Al servicio de la explotación transnacional

Honduras

Una nueva modalidad de explotación se instala en las tierras hondureñas y es la de las ciudades modelo, verdaderos enclaves diseñados por las grandes multinacionales. Estos sitios cuentan con ventajas que implican prácticamente entrega de soberanía nacional. Al igual que en los antiguos campamentos bananeros, las leyes para los trabajadores serán otras.

La Prensa

Gustavo González – La República (Uruguay)

Sabido es que durante muchos años de la historia, a la mayoría de los países del istmo centroamericano se las llamaba repúblicas bananeras. Su bautismo obedeció precisamente a la impresionante intervención que sufrieron estos países a través de las grandes compañías bananeras de capital extranjero.

Ello fue posible siempre debido a la complicidad de las burguesías nacionales y sus gobiernos, que no tuvieron reparos en otorgar a las empresas todo tipo de beneficios para que ellas se instalaran durante años esquilmando a los países.

Pasado el tiempo y llegando a la actualidad podríamos llamarlas repúblicas maquileras. Las maquilas son también de capital extranjero que entran a los países en busca fundamentalmente de la mano de obra barata y al igual que las bananeras, cuentan con el apoyo de gobiernos y burguesías nacionales para su instalación. Al hacerlo, lo primero que colocan en la agenda es la no sindicalización de los trabajadores, para de esa forma cometer todo tipo de atropellos, contratando fundamentalmente mujeres. Salarios miserables, condiciones laborales deplorables y sin derecho a ningún tipo de reclamo permitido a las y los trabajadores.

En particular Honduras siempre fue vista desde el imperialismo como el punto de partida de la mayoría de sus incursiones, no en vano una de las mayores bases militares denominada Palmerola, está en Honduras. Dicha base militar fue en los años 80 una escuela contrainsurgente desde donde se preparaba la denominada “contra”, para de esa forma incursionar en suelo nicaragüense y desestabilizar el proceso revolucionario.

“Seguramente las y los trabajadores hondureños que se incorporen por imperio de la necesidad a dichas ‘ciudades’ vivirán en un pedazo de Honduras donde regirán otras leyes laborales, cada vez más al servicio de la súper explotación”

En nuestros tiempos el golpe perpetrado contra Mel Zelaya está claro que fue preparado desde la embajada de EEUU, asociada con la derecha más reaccionaria del país y la burguesía nativa. Nuevamente Honduras fue el gran laboratorio para los denominados “neo-golpes”, que luego de su triunfo se instaló también en Paraguay, con el derrocamiento de Lugo. Entonces, bananeras, maquilas y golpes políticos son la cadena de experimentos que desde hace años el gran capital realiza en este país.

En la actualidad un nuevo invento ya está dando sus primeros pasos: las denominadas “ciudades modelo”, verdaderos enclaves en territorio hondureño diseñados por las grandes multinacionales que prontamente se instalarán en este país. Las mismas serán “nuevas ciudades” donde para poder instalarse ya cuentan con una serie de ventajas que prácticamente entregan la soberanía nacional. Se realizarán primeramente en el sur de Honduras, particularmente una de las zonas más pobres, donde existe una gran desocupación y por ende mano de obra dispuesta a integrarse a las ciudades modelo.

Para que puedan instalarse cuentan, entre otras prebendas, con una nueva división administrativa del país, provista de un alto nivel de autonomía con un sistema político propio, tanto a nivel judicial como económico, basados obviamente en el capitalismo de libre mercado. El discurso muy bien armado para su intervención desde el gobierno, es exactamente el mismo que se le vendió al pueblo hondureño desde la instalación de las bananeras y las maquilas, la inversión extranjera nos traerá puestos de trabajo.

Seguramente las y los trabajadores hondureños que se incorporen por imperio de la necesidad a dichas “ciudades” vivirán en un pedazo de Honduras donde regirán otras leyes laborales, cada vez más al servicio de la súper explotación. En definitiva, volverán a vivir en los llamados campamentos bananeros de otrora, solo que ahora mucho más sofisticados y con otro nombre: “ciudades modelo”.

 

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