Haití celebra su fiesta vudú del “guédé” en plena crisis de violencia

Haití celebró este lunes la primera de dos jornadas del “guédé“, la tradicional fiesta vudú que conmemora el Día de los Difuntos, en medio de una de las peores crisis de violencia de los últimos años por el accionar de las bandas armadas. 

El vudú es una religión que poco tiene que ver con el cliché de muñecos con alfileres que Hollywood difundió con sus películas.

Para los creyentes haitianos, “el vudú es más que una religión. El vudú abarca casi todo. Abarca la medicina. Es la guía de la espiritualidad. Es social, cultural y tradicional”, explicó Tamie Dulia Dufreine, una devota que, en el ámbito de este cuerpo de creencias, se hace llamar Marie Jeanne-Mambo.

Foto: EFE

Este año es particular por el avance de las bandas armadas. Los grupos criminales, principalmente el G9 Fanmi e Alye, llevan meses imponiendo terror.

Pero durante el “guédé” todo es celebración: se llenan los cementerios durante dos días de color, música, rezos, ofrendas, ritos, trances y olores.

“Es dentro del cementerio donde se encuentra la alta magia”, y la hay de todo tipo, “de tratamiento, protección, suerte y devolución de la asignación. La fiesta de guédé representa la liberación de la esclavitud“, apuntó la experta.

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Ofrendas de comida, café, dinero, flores o velas son depositados por aquí y por allá, en sepulcros o frente a coloridas figuras hechas en relieve pero, sobre todo, predomina el ron, blanco o añejo, vertido sobre tumbas, calaveras y huesos.

Los rituales que se realizan

En el “guédé”, el cementerio también es escenario de rituales para ahuyentar a los malos espíritus.

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Es necesario introducir las manos en un recipiente con un mejunje a base de ron, café, agua y hierbas, que luego le embadurnan por la cabeza, siempre bajo la atenta mirada de un entregado público que, en muchos casos observa desde las tumbas cercanas, como si fueran palcos.

El rol del Ron en el vudú

Los intermediarios entre los espíritus y los vivos, hombres y mujeres que se distinguen por llevar la cara pintada de blanco, lo usan en sus rituales purificadores.

En muchas ocasiones lo dejan macerar con ajíes muy picantes y es frecuente que tomen un sorbo de la mezcla para escupirlo al aire, prácticamente nebulizado. El efecto es casi el mismo que el gas pimienta para los ojos y las vías respiratorias.

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Las mujeres, muchas vestidas de blanco, también se lo untan generosamente por los genitales. Y, por supuesto, lo consumen durante todo el día en cantidades ingentes. Una mezcla que, combinada con la sugestión, lleva a un estado de trance y convulsa posesión espiritual.

Aunque la celebración se extiende por todo el cementerio, el punto neurálgico es el lugar donde se enterró al primer difunto, marcado por una gran cruz negra.

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Ahí el rey, al que llaman “baron”, reparte sus bendiciones mientras van pasando cientos de personas a encender velas y dejar una dádiva al pie de este símbolo.