Ciudades contaminadas

Chile

La contaminación ambiental afecta a gran parte de las ciudades del centro sur del país. La calefacción y el transporte son los principales problemas. Por ello, especialistas proponen la adopción de medidas más radicales, como la prohibición total del uso de la estufa a leña y la promoción de incentivos para que los transportes incorporen tecnologías alternativas. 

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Carlos Cortés – La Tercera (Chile) 

Los altos índices de contaminación ambiental que afectan a gran parte de las ciudades de la zona centro sur de nuestro país constituyen un severo problema de salud pública, que pese a las diversas medidas gubernamentales que se han adoptado en los últimos años, pareciera estar lejos de ceder. 

Los diagnósticos están más que claros. En el caso del Gran Santiago -uno de los centros urbanos más afectados por la polución en América Latina-, un estudio elaborado por investigadores de la Universidad de Santiago, por encargo del Ministerio del Medio Ambiente, reveló que el 80% de la contaminación por material particulado fino (MP 2.5) es generado por la leña y el transporte. De acuerdo al inventario realizado por los expertos de la Usach, más de 177 mil estufas conforman el parque de calefactores a leña de la capital, las que emiten sobre 2.000 toneladas anuales de MP 2.5, el contaminante más dañino para la salud humana. Según el mismo informe, estas emisiones representan el 48% del total anual que emiten todas las fuentes cada año en Santiago.

Ante este escenario han surgido voces de expertos en materia ambiental que proponen la adopción de medidas más radicales, entre ellas la prohibición total de uso de estufas a leña en el Gran Santiago. De hecho, a través de la prensa se ha informado que la actualización del Plan de Descontaminación de Santiago por PM 2.5 incluiría una acción en tal sentido.

“Chile tiene una oportunidad real y efectiva para contribuir a solucionar el problema de la contaminación ambiental, a través de la decidida incorporación del gas natural en los sistemas de transporte público”

Sin embargo, la gravedad de la situación exige cambios profundos también en el sector del transporte, responsable del 32% del total anual de emisiones en Santiago. En este sentido, nuestra asociación ha venido planteando desde hace años que Chile tiene una oportunidad única para reducir los índices de esmog en Santiago, a través de incentivos que promuevan la incorporación de tecnologías limpias en los buses del Transantiago, como es el gas natural vehicular, un combustible amigable con el medioambiente, seguro y abundante. 

La combustión del diésel es una de las principales fuentes emisoras de PM 2.5. No obstante, en nuestro país se incentiva su uso mediante una “ventaja” tributaria que lo hace más competitivo frente a las demás opciones disponibles. A modo de ejemplo, el impuesto específico del diésel es un tercio del que paga el gas. Es decir, vía menores impuestos se premia a quien contamina más, lo que constituye una paradoja difícil de entender y que además no se condice con el rol del Estado de garantizar el bien común. ¿Acaso el cuidado de la salud de la población no cabe dentro del ámbito de ese rol estatal? 

Con todo, creemos que Chile tiene una oportunidad real y efectiva para contribuir a solucionar el problema de la contaminación ambiental, a través de la decidida incorporación del gas natural en los sistemas de transporte público, replicando el camino que ya han iniciado varios países desarrollados y también nuestra austral ciudad de Punta Arenas, donde esta tecnología ha sido muy bien evaluada y además rentable.

 

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