Hacia el cuarto plan de ajuste

Argentina
Jorge Rachid

En los últimos años los salarios mejoraron por sobre los índices inflacionarios. Esto permitió fortalecer el mercado interno y generar ahorro interno, provocando presión social sobre el dólar. Ahora el dólar es libre, pero el ahorro ya no existe. El macrismo quiere fijar un techo para las paritarias, cambiando crecimiento por metas de inflación con el acuerdo del ariete sindical.  

Mauricio Macri y Hugo Moyano en la reunión en Casa Rosada - Foto: Archivo

Jorge Rachid* – Latinoamérica Piensa

La reunión de Macri con los líderes sindicales, con la exclusión de la Central de Trabajadores de la Argentina (CTA), marca el punto de inflexión de las políticas salariales de la actual administración. Quiere canjear impuesto a las ganancias por metas de inflación. En castellano básico: extorsiona con mejorar la paga de los que más ganan, contra una pérdida del poder adquisitivo real del orden del 10%, pactando aumentos por el 25% frente a una inflación ya prevista cercana al 40%. Durante los últimos años los salarios mejoraron por sobre los índices inflacionarios, lo que permitió no sólo fortalecer el mercado interno y el círculo virtuoso de la economía, sino además generar ahorro interno provocando presión social sobre el dólar. Ahora el dólar es libre, pero el ahorro ya no existe.

La ausencia de la CTA tiene su explicación. El gobierno quiere reuniones tranquilas, sin conflictos fuertes que desvirtúen sus objetivos centrales, de mostrarse componedores, mientras despide trabajadores, libera precios, abre las importaciones, baja aranceles, y negocia a contratiempo con los fondos buitre. Esto no quiere decir que a futuro no los vayan a invitar, pero será en reuniones separadas, sin ruido, que no alimenten la demanda social ya emergente en los escasos días de administración macrista. Entre las exigencias de la CTA está la inmediata liberación de Milagro Sala.

El aumento anunciado a los jubilados establecido por ley, que por fórmula toma la recaudación nacional y los índices inflacionarios, también resulta escaso ante la disparada de los precios. Estos aumentos siempre habían estado por encima de los valores de la canasta familiar, en especial luego de la recuperación de la administración de los fondos por parte del Estado, que permitió no sólo preservar los haberes jubilatorios sino también constituir un Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS) de 610 mil millones de pesos que hoy permite una planificación estratégica del sistema previsional. A cargo del FGS de la Administración Nacional de la Seguridad Social (ANSES), fue nombrado por Macri (o por Héctor Magnetto, Ceo del Grupo Clarín), Luis María Blaquier, ex miembro del directorio de este multimedio que en los 90 ganó U$D 140 millones a través de una maniobra de pase de papeles de las AFJP. Este es el avión que según Macri se estaba por estrellar y ellos vinieron a estabilizar.

” Quiere canjear impuesto a las ganancias por metas de inflación. En castellano básico: extorsiona con mejorar la paga de los que más ganan, contra una pérdida del poder adquisitivo real del orden del 10%, pactando aumentos por el 25% frente a una inflación ya prevista cercana al 40%. Durante los últimos años los salarios mejoraron por sobre los índices inflacionarios “

El tema de las obras sociales funcionó como ariete en la discusión con los sindicalistas, en relación a la restitución de los miles de millones retenidos por el gobierno peronista, que no son de libre disponibilidad sindical, sino que son liberados contra prestaciones especiales o de alta complejidad y que son reintegradas luego de realizadas. La Administración de Programas Especiales (APE) dispone del 10% de los fondos del total de los aportes de los trabajadores a sus obras sociales. Es decir, son fondos de salarios diferidos, de ahorro interno genuino de los trabajadores, para apuntalar los sistemas solidarios de salud, en particular a los gremios más chicos.

En la reunión con los sindicalistas no hubo voces que se expresaran sobre el panorama actual, la devastación social que está produciendo el gobierno, el parate de la obra pública que ya provocó la cesantía de 50 mil trabajadores de la construcción que están cobrando la libreta de fondo de desempleo, aunque el titular del gremio estuvo en la reunión. De hecho, ninguno de ellos se plantó como dirigente de la Confederación General del Trabajo (CGT), sino que lo hicieron a nombre de sus sindicatos eludiendo sus responsabilidades como dirigentes votados para defender los intereses del conjunto de los trabajadores. De seguir este camino, que tendrá un fuerte repudio social, el gobierno necesitará estimular la permanencia de dirigentes sindicales que le garanticen “gobernabilidad”. Más allá o más acá de los dirigentes, es previsible una etapa de luchas sociales, que todo plan de ajuste provoca.

Este es el cuarto plan de ajuste en los términos del FMI y los organismos internacionales de crédito, que en la Argentina siempre terminaron igual, con crisis políticas, económicas y desastres sociales como en el 2001. Ese es el camino de la “Revolución de la Alegría”. Aunque es deseable esperar que los daños sociales sean menores, la experiencia del camino recorrido en estos 50 días lo desmiente.

Las mismas batallas de siempre 

El gobierno se prepara para la batalla legislativa, en especial la de los jueces supremos que ha sufrido una nueva postergación a partir de una medida cautelar mediante. La intención del Presidente de la Cámara de Diputados, Emilio Monzó, de nombrar al Consejo de la Magistratura a Pablo Tonelli (PRO), miembro de la tercera minoría, en reemplazo de Anabel Fernández Sagasti (FpV), quien asumió su nuevo cargo de senadora nacional, fue frenada por la justicia ya que el FpV sigue siendo la primera minoría del cuerpo.

El documento de los intendentes de todo el país es el primer documento colectivo del FpV que refleja la realidad del país, propone caminos a seguir, reafirma la territorialidad como eje de la construcción política, y demuestra que más allá de la necesidad de negociar con el gobierno temas puntuales de gestión, eso no significa claudicar en los objetivos estratégicos históricos. A lo largo de 70 años de historia el peronismo fue eje de la convocatoria al movimiento nacional, abriéndose a la unidad con otras fuerzas políticas, defendiendo los derechos sociales como única garantía de un destino común como pueblo y como Nación.

” El documento de los intendentes de todo el país es el primer documento colectivo del FpV que refleja la realidad del país, propone caminos a seguir, reafirma la territorialidad como eje de la construcción política, y demuestra que más allá de la necesidad de negociar con el gobierno temas puntuales de gestión, eso no significa claudicar en los objetivos estratégicos históricos “

Este 12 de febrero se conmemoró otro aniversario de la Batalla de Chacabuco, con la que el general José de San Martín culminó su campaña latinoamericana de liberación, de espaldas a las exigencias del centralismo porteño, desobedeciendo las órdenes de regresar para enfrentarse contra los caudillos federales que reclamaban federalismo, como José Gervasio Artigas, Estanislao López y Francisco Pancho Ramírez, enfrentando a Bernardino Rivadavia, Juan Martín de Pueyrredón, Manuel de Sarratea, Carlos María de Alvear y otros representantes del pensamiento anglodependiente que se mantiene desde entonces hasta nuestros días. Esa batalla que te
rminó siendo la última del Libertador aunque él aún no lo sabía, permitió el avance definitivo contra los realistas que culminó en Ayacucho al comando de Antonio José de Sucre, en el avance de Simón Bolívar sobre el territorio aún dominado por los “maturrangos”. Ni Artigas, ni Bolívar, ni San Martín, pensaron nunca en otra cosa que no fuera la Patria Grande. Esa que estaba empezando a reconstruirse desde hace 15 años con Hugo Chávez, Lula y Néstor Kirchner, y que ahora como en el siglo XIX se encuentra en peligro por la acción imperial conjunta. 

Los medios argentinos destacan la importancia de las elecciones primarias en EEUU a partir de la posición dominante de ese país en su despliegue imperial. Sin embargo, hacen poco énfasis en la polarización de la opinión pública, entre el escaso 35% de los ciudadanos que votan para elegir, en un país donde el voto no es obligatorio. El avance de Donald Trump es la cara visible de la sociedad belicista, de los sectores atados al complejo industrial militar que llevan la guerra a todos los rincones del planeta, aunque después dicen llorar por sus consecuencias. Frente a este sector republicano duro, se levanta otro sector demócrata que se vuelca sobre el candidato más “radicalizado”, Bernie Sanders. Algo similar a lo que pasó en el partido laborista británico, que terminó eligiendo a un líder heterodoxo como Jeremy Corbyn, cercano a Podemos de España, o al movimiento mundial de los indignados. En el caso de los demócratas de EEUU, se están desplazando las teorías del “acompañamiento” como la de Barack Obama, que fracasó en cada frente: no pudo cerrar Guantánamo, asesinó con drones a millones de personas, y propagó las guerras por todo el mundo en nombre del combate contra el terrorismo.

*Médico, escritor y periodista.