Anatomía de un resultado ajustado

Perú
Especial

El triunfo de Kuczynski ha sido posible gracias al voto antifujimorista pero la comprobación de vínculos actuales con el narcotráfico de la esfera de Keiko Fujimori, junto al apoyo de Verónica Mendoza, también fueron decisivos. La efectiva apelación al “mal menor” logró capitalizar mayor cantidad de adeptos y le dio la ventaja al liberalismo democrático de PPK. 

Carlos Bedoya- Otra Mirada (Perú)

Keiko Fujimori ha sido derrotada otra vez en una elección presidencial. Eso, además de cuestionarla como la lideresa de Fuerza Popular (se viene la noche de cuchillos largos liderada por los Albertistas en el Fujimorismo), indica que ha ganado otra vez una agenda anti-Fujimori en el Perú tal como sucedió en el 2011. 

Sin embargo, esta vez no solo debido a una campaña para recordar la cleptocracia criminal de Fujimori-Montesinos en los noventa, sino por la entrada a la escena del balotaje de los vínculos actuales con el narcotráfico y con todo lo más lumpen que puede agrupar el campo fascistoide de la política peruana. Basta decir que un gran bolsón del electorado que le dijo No a Keiko es joven y no vivió el primer fujimorismo, o al menos no con la suficiente consciencia. 

En el 2011, Keiko perdió a manos de una opción del campo nacional-popular que luego traicionaría Ollanta Humala al interpretar erróneamente que había ganado solo – por ser él – y no debido a una coalición social antifujimorista. De allí que no impulsó la reforma política, punto de partida de esta agenda para qué hoy por ejemplo, no estemos en esa paradoja de que el Fujimorismo controla el 56% del Congreso con tan solo el 27% del voto parlamentario (cifra repartidora), o que en Cajamarca los candidatos que ganan, no obtienen la representación nacional, sino los que pierden (vaya electoral), entre otras cosas.

Humala tenía al inicio de su mandato la correlación de fuerzas en el legislativo y la popularidad necesaria para empezar de una vez por todas a desfujimorizar el Estado peruano, pero prefirió un proyecto de orden familiar-patrimonial, que derivó más bien en el fortalecimiento del Fujimorismo liderado por la hija del dictador.

” Con todo, en el 2016, Keiko ha sido nuevamente derrotada, pero esta vez a manos del liberalismo democrático de PPK, que tuvo que sumarse sí o sí, al frente Anti Fujimori para lograrlo. De hecho, PPK ha sido tan mal candidato que incluso eso no bastó. Y ese casi 1 por ciento con el que está ganando se lo debe a Verónika Mendoza “

Con todo, en el 2016, Keiko ha sido nuevamente derrotada, pero esta vez a manos del liberalismo democrático de PPK, que tuvo que sumarse sí o sí, al frente Anti Fujimori para lograrlo. De hecho, PPK ha sido tan mal candidato que incluso eso no bastó. Y ese casi 1 por ciento con el que está ganando se lo debe a Verónika Mendoza, lideresa indiscutida de la izquierda electoral nacional, que sin dejar de afirmar su discrepancia respecto al neoliberalismo de Kuczynski, hizo una campaña muy fuerte los últimos siete días (en castellano y quechua) llamando al sector vacilante de sus electores de primera vuelta, a votar por PPK contra el retorno del narcoestado a Palacio de Gobierno.

Sin eso, PPK no hubiera sacado casi (o más) del doble de votos que Keiko en el sur del país. Verónika puso la necesaria banderilla final contra la candidatura de Keiko Fujimori. Además demostró capacidad de endose, lo que la fortalece como política.

Si PPK realmente quiere darle estabilidad política al país deberá comprender esta compleja situación para interpretar su triunfo, y no dejarse arrastrar por quienes ya le han empezado a decir que debe hacer un gobierno en alianza con el Fujimorismo (y de pasada con el Apra), con el cuento de que el pueblo eligió un Congreso con mayoría absoluta naranja para que co-gobierne con el que salga presidente.

Eso es falaz porque además de que Fuerza Popular tiene una sobre representación parlamentaria que no corresponde con su votación efectiva, sino más bien con una cifra repartidora mañosa; el triunfo de PPK ha sido posible gracias al voto de quienes quieren desfujimorizar el país, lo que incluye una lista amplia de medidas democratizantes en la política, la economía y la sociedad. Que no es otra cosa que retomar la transición democrática posfujimorista que Toledo pateó, García enfrentó y Humala dejó casi morir. 

” El triunfo de PPK ha sido posible gracias al voto de quienes quieren desfujimorizar el país, lo que incluye una lista amplia de medidas democratizantes en la política, la economía y la sociedad. Que no es otra cosa que retomar la transición democrática posfujimorista que Toledo pateó, García enfrentó y Humala dejó casi morir “

PPK tiene dos opciones: o traiciona el sentido de los votos que lo han puesto en la presidencia (para terminar de descomponer la política peruana) pactando con Fuerza Popular el apoyo en el Congreso; o toma la ruta difícil, pero correcta del cumplimiento de sus compromisos con gremios, organizaciones sociales, etc. recurriendo al campo de la centro izquierda, haciéndole gestos y usando Decretos de Urgencia cuando sienta que el fujimorismo se la haga difícil desde el legislativo.

Asimismo, tendrá que evitar dar la señal de un gobierno débil, moviéndose hábilmente en las brechas que ha dejado la ruptura Fujimori/anti-Fujimori en el campo de la derecha económica y mediática, secuela de los casos Ramirez-Chlimper. También aprovechando las contradicciones que la derrota de Keiko ya ha empezado a generar en la bancada electa de Fuerza Popular a fin de enfrenar esa abrumante mayoría.

La izquierda de Verónika Mendoza y otras fuerzas democráticas como Acción Popular e incluso aquellas que están fuera del Congreso, también tienen una tarea en esta nueva coyuntura. Sobre todo en insistir y exigir el cumplimiento de los compromisos de PPK con el frente anti-Fujimori que lo llevó al triunfo.

Augusto Álvarez Rodrich- La República (Perú)

El resultado de ayer constituye, antes que el triunfo de Pedro Pablo Kuczynski, la victoria del ‘No a Keiko’, lo cual explica cómo el peor candidato terminó de Presidente.

La principal ventaja de PPK como candidato fue que era, como señaló esta columna hace más de un año, ‘el mejor mal menor’ de la vitrina, un atributo que suelen tener los que ganan las elecciones peruanas.

PPK iba segundo –detrás de Fujimori– cuando llegó César Acuña y casi lo pasa si no fuera por las acusaciones de plagio y la exclusión abusiva del JNE; luego llegó Julio Guzmán, quien lo pasó como poste en carretera hasta que el JNE también lo excluyó en otra maniobra abusiva; y en el tramo final llegó Verónika Mendoza, quien casi lo saca de la segunda vuelta.

Pero las campañas requieren suerte, y vaya si PPK la tuvo, pero eso no es lo único que explica su triunfo pues, en la recta final, cuando Fujimori tenía la banda en el bolsillo, varios factores cambiaron el rumbo.

” Primero, el buen desempeño en el segundo debate. Segundo, el apoyo formal de la izquierda como rechazo al fujimorismo. Tercero, la marcha ‘No a Keiko’ que era, por la oportunidad, ‘Sí a PPK’. Cuarto, la radicalización del discurso antifujimorista de PPK. Y, quinto, la acusación de lavado de dinero contra Joaquín Ramírez “

Primero, el buen desempeño en el segundo debate. Segundo, el apoyo formal de la izquierda como rechazo al fujimorismo. Tercero, la marcha ‘No a Keiko’ que era, por la oportunidad, ‘Sí a PPK’. Cuarto, la radicalización del discurso antifujimorista de PPK. Y, quinto, la acusación de lavado de dinero contra Joaquín Ramírez, el no deslinde oportuno y, principalmente, la burda maniobra para desmontar la denuncia –cuando ya era obvio que no
había tenido un impacto en las encuestas– a través del ya fenecido programa ‘Las cosas como son’, el cual Keiko Fujimori siempre recordará como su Waterloo.

Este hecho fue demoledor en su candidatura. Si hubiera involucrado a alguien como, por ejemplo, Héctor Becerril, se habría entendido, pero al vincularse a José Chlimper –quien le daba una nueva imagen a la agrupación–, llevó a muchos a pensar que el fujimorismo de Keiko no había cambiado y usaba las mismas armas sucias del fujimontesinismo de Alberto.

Ahora PPK tiene pendiente el desafío de sacar adelante un gobierno que, por primera vez en mucho tiempo, enfrentará a una oposición con sólida mayoría en el Congreso.

Y Keiko Fujimori enfrentará la difícil situación personal de tener que hacer de tripas, corazón, para continuar después de una década en campaña, por al menos un lustro más, en medio de la ambición del fujimorismo duro encarnado por su hermano Kenji –quien ni siquiera fue a votar ayer– pero, principalmente, de un antifujimorismo tan fuerte que se reactiva en cada nueva elección, impidiéndole un retorno al poder. 

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