El Papa y la Patria Grande

Latinoamérica

La visita de la presidenta argentina al Vaticano se enmarca en un proceso de profundización de relaciones del papa Francisco con los líderes de la política mundial, con especial énfasis en los países latinoamericanos. El Sumo Pontífice entiende que en los representantes del progresismo regional puede encontrar colaboradores esenciales para consolidar su estrategia pacificadora. 

Cristina Fernández de Kirchner y el Papa Francisco- Foto: Télam/ Presidencia

Washington Uranga- Página/12 (Argentina) 

Si bien el tiempo que se dedique a una reunión no es, por sí mismo, un indicador válido ni revelador de la calidad de la misma, tampoco puede pasar desapercibido que el papa Francisco le haya destinado casi dos horas de su agenda, en un día domingo y apenas arribado de un viaje agotador, a su encuentro con la presidenta Cristina Fernández. Habla, sin duda, de la relevancia que el pontífice le otorgó a la reunión. Es posible que los mismos analistas que habrían utilizado grandes titulares para interpretar lo contrario si el diálogo hubiera durado apenas quince minutos, ahora guarden prudente silencio sobre este detalle significativo y se dediquen, una vez más, a acusar a la mandataria de “utilizar” políticamente una circunstancia que, a todas vistas y por mal que les pese, tiene sentido político. Aunque este sea distinto al que se le pretende asignar interesadamente.

La letra fina de lo conversado durante la reunión privada seguramente quedará durante mucho tiempo entre las cuatro paredes de la sala de audiencias vaticana y en la memoria de los dos únicos participantes. Aunque ambos guarden silencio sobre los detalles, los dos interlocutores conocen a ciencia cierta la trascendencia política del encuentro y cada uno lo valora desde su perspectiva particular. Podría decirse algo similar de la reunión que el Papa sostuvo en días pasados con la presidenta de Chile, Michelle Bachelet, o con el ex mandatario uruguayo, José Mujica. Por el mismo camino iba el encuentro con Nicolás Maduro, finalmente postergado por razones de salud del venezolano. Pero en el caso de los argentinos la reunión tiene un tinte distinto. De manera casi unánime quienes se mueven tanto cerca del Papa como de Cristina Fernández aseguran que hay entre los dos líderes una corriente de afecto y de mutuo respeto que se ha ido acrecentando en cada uno de los encuentros y que se abona también con comunicaciones puntuales que viajan cada tanto entre Buenos Aires y Roma, entre Roma y Buenos Aires.

Los voceros vaticanos insisten en afirmar que el Papa no sigue de cerca la política argentina. Lo mismo le dijo a Página/12 el embajador Eduardo Valdés cuando fue entrevistado por el colega Santiago Rodríguez. Es una verdad a medias. Es cierto que Bergoglio no puede dedicarle a la Argentina el tiempo ni las energías que le destinó a su país en otras etapas de su vida. La agenda del Papa es suficientemente amplia y compleja y requiere de gran parte de sus fuerzas. Pero a pesar de ello el pontífice se mantiene informado, por diversas vías y a través de distintas fuentes, del devenir diario del país y, en la medida de sus posibilidades y siguiendo su estrategia de no aparecer interviniendo en los asuntos directamente políticos, hace llegar sus opiniones y sus puntos de vista.

” Francisco entiende que tiene que profundizar sus relaciones –también oír– a quienes reconoce como figuras de relevancia en la política internacional. Y en esta consideración el pontífice incluye a varios de los líderes –presidentes y ex presidentes– de los países latinoamericanos. Cristina Fernández está entre ellos de manera particular, aunque también Rafael Correa, Evo Morales, el ex mandatario oriental José Mujica y el ex presidente de Brasil, Lula da Silva “

“Hablamos de la remodelación de la Basílica de Luján y del traslado del sable del general San Martín en los festejos de la Semana de Mayo”, dijo la Presidenta tras el encuentro. Sería ingenuo, sin embargo, pensar que el diálogo –sin testigos y sin otro objetivo que el intercambio– haya girado solamente en torno de esos dos temas en lo que respecta a la realidad argentina. Bergoglio no olvida su condición de argentino y se muestra siempre interesado en expresar sus opiniones sobre el país. Opina, en privado, sobre la realidad política con cada uno de los interlocutores argentinos de su confianza a quienes recibe frecuentemente en Santa Marta. ¿Por qué no habría de hacerlo entonces con Cristina Fernández, considerando tanto su investidura institucional como Presidenta como su condición de dirigente política? Por otra parte, además de la estima personal que le dispensa al Papa, la Presidenta reconoce en Francisco la calidad de un estadista y observador inteligente de la política a quien siempre es bueno escuchar.

Desde la otra vereda y como parte de su estrategia internacional para seguir consolidándose como un líder mundial en favor de la paz, Francisco entiende que tiene que profundizar sus relaciones –también oír– a quienes reconoce como figuras de relevancia en la política internacional. Y en esta consideración el pontífice incluye a varios de los líderes –presidentes y ex presidentes– de los países latinoamericanos. Cristina Fernández está entre ellos de manera particular, aunque también Rafael Correa, Evo Morales, el ex mandatario oriental José Mujica y el ex presidente de Brasil, Lula da Silva. El Papa “que llegó desde el Sur” sabe que puede construir con ellos acuerdos que van más allá de lo coyuntural y que en determinado momento estas personas pueden ser también colaboradores esenciales para consolidar su propia estrategia pacificadora. Y no sería extraño que dentro de no mucho tiempo veamos a algunos de ellos haciéndose cargo, a modo de embajadores extraordinarios, de misiones solicitadas e impulsadas por Francisco en el conflictivo teatro internacional.

Una vez más el gesto del encuentro –la foto dirán algunos– ha sido importante. Pero lo esencial –que aquí también sigue siendo, por lo menos hasta el momento, “invisible a los ojos”, como lo sostuvo Saint-Exupéry en El Principito– pasa por la sintonía que Cristina Fernández y Jorge Bergoglio tienen respecto del análisis de los problemas y las cuestiones a las que se debe prestar atención para buscar soluciones en el escenario internacional.

Germán Gorraiz López- Alainet (Ecuador) 

Francisco comenzó su Papado bajo el signo de la “Franciscomanía”, fenómeno sociológico que logrará que una persona sin conocimiento previo de los entresijos del Poder Vaticano se convierta en icono de la juventud, insufle vientos de cambios y devuelva la ilusión y la esperanza a unos fieles sumidos en la perplejidad y la desilusión tras la significativa erosión de la imagen de la Iglesia Católica que hicieron retrotraer a la Iglesia Católica a escenarios del siglo XIII, por lo que Bergoglio, (a pesar de tener un corazón franciscano y un cerebro jesuítico ), habría desoído la máxima del fundador de la Compañía de Jesús, el vasco Ignacio de Loyola: ” En tiempos de crisis, malo es hacer mudanza” y habría adoptado como suya la frase atribuida al frailecillo de Asís: “Comienza haciendo lo que es necesario, después lo que es posible y de repente estarás haciendo lo imposible”.

Francisco y las Iglesias Evangélicas

En América Latina hemos asistido en las dos últimas décadas al fenómeno de la irrupción de las iglesias evangélicas (sectas o cultos según la jerarquía vaticana), surgidas en la década de los 80 bajo inspiración y patrocinio de la CIA con el objetivo inequívoco de desbancar al catolicismo romano como religión dominante y que habría conseguido dibujar una nueva arquitectura espiritual en el llamado patio trasero de EEUU, ya en su versión de
iglesias evangélicas latinoamericanizadas. 

Las diferencias serían no tanto dogmáticas como pastorales y de estructura organizativa, pues los movimientos evangélicos tienen una estructura horizontal y no jerárquica como la Iglesia Católica, lo que ha contribuido a extender su influencia ya que el pueblo identifica a la Iglesia Católica como una institución centrada en las élites dominantes e incardinada en las estructuras del poder político de la mayoría de dichos países ( excepción hecha de los países del ALBA), por lo que a pesar de reconocer la labor social de los sacerdotes católicos en sus múltiples campos de actuación, se habría producido una fuga masiva de ex-feligreses católicos a las iglesias evangélicas protestantes, entras la que descollaría el pentecostalismo que englobaría al 75 % del total de fieles evangélicos de América Latina y el Caribe.

” Francisco realizará su segundo viaje a América Latina para visitar entre el 5 y el 13 de julio Ecuador, Bolivia y Paraguay teniendo la inmigración, la lucha contra la pobreza y la utopía de la Patria Grande como leitmotiv de su visita, aunque es previsible que entre bambalinas la Santa Sede inicie las labores de mediación entre Bolivia y Chile para permitir que Bolivia obtenga una salida soberana al Pacífico “

Así, según el Centro Nacional de Investigaciones Científicas de Francia (CNRS), los evangélicos representan un 25% de los cristianos en el mundo con más de 560 millones de fieles, (107 de ellos en América Latina y el Caribe), siendo Guatemala paradigma de la nueva geografía espiritual latinoamericana con un 50% de su población evangélica. En consecuencia, el Papa Francisco pondrá énfasis en la tarea de supervisar dicha geografía espiritual para intentar detener la incesante sangría de fieles de la Iglesia Católica Latinoamericana, para lo que deberá respaldar los movimientos de regeneración que ya están surgiendo en la Iglesia Latinoamericana.

Francisco y el bloqueo de EEUU a la Isla

Bergoglio adoptó el nombre papal de su admirado Francisco de Asís (il poverello d’Assis) y nada más ser elegido Papa, exclamó: “Cómo me gustaría una Iglesia pobre y para los pobres”, frase que sería un guiño al espíritu de pobreza de los primeros cristianos y a los ideales de justicia social de Monseñor Romero, quien hace tres décadas decía: “La misión de la Iglesia es identificarse con los pobres” , así como un mensaje de esperanza para los que todavía sueñan con hacer factible dicha utopía tanto en América Latina como en el resto del orbe, de lo que serían paradigma su implicación personal en la búsqueda de soluciones pacíficas a los enquistados contenciosos EEUU-Cuba y Bolivia-Chile.

Las medidas cosméticas tomadas por la Administración Obama siguiendo la estela de la Administración Clinton (relajación de las comunicaciones y el aumento del envío de remesas a la isla así como el inicio de una ronda de conversaciones sobre temas de inmigración), dejaban intacto al bloqueo y no cambian sustancialmente la política de Washington, aunque reflejaban el consenso de amplios sectores del pueblo norteamericano a favor de un cambio de política hacia la Isla auspiciado por la decisión del régimen cubano de terminar con el paternalismo estatal y permitir la libre iniciativa y el trabajo por cuenta propia. Sin embargo, la renovación automática por parte de EEUU por un año más del embargo comercial a la isla atentarían contra el vigente sistema financiero y político internacional y podrían suponer para Cuba pérdidas estimadas en cerca de 50.000 millones de $, abocando al régimen de Raúl Castro a la asfixia económica por lo que la Administración Obama habría empezado a moverse entre bamabalinas para lograr instaurar las bases de una nueva doctrina “inter pares” en las relaciones bilaterales EEUU-Cuba. Así, Obama habría encontrado en el Papa Francisco un estrecho colaborador en su ardua tarea de sustituir la diplomacia de las armas por el diálogo y el consenso y Francisco habría participado discretamente en la secreta negociación llevada a cabo entre Cuba y EEUU para logar el deshielo entre ambos países mediante el intercambio de Alan Gross y un oficial estadounidense por tres miembros de “Los 5”, seguido de la desaparición de Cuba de la lista estadounidense de Países Terroristas y de la próxima apertura de Embajadas.

” El Papa Francisco pondrá énfasis en la tarea de supervisar dicha geografía espiritual para intentar detener la incesante sangría de fieles de la Iglesia Católica Latinoamericana, para lo que deberá respaldar los movimientos de regeneración que ya están surgiendo en la Iglesia Latinoamericana “

En este contexto de aproximación entre ambos países, el Papa Francisco visitará Cuba entre el 19 y el 22 de septiembre en una gira que le llevará después a EEUU según anunció la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba (COCC) con el doble doble de conseguir la apertura política del régimen cubano y finiquitar el anacrónico bloqueo estadounidense a la Isla, pues caso de persistir el embargo podría surgir el desapego afectivo del régimen cubano respecto a EEUU, momento que será aprovechado por Putin para firmar un nuevo tratado de colaboración militar ruso-cubana (rememorando el Pacto Secreto firmado en 1.960 en Moscú entre Raúl Castro y Jruschov).

Francisco y la utopía de la Patria Grande

Con anterioridad, Francisco realizará su segundo viaje a América Latina para visitar entre el 5 y el 13 de julio Ecuador, Bolivia y Paraguay teniendo la inmigración, la lucha contra la pobreza y la utopía de la Patria Grande como leitmotiv de su visita, aunque es previsible que entre bambalinas la Santa Sede inicie las labores de mediación entre Bolivia y Chile para permitir que Bolivia obtenga una salida soberana al Pacífico, solución que vendrá de una negociación a tres bandas entre Perú, Chile y Bolivia tras la que se podría implementar la propuesta chilena de 1979 (en el marco de su propio litigio marítimo con Perú) que ofrecía a Bolivia un corredor al norte de Arica (norte chileno y a 18 kilómetros del límite sur peruano). Sin embargo, la estrategia de Francisco chocará de nuevo con los intereses de la Cuarta Rama del Poder de EEUU (verdadero Poder en la sombre e inmersos en un nuevo episodio de Guerra Fría con Rusia), dispuestos a recuperar la influencia perdida en dichos países durante el nefasto mandato de George Bush, quien obsesionado con el Eje del Mal habría relegado al olvido al llamado patio trasero.

Así, la estrategia post-Obama de EE.UU. para América Latina conjugará la teoría kentiana del palo y la zanahoria para reconducir los pasos de los países latinoamericanos del MERCOSUR y lograr su ingreso en la Alianza del Pacífico con el retorno de la política del Big Stick o “Gran Garrote”, consistente en la implementación de “golpes virtuales o postmodernos“ en los países que no se plieguen a sus dictados, no dudando en sustituir a los regímenes populistas-progresistas surgidos de las urnas (Venezuela, Nicaragua, Ecuador y Bolivia) por regímenes militares presidencialistas tutelados por la CIA por lo que no sería descartable la gestación de una trama que mediante métodos expeditivos intente reconducir a la Iglesia Romana a la senda de los pontificados tutelados por el verdadero poder en la sombra (establishment anglo-judío).

 

Leer el artículo de Alainet aquí

Leer el artículo de Página 12 aquí