G77 más China, una cita antiimperial

Bolivia y Latinoamérica y El Mundo

La Cumbre del G77 más China se realizará este fin de semana en Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, cuyo país preside el grupo, que cumple 50 años. Un tema central de trabajo es el desarrollo sostenible y su financiamiento. Justamente, el gobierno de Evo Morales lleva como postura la filosofía anticonsumista del vivir bien y desafía al imperialismo y al neoliberalismo.

 

Colombia.com

Angel Guerra Cabrera – La Jornada (México)

En unas horas, los días 14 y 15 de junio, sesionará la Cumbre del Grupo de los 77 más China (G77) en Santa Cruz de la Sierra, Bolivia. Reunirá la mayor parte de los estados miembros de la ONU, que forman el sur político, pues al grupo, fundado en 1964, pertenecen 133 de los 193 estados participantes del organismo internacional, con casi 60 por ciento de la población mundial.

La celebración de esta cita en el país andino es un reconocimiento de los países del Sur al enorme esfuerzo transformador, descolonizador y solidario con los pueblos del mundo impulsado por sus pueblos indios y mestizos, así como a su prestigioso líder indígena Evo Morales, que lo ha encabezado desde su llegada a la presidencia en 2006. De uno de los países más pobres y subordinados a Washington de América Latina en esa fecha, Bolivia es hoy un pujante Estado plurinacional, digno defensor de su soberanía y ejemplo de equidad, interculturalidad e inclusión social, que con el producto de la renacionalización de sus recursos naturales y la organización de sus movimientos sociales ha elevado sostenidamente sus niveles de educación, salud, bienestar y reducción de la pobreza, mientras mantiene un apreciable crecimiento económico. Podemos afirmar sin dudarlo que por estos días es la capital del Sur.

“La postura boliviana, con su pensamiento latinoamericanista inspirado en el anticonsumista buen vivir andino, augura a la cumbre del G77 resultados favorables para continuar avanzando en la agenda internacional antiimperialista, antineoliberal y anticolonial”

El G77 ha ganado un merecido prestigio en la defensa de los intereses económicos, políticos y culturales de los llamados países en vías de desarrollo. Denominación eufemística y eurocéntrica pues tras estos vocablos se esconde la existencia de una mayoría de estados y regiones del mundo sometidas al colonialismo, el neocolonialismo, la explotación y el saqueo por el pequeño club de potencias imperialistas surgido en el Atlántico norte y Japón a fines del siglo XIX. Los mismos que hoy, capitaneados por Estados Unidos, pretenden continuar dominando al mundo apoyándose en su control de las nuevas tecnologías de la (des) información con sus engañosos atractivos edonistas y consumistas y paralelamente en una estrategia de conquista y recolonización de los pueblos que no vacila en recurrir a sangrientas y destructivas invasiones o a la feroz violencia desestabilizadora disfrazada de protesta social, como en Venezuela y Ucrania.

La cita en Bolivia, por eso mismo, cobra una trascendencia inusitada pues la visible tendencia al tránsito de la hegemonía de Estados Unidos a una reconfiguración pluripolar mundial observada en la última década se ha expresado recientemente en una fractura tectónica del orden internacional.

La postura boliviana, con su pensamiento latinoamericanista inspirado en el anticonsumista buen vivir andino, augura a la cumbre del G77 resultados favorables para continuar avanzando en la agenda internacional antiimperialista, antineoliberal y anticolonial. Opuesta a los desmanes del capital financiero, por el derecho de los pueblos a controlar sus recursos naturales, por la democracia participativa y protagónica no limitada al voto, defensora del medioambiente y, por consiguiente, anticapitalista. A la vez, reivindicatoria de la declaración por la Celac de América Latina como zona de paz, opuesta a toda intervención extranjera, y, en particular, a la de Estados Unidos en Venezuela y al bloqueo a Cuba, reclamando la soberanía de Argentina sobre las Malvinas, y reimpulsando la unidad e integración latino-caribeñas representadas por el Alba, la Unasur, el Mercosur renovado y la Celac. Y, por supuesto el derecho inalienable de Bolivia a tener una salida al mar.

Martín Granovsky – Página 12 (Argentina)

Cuando Evo Morales ganó las elecciones de 2005 y asumió por primera vez, en 2006, Sacha Llorenti fue uno de sus articuladores con los movimientos sociales. Cumplió un papel de construcción política que resultó decisivo en El Alto, el centro urbano de crecimiento explosivo que está entre la gran olla de La Paz y el altiplano con su Titicaca y sus campesinos, que saben helar cada papa que cosechan.

Llorenti recibió a Página/12 y Clacso TV frente a la ONU, en el despacho de la embajadora argentina Marita Perceval. La entrevista puede ser vista con un click en este link: http://bit.ly/1kHSup7. Llorenti y Perceval reproducen la relación sin chirridos que ambos países mantienen desde que Evo ganó la presidencia. La Argentina y Bolivia lograron resolver sin conflictos, en 2006, la actualización del precio del gas que el primero compra al segundo y luego Bolivia pudo superar, con la ayuda de la Argentina y Brasil, un intento de desequilibrio interno de la ultraderecha cruceña.

“Bolivia emprendió el desafío de organizar la cumbre del G-77 en ocasión del aniversario del Grupo, que cumple 50 años –historió Llorenti–. Fue fundado en 1964 en Ginebra, durante la Conferencia de Naciones Unidas sobre Desarrollo y Comercio. Y después de 50 años veíamos imprescindible la necesidad de hacer una nueva cumbre. La última fue hace casi 10 años, en Qatar.”

–¿Qué temas nuevos aparecieron en la última década?

–El Grupo está tratando en profundidad el desarrollo. Coincide con la agenda de Naciones Unidas, que debe temas como la agenda de desarrollo post-2015…

–Cuando la ONU evalúe si se cumplieron las metas sobre reducción de la pobreza.

–Y fije cómo continúa ese debate sobre desarrollo sostenible y financiamiento para el desarrollo. Son algunos de los ejes centrales de la nueva propuesta multilateral para encarar temas todavía no resueltos, como la erradicación de la pobreza, del hambre y de la desigualdad. Por eso la cumbre que comienza el 14 próximo quiere plantearse un escenario de discusión muy ambicioso. Tiene que ver, por supuesto, con ese objetivo de acabar con la pobreza, pero además quiere tratar temas como el de las instituciones financieras. Discutir su estado y su falta de democracia. Analizar las relaciones necesarias para construir una nueva globalización basada no en las leyes del mercado sino fundamentalmente en la solidaridad y en la integración. Agrego otros puntos: cooperación, comercio, pueblos indígenas, situación actual en el marco de la crisis financiera que vive el planeta. Los temas esenciales del grupo están vinculados justamente con eso, comercio, de- sarrollo y cooperación.

–¿Cuál era la identidad del G-77 hace 50 años y cuál es la identidad de hoy? ¿Qué los une hoy?

–Es muy interesante la pregunta porque hace 50 años uno de los fundadores del G-77 fue justamente el Che Guevara, que representó a Cuba en la conferencia de Ginebra. En ese 1964, 77 países se reúnen para iniciar tareas de coordinación y encarar conjuntamente las negociaciones con los países desarrollados. Los unía en ese momento un pasado común, porque muchos de esos 77 países venían del colonialismo o estaban saliendo de esa etapa. Tenían por delante el desafío del desarrollo. Los unía también el tipo de relación con los países desarrollados porque muchos eran dependientes de estos países denominados del primer mundo. Cincuenta años después, prácticament
e nos unen las mismas cosas: un pasado común y un presente común. La diferencia es que el grupo prácticamente se ha duplicado en número. En lugar de ser los 77 de entonces, ahora somos 133 países, incluida China. Nos reunimos no sólo para coordinar esfuerzos sino para tener una sola voz a la hora de negociar con los países desarrollados. En una reunión que tuve hace unos días con el secretario general, Ban Ki-moon me dijo: “Sin el G-77 no se puede hacer nada en Naciones Unidas”. Y tiene razón.

–Dos tercios del total de miembros de la ONU.

–Es una fuerza muy importante. Cuando nos ponemos de acuerdo no hay quién nos pare en Naciones Unidas. Es una muestra de que en el mundo las relaciones de poder pueden ser modificadas. Podemos tener la esperanza de transformar estas relaciones en el marco de la fraternidad, de la integridad y de la unidad de los pueblos.

–En términos de discusión financiera, ¿qué puede salir de Bolivia?, ¿qué nuevo criterio, qué novedad o qué línea de trabajo común?

–No puedo adelantarme a la declaración porque la seguimos discutiendo aquí en Nueva York. Sin embargo, puedo señalar que con seguridad se va a tratar el tema de la reforma a las instituciones de Bretton Woods, a las instituciones financieras, en el sentido de su imprescindible democratización. Vamos a tocar el tema de los fondos buitre, claro. Sin duda el punto estará en la declaración final. Pero además discutiremos cómo la crisis financiera golpea a los países en desarrollo. Reitero que no puedo adelantarme a las conclusiones. Será el 15 de junio cuando conoceremos cuál es la voz de nuestros jefes y jefas de Estado y de gobierno en Santa Cruz. La cumbre será histórica y, junto con los temas que he señalado, tratará sobre el cambio climático.

–¿Qué características tiene hoy el debate sobre el cambio climático? Porque fue cambiando e incluso asuntos como la minería y otros tipos de extractivismo quedaron incluidos en la agenda de muchas sociedades y movimientos.

–El debate está en un momento muy importante porque en 2015 habrá en París una cumbre de jefes de Estado y de gobierno para fijar un nuevo marco normativo internacional vinculante después de la cumbre de Kioto. Este mismo año celebraremos una conferencia sobre pequeños estados insulares, que es muy importante para el tema del cambio climático. Será en Samoa. Y en Lima, en septiembre, otra cumbre discutirá las responsabilidades que tienen los países desarrollados en la emisión de gases de efecto invernadero y cuál es el compromiso para reducirla. Nuestro criterio de análisis se basa en el principio de responsabilidades comunes y a la vez diferenciadas entre los países en desarrollo y los países emergentes. Como se ve, la agenda que viene en este tema es muy fuerte y será fuerte la presencia del debate en Santa Cruz de la Sierra. Hay que recordar, eso sí, que 133 países de todas las latitudes del mundo representan una enorme diversidad de opiniones, de posiciones ideológicas y políticas, de niveles de desarrollo… Incluso una gran diversidad geográfica y cultural.

–¿Por qué lo subraya?

–Porque a veces no es tan sencillo ponernos de acuerdo pese a que tenemos muchas cosas en común.

 

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