¿Qué tan necesario es Uribe para la Paz?

Colombia

Hasta los conservadores urbistas más críticos del Proceso de Paz con las FARC aceptan el fin del conflicto. Sin embargo, el ex presidente Álvaro Uribe continúa con su oposición recalcitrante. Aunque insista en negarlo, su resistencia radica en la animadversión que se profesan con el actual presidente. Le dolerá darse cuenta que no es imprescindible para lograr el acuerdo. 

Álvaro Uribe- Foto: AFP

Héctor Riveros- La Silla Vacía (Colombia) 

Al bus del proceso con las Farc se subió esta semana el Partido Conservador en pleno: el ex Presidente Andrés Pastrana, y dos de los precandidatos presidenciales de ese partido al 2018, Alejandro Ordoñez y Martha Lucía Ramírez. Los tres habían usado ese lenguaje ambiguo según el cual “todos somos amigos de la paz” pero no a la manera de como se está construyendo la terminación del conflicto en La Habana.

Los avances del proceso que lo tienen en un punto irreversible y apoyos como el de los Estados Unidos seguramente los persuadieron de que era hora de dejar de oponerse y ubicarse para la foto. Habían calculado un fracaso y esperaban obtener réditos electorales de él, eso los había dejado en los brazos del uribismo al que los tres apoyaron fervientemente en la elección presidencial. Ahora –con las encuestas en la mano- se le desmarcan al expresidente y senador y lo dejan literalmente solo. En el espectro político solo falta el Centro Democrático por arrimarse para la foto. Es probable que no llegue, entre otras cosas porque sería tarde, quedaría en una esquina y se quedaría sin gasolina para conseguir votos con el discurso de la claudicación y la amenaza comunista al mejor estilo laureanista de hace 70 años.

Los conservadores, inspirados en la ética católica del perdón al pecador arrepentido, siempre habían abogado por una solución negociada al conflicto armado. Los procesos más audaces y más dañinos también se hicieron en los gobiernos conservadores de Belisario Betancur y Andrés Pastrana. Los errores conceptuales y de diseño de los procesos nos dejaron en ambos casos a una guerrilla multiplicada y fortalecida. Ambos ofrecieron todo tipo de concesiones a la guerrilla a cambio de su desmovilización, de modo que la oposición al proceso actual sonaba mezquina. No parecía auténtica. No era cuestión de principios. No era que los más cristianos ahora no creyeran que la “gente merece una segunda oportunidad”, era cálculo electoral, era el anti comunismo de Ordóñez y el afán de Pastrana de limpiar su nombre en la historia y no quedar como el Presidente fracasado que había cometido todo tipo de equivocaciones costosísimas para los colombianos  en su intento por hacer “la paz”.

” Algunos uribistas han empezado a decir que hay un cambio en el lenguaje del gobierno, que ha incorporado parte de las exigencias que ese grupo hacía y etc., sin embargo el ex presidente arrecia sus críticas, juega a atizar alguna inconformidad en las fuerzas armadas “

Todos han dicho que “aportarán” en la Comisión de paz, pero que mantendrán una posición crítica y etc. Todo bienvenido: los “aportes”, las críticas y el cálculo político. La verdad es que el discurso de Ramírez se había concentrado en las condiciones para adelantar la negociación, el cual por obvias razones se ha ido acabando. Hay cese unilateral, hay compromisos con las víctimas, con el desminado, con el no reclutamiento de menores.

Algunos uribistas han empezado a decir que hay un cambio en el lenguaje del gobierno, que ha incorporado parte de las exigencias que ese grupo hacía y etc., sin embargo el ex presidente arrecia sus críticas, juega a atizar alguna inconformidad en las fuerzas armadas. Tampoco tiene una posición de principios, no es que crea que no hay que hacerle concesiones a la guerrilla, incluso menos de las que él siempre estuvo dispuesto a hacer, es -como Pastrana- pura mezquindad.

Lo de estos años ha sido un juego de vanidades personales. Todos disputándose el capítulo en la historia. ¿Quién hizo la “paz” con las Farc? : ¿Pastrana que ahora dice que las engañó en el Caguan mientras ganaba tiempo para fortalecer a las fuerzas armadas, Uribe que desequilibró en forma definitiva la correlación de fuerzas y  las redujo militarmente (Pastrana dice que gracias a su aporte), o Santos que asumió el riesgo de la negociación política y la condujo (esperemos que hasta el final)?

El acuerdo con las Farc requiere el mayor consenso político para lograrlo y para blindarlo, por eso la decisión presidencial de convocar una comisión integrada por opositores al gobierno (a la Unidad Nacional la dejaron por fuera) es –para parodiar al Presidente con una frase que repite permanentemente- “un paso en la dirección correcta”.

” Uribe se va a radicalizar en contra del proceso. Su cálculo político se concentrará en la claudicación, salvo que consiga vender la idea de la asamblea constituyente con el propósito de trasladar las discusiones de La Habana para un nuevo escenario, en el que confía en que el Centro Democrático tenga una amplia representación y sea entonces ahí donde –ahora él- negocie con las Farc “

Uribe se va a radicalizar en contra del proceso. Su cálculo político se concentrará en la claudicación, salvo que consiga vender la idea de la asamblea constituyente con el propósito de trasladar las discusiones de La Habana para un nuevo escenario, en el que confía en que el Centro Democrático tenga una amplia representación y sea entonces ahí donde –ahora él- negocie con las Farc y haga las concesiones que ahora dice que le parecen inaceptables.

Los colombianos estamos metidos en una trampa generada por las vanidades de los actores políticos. Hay que buscarles una salida digna a todos. A las Farc que desperdiciaron 50 años y no consiguieron nada distinto de dolor. A Pastrana que quiere que le reconozcan sus “aportes”. A Uribe que no quiere terminar señalado. A Álvaro Leyva que necesita ser protagonista. A todos los que apostaron al fracaso para afincar aspiraciones políticas.

Será un costo menor. Con tal que nos dejen en paz de una vez por todas a las Farc les reconoceremos que “la lucha no fue en vano”, a Pastrana su sagacidad, a Uribe su amor por la Patria (¿será con mayúscula?), al Procurador su convicción para proteger nuestros derechos, a Leyva alguna medalla de las que da el Congreso, a los que quieren ser candidatos del uribismo que “ellos lo dijeron primero”.

A todos: lo que quieran pero que nos dejen en paz.

María Jimena Duzán- Semana (Colombia) 

Aunque insista en negarlo, lentamente los miedos y temores que atormentaron al principio a varios sectores del país frente a lo que podía suponer una negociación con las Farc se han ido disipando. Los primeros en cambiar sus miradas y flexibilizarlas han sido –fíjese usted– los militares, uno de los sectores de la sociedad que usted siempre ha creído interpretar.

Esa peligrosa división que se vivió en las pasadas elecciones presidenciales cuando usted centró sus esfuerzos en convencer a los coroneles y generales de que no apoyaran el proceso de paz, se ha ido evaporando con el paso de los hechos. Sin duda la presencia de los generales en la Mesa de La Habana es un hecho histórico que muestra cómo la tesis de que Santos le estaba entregando el país al castro-chavismo no se la creyeron en los cuarteles. Contrario a lo que usted pensaba, expresidente, hoy los miliares han llegado a la conclusión de que si el proceso avanza es mejor estar dentro que afuera.

Hasta el explosivo procurador Alejandro Ordóñez, opositor acérrimo al proceso de paz, se ha dado cuenta de que es hora de abrir las compuertas y de extender un ramo de olivo. Para el procurador, el uribismo debería entrar a la Comisión Asesor
a de Paz porque puede ser la oportunidad de “construir, disentir, coincidir, y ejercer la crítica propositiva”. ¿Quién se iba a imaginar que ese tono conciliador pudiera ser de alguien tan sectario como el procurador Ordóñez?

” Sé que en su gobierno usted hizo muchos esfuerzos por abrir un proceso de paz con las Farc pero las cosas no se dieron para infortunio de los colombianos. Y aunque puedo equivocarme, algo me dice que su oposición al proceso no radica en que usted no crea en la vía de la negociación política, sino en la animadversión que usted y el presidente Santos se profesan “

Incluso en el seno de su partido, el Centro Democrático, empieza a prosperar una línea impulsada por Carlos Holmes Trujillo más amiga de flexibilizar posiciones y buscar puntos de encuentro con el gobierno Santos. Mientras las cosas van cambiando el único que se sostiene inamovible en su posición es usted, señor expresidente. ¿No se ha dado cuenta de que por ese camino corre el riesgo de quedarse solo navegando contra la corriente?

Sé que en su gobierno usted hizo muchos esfuerzos por abrir un proceso de paz con las Farc pero las cosas no se dieron para infortunio de los colombianos. Y aunque puedo equivocarme, algo me dice que su oposición al proceso no radica en que usted no crea en la vía de la negociación política, sino en la animadversión que usted y el presidente Santos se profesan. Pero además, no se confunda: se puede participar en el proceso de paz sin dejar de ser uno de los jefes de la oposición en Colombia. No es requisito ser santista.

El procurador Ordóñez insiste que no se puede hacer la paz en este país sin que usted y el presidente Santos fumen la pipa de la paz. Yo no estoy tan segura de esa tesis. La paz que se firmó en El Salvador siempre tuvo sus enemigos, lo mismo sucedió con la paz de Guatemala. Aunque los grandes empresarios de la Cacif terminaron participando a regañadientes en el proceso de paz guatemalteco, muchos empresarios con poder político, nunca se sumaron. Otro tanto pasó en El Salvador con la clase política que tenía asiento en grandes feudos de tierra. A los que se opusieron, simplemente la historia les pasó por encima y a regañadientes les tocó reinventarse. Ojalá, usted que siempre ha sabido leer este país, no termine aplastado por la historia.

 

Leer el artículo de La Silla Vacía aquí 

Leer el artículo completo de Semana aquí