicina y un activista por la independencia. Hay cartas de las autoridades coloniales de Guatemala informando a las de Costa Rica sobre la presencia del joven con el fin de que lo controlaran. Pablo es uno de los próceres de la independencia que pasa desapercibido. Aunque para los historiadores  no es desconocido no se le ha dado el lugar que merece el tico que se tituló como médico.

-¿Por qué usted dice que sea minimizado el propio día de la independencia?

-Porque todas las actividades giran alrededor de la declaratoria de la independencia de Guatemala que fue el 15 de setiembre, sin embargo, Costa Rica se declaró independiente de España el 29 de octubre de 1821. Las celebraciones debería empezar en setiembre y finalizar en octubre. 

-¿Cómo califica el fervor con que los ticos celebran la independencia?

-La celebración de la independencia no es que sea floja porque todo el mes de setiembre se dedica de distintas maneras, a celebrar, recordar los acontecimientos de la independencia pero girando alrededor del 15 de setiembre. Sin embargo no se profundiza adecuadamente en cómo se produjo el proceso de independencia de manera que quienes participaron en el proceso como el caso de Pablo Alvarado sean más “amados” y  podamos provocar un culto por los líderes,  por los próceres y su significado  en valores nacionales. Lo más que se recurre son a los hechos del acta de Guatemala; esa misma acta indicaba la libertad que tenía  el resto de las provincias de tomar la decisión de independizarse o no. La primera que apoyó la decisión fue  El Salvador seguido de Nicaragua y Honduras. Costa Rica tomó la decisión definitiva el 29 de octubre, fecha que pasa sin ninguna relevancia y es la independencia de nosotros. 

-¿Como historiador qué haría para que se recupere la fecha del 29 de octubre como parte importante de las celebraciones de independencia?

-Promovería más lectura en los estudiantes sobre el proceso de independencia y que se realicen foros y debates que destaquen esta fecha  importante. También convocaría a concursos literarios entre escolares y colegiales que exalten los sentimientos alrededor de esto. Se debe divulgar la participación  de las personas que jugaron un papel importante en el proceso de independencia tanto en Centroamérica como en Costa Rica. 

-¿En relación con otros centroamericanos son los ticos menos nacionalistas? 

-Los costarricenses carecemos del empaque suficiente para entender por qué nos sentimos costarricenses. Nos falta sostener en estructura cultural y  educativa esos valores. Nacionalistas porque defendemos la nación costarricense, porque nos sentimos parte de la nacionalidad. Porque tenemos un territorio que está definido como Costa Rica desde antes de la independencia. Nosotros no es que carezcamos de héroes, es que no los exaltamos. No los tenemos a la vista. Muchas veces en el pasado más bien  se ridiculizaban. Por ejemplo este año celebramos es el bicentenario del benemérito y héroe nacional, Juan Rafael Mora Porras, sin embargo, esa fecha  ha  pasado desapercibida. Nada más pusieron la figurilla de Juan Rafael Mora en la documentación oficial y no se hacen eventos que exalten el significado de  su  gesta contra los filibusteros en 1856-1857.

Poner la bandera en edificios públicos y privados está bien, pero no es suficiente. Muchas veces esa celebración se hace sin contenido. 

-¿Desde su perspectiva se habla de 193 años de qué?

-De independencia. Somos independientes aunque estemos cargados de cadenas.

-¿Cuáles son esas cadenas?

-Pobreza, injusticia social, todavía hay población analfabeta en Costa Rica. Falta de vivienda y  trabajo, cargamos la cadena de la indiferencia ante estos problemas. Cargamos las cadenas de la inacción para atacar estos problemas con fuerza. Cargamos las cadenas de la ignorancia sobre el mismo proceso de independencia y de los valores nacionales que nos enriquece como nación y como pueblo. Cargamos las cadenas de no celebrar adecuadamente estos actos con la dignidad que merecen.

-¿Necesitamos un Pablo Alvarado para romper esas cadenas?

-Yo creo que todos los costarricenses llevamos un Pablo Alvarado en nuestro interior, solo que no lo hemos descubierto, no lo explotamos adecuadamente. En el actual gobierno de la República el presidente es un historiador, la Ministra de Cultura es una historiadora y me parece que en manos de ellos dos podrían generar los resortes para empezar a promover este tipo de valores de manera diferente. Cuando el presidente Solís llamó  el 1º de setiembre a celebrar el mes de la independencia lo hizo públicamente en un acto en la rotonda de La Bandera. Me pareció que eso estuvo bien. Marcó una diferencia con otros gobernantes que no hicieron algo similar. En los cuatros años que vienen Solís puede tener la oportunidad para impulsar  replanteamientos alrededor de esta conmemoración. Por ejemplo, valdría la pena impulsar un gran monumento a Pablo Alvarado. Así como un monumento alusivo a la independencia que permita  reunir a la gente el 15 de setiembre o el 29 de octubre a lo actos conmemorativos, en vez de hacerlo alrededor de una campana como se hace en Cartago.

 

Editorial- Prensa Libre (Guatemala)

El 15 de septiembre es una fecha que se presta a analizar la verdadera realidad de Guatemala y de los países centroamericanos. Es necesario conocer -porque la mayoría de la población las desconoce- las circunstancias en que el Reino de Guatemala se independizó de España, para muy pronto unirse al imperio mexicano, del cual se separó de manera definitiva el 1 de julio de 1823, una fecha inexistente en el conocimiento de los guatemaltecos.

Esa misma realidad obliga a analizar un poco la manera como celebran el 15 de septiembre ese millón y medio de guatemaltecos que se encuentran fuera de las fronteras nacionales, y que de hecho sostienen la economía del país gracias a las remesas mensuales que envían, como producto de sacrificio personal y familiar, así como de largas horas de trabajo en condiciones muy duras y sobre todo ilegales, en demasiadas ocasiones.

Quienes residen en Gua
temala tienen motivo para pensar en el concepto teórico de independencia, de amor al terruño, de crítica a la también dura realidad económica, social, educativa, política, la que se ha convertido en una vorágine imposible de detener que provoca desilusión, decepción y desesperanza. Estas tres actitudes son causadas por las cada vez peores condiciones del ejercicio de la política: la corrupción, el desenfado, la burla a las leyes.

«Los guatemaltecos tienen la oportunidad de sollozar con motivo de acercarse a sus raíces familiares y al recuerdo y la nostalgia de su infancia vivida en un país al que solo podrán regresar si para su mala suerte son capturados por carecer de documentos. Hay orgullo que alegra y hay dolor que entristece»

Pero quienes están fuera del país tienen en el 15 de septiembre la oportunidad de mostrar una identidad común, de la misma manera como lo hacen cuando se agrupan en los estadios a ver juegos de la selección nacional y salir tristes porque de nuevo el triunfo fue esquivo. Esa identidad se afianza cuando se está lejos, muchas veces solo, y resulta necesario  demostrar los avances logrados.

Los guatemaltecos tienen la oportunidad de sollozar con motivo de acercarse a sus raíces familiares y al recuerdo y la nostalgia de su infancia vivida en un país al que solo podrán regresar si para su mala suerte son capturados por carecer de documentos. Hay orgullo que alegra y hay dolor que entristece.

Esa celebración de la independencia de España  ayuda a los inmigrantes a tomar fuerzas para encarar cómo se ven ellos a sí mismos y cómo los perciben los demás, ya sea otros hispanoparlantes o gente que habla inglés como idioma materno. La mala imagen desafortunadamente es afianzada por los injustos estereotipos presentes en el cine y los medios de comunicación, en especial la pantalla pequeña.

Celebrar el 15 de septiembre en Guatemala se ha convertido desde hace largos años en un pretexto para tomar un día de descanso o vacaciones, cuando —como en este año— se convierte en un fin de semana largo. Pero fuera del país es distinto, aunque no haya desfiles conmemorativos. Es una fecha importante porque sirve para que los connacionales piensen con orgullo de sí mismos. Falta ahora que afiancen el conocimiento electoral que les otorgan los medios de comunicación guatemaltecos. Su número puede cambiar  los resultados de los comicios gracias a la influencia que ejercen en sus familiares.

 

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