Génesis de una contrarrevolución

Argentina
Roberto Mero

Anuncios de endeudamiento con la banca internacional, cercenamiento del AFSCA y censura a la prensa opositora, emplazamiento de lo más rancio de la reacción en puestos claves del Estado, y represión a militantes kirchneristas son las primeras decisiones del régimen macrista que apuntan a desmontar los avances logrados en los últimos 32 años de gobiernos constitucionales.

Gustavo Matias, militante del FpV de Vicente López con rastros de las agresiones sufridas en su rostro - Foto: Archivo

Roberto Mero – Latinoamérica Piensa

Bastaron algunas horas para que lo que habíamos alertado se convirtiese en los primeros peldaños hacia el infierno: anuncios de endeudamiento con la banca internacional, cercenamiento del AFSCA y censura a la prensa opositora, control ministerial de la comunicación, emplazamiento de lo más rancio de la reacción en puestos claves del aparato de Estado, que quedó demostrado en el violento desalojo de la Unidad Básica del FpV de Vicente López y la brutal represión a los militantes que se encontraban en el local. Las primeras decisiones del régimen macrista apuntan a desmontar todos los avances logrados en los últimos 32 años de gobierno constitucional y no sólo con aquellos conquistados bajo el gobierno de Néstor y Cristina Kirchner. La contrarrevolución en marcha cuenta con un aparato superior a la ilegitimidad de la dictadura, con medios de comunicación perfeccionados y con un personal político con el cual no existe ninguna posibilidad de negociación. Es la rebelión o el sometimiento. La refundación de la República como Neovirreinato cuenta con el aval del 50% del electorado. Aunque este porcentaje no representa más que un 22% de la población, es suficiente para que las medidas del régimen se maquillen como legítimas y democráticas. Las razones de esta impunidad habría que buscarlas en el anuncio de una oposición que, por el momento, parece articulada alrededor del hecho electoral pero desarmada para la acción política concreta. Es decir, para jaquear legalmente al régimen allí donde el macrismo ha decidido golpear primero: en lo económico y en lo comunicacional. Encerrado aún en el panal de la «gobernabilidad» que defendía, el FpV cuenta con las palancas legales para cuestionar el endeudamiento y el sometimiento de los raros medios de comunicación. La pérdida de iniciativa es explicable por la salida de Cristina del poder y su silencio con relación a cuáles serán sus funciones como conductora de la primera fuerza política del país. Este incertidumbre no podrá durar sino algunos semanas. La etapa de génesis de la contrarrevolución macrista debe desmontarse en la misma proporción en la que avanza. Y esto es, a pasos agigantados, con golpes precisos y objetivos claros que el pueblo ya comienza a percibir como una artillería gruesa, mientras de este lado suenan apenas algunos petardos. Y encima, mojados.

Las «galas» y el estruendo

La oposición entre la Plaza colmada del 9 de diciembre y la truchada sospechosa de las cifras macristas para enmascarar el vacio de la del 10, es una aventura tentadora. Pero peligrosa. Puede consolar esta orfandad de gobierno, de ganas de Patria y de fuerzas populares latentes, pero no soluciona el mayor desafío que se nos presenta: como mantener la iniciativa ante el despliegue arrogante de la fuerza de la antipatria que se ha hecho del poder por un golpe de mano. La voracidad del macrismo no se ha visto, por cierto, en las calles: ¿no la necesitan o bien creen que es innecesaria? El interrogante no se resuelve comparando choripanes K y Mac Donald’s Pro sino en las capacidades de difundir y estructurar un discurso de resistencia. En esto el macrismo está llevando la ventaja: la violencia de su discurso y la infamia de sus acusaciones son parte de un mecanismo bien aceitado y mejor entrenado, que aprovechó la pasividad del gobierno popular para enardecer aún más sus denuestos. El aparato de comunicación obró como mano de obra de la inteligencia macrista, allí donde los políticos de Cambiemos trastabillaban en sus convicciones. Lejos de calmarse, esa línea de mercenarios periodísticos sube el tono, gozando de la impunidad legalizada por la mordaza. Servidores del poder económico, no tardaran en exigir la parte del poder que ellos saben que les corresponde como brazo armado de la reacción. Como Mariano Grondona con Onganía, Gómez Fuentes con Galtieri y Neustadt con Menem y De la Rúa, los matones de la cruzada antipopular gozan de un poder de fuego concentrado. Que cacareen sobre la «gente como uno» reunida en la Gala en el Colón, o acallen el estruendo de la fuerza popular el 9 de diciembre, sus personeros no son Dios ni algún arcángel intocable. En sus tiempos de libertades menemistas Astiz, Massera, Videla o Harguindeguy no temían a una justicia que había sido borrada, sino a ese murmullo intenso del escrache. «Como a los nazis, les va a pasar/ a donde vayan los iremos a buscar». Era el anuncio para aquellos genocidas. ¿Cuál es el que le debemos a nuestros Goebbels actuales?

Tiempos de represalias de guerra

Disolver instituciones, imponer compensaciones económicas, reinstalar el culto de sus propios comandantes, arrasar la prensa, arriar bandera. Sin haber tirado un balazo ni recibido ninguna capitulación, Mauricio Macri ha iniciado su régimen como un verdadero gauleiter: esos siniestros gobernadores nombrados por el III Reich luego de sus victorias. Pequeño detalle: Mauricio Macri sólo gano una batalla, tomó el puesto por arrebato. Y hasta prueba de lo contrario, no recibió ninguna sumisión firmada de los 12.200.000 argentinos que pelearon contra su programa de infamia y entrega. Piden sus partidarios paz y entendimiento, pero muestran los dientes. Se llama a la concordia, pero se basurea al adversario como si fuese extranjero en su propia Patria. Y sin embargo, estamos aquí y aquí estaremos. Y si estas primeras medidas continúan este curso de represalias de guerra, quizá Mauricio Macri deba comprender que tendrá lo que espera. Él y sus fervientes partidarios. Él y sus cómplices. Él y sus cagatintas. Que este tufillo atroz de haber sido abandonados luego de la batalla sea común a todos los que estamos de este lado, no debe deprimir ni desconsolar: en la cancha se ven los pingos, en la lucha se ven a los dirigentes y en la tenacidad se probará de qué lado de la barrera están los que dijeron estar de nuestro lado. Si esta violencia de ultrajes hacia las fuerzas populares no encuentra un camino político organizado, no tardará en buscar y en encontrar otro. Resistencia civil y boicot, desorganización del trabajo y la distribución, hostigamiento imprevisto, físico, permanente. Si esta génesis contrarrevolucionaria se confirma y las represalias buscan hacer retroceder y desbaratar las organizaciones populares, la respuesta será la que siempre fue en la historia argentina. Con nuestros dirigentes a la cabeza, con la cabeza de nuestros dirigentes o con los nuevos dirigentes que el pueblo elija en esta hora grave. Senadores, diputados, intendentes, concejales, punteros, deberán elegir un plan de acción en lo inmediato. Claro, preciso, organizado. O el 2001 volverá irremisiblemente, cruel y multiplicado.

*Periodista y escritor argentino en París, Francia.