Fiel al Consenso de Wahington

Perú

El país entró en las políticas neoliberales en los 90, con el gobierno de Alberto Fujimori, y hoy sigue esa línea con fidelidad. En este periodo se ha producido un crecimiento sostenido, más debido a factores externos que internos, aunque el supuesto éxito económico no se tradujo en mejoras sociales. La desigualdad es muy pronunciada y los problemas sociales se agravaron.

El Comercio

Antonio Zapata Velasco – La República (Perú)

Durante la segunda parte del siglo XX el Perú fue un país pendular, iba de banda en banda, cual pelota de billar sin encontrar un norte. Este proceso fue muy desgastante y transcurrió desde los años 1950 hasta los 1990. En ese momento terminó el vaivén y el Perú pasó a vivir una notable estabilidad neoliberal, en medio de una Latinoamérica que progresivamente redujo su ortodoxia. Desde los noventa hasta hoy, junto a Colombia, el Perú se mantiene fiel a la propuesta surgida del consenso de Washington, que se tradujo en la apertura de los mercados. Una causa de esta estabilidad es la convicción de lo perniciosa que resultaba la evolución pendular.

En efecto, el vaivén había terminado por arruinar al país. Incluso más allá de los errores habituales de gobiernos empíricos, el péndulo hacía imposible el crecimiento. En vez de avanzar se marchaba de costado y se perdía un tiempo inmenso en volver a comenzar, con reglas cambiadas de tiempo en tiempo.

En los 1950 fuimos liberales, hasta que en los sesenta el reformismo fue ganando terreno y durante los 1970 tuvimos con Velasco uno de los paradigmas del nacionalismo militar desarrollista, que fue frecuente en el Tercer Mundo de aquellos años. Al comenzar los 1980 el mundo viró al liberalismo. En Gran Bretaña gobernaba Thatcher, en EEUU Reagan y en Chile Pinochet. Ahí se cocinó el neoliberalismo que fue plenamente triunfante al derrumbarse la Unión Soviética en 1991.

Mientras que nosotros nos mantuvimos en la indecisión durante los años 1980. Fuimos lentos en un proceso que comenzó antes en medio planeta. Por ello, en 1990 había dos fuertes convicciones. Una, que el péndulo era negativo; dos, que debíamos recuperar el tiempo perdido. De ahí la fuerza de las ideas neoliberales en el Perú estaban basadas no solamente en intereses, sino en un balance de lo negativo de la experiencia histórica reciente del país. Pero desde entonces nos ha capturado la más extrema timidez: el piloto automático permanente.

“Nadie se atreve a realizar transformaciones y desde Fujimori todos los gobiernos aplican la misma política económica. Esta estabilidad neoliberal no ha encarado los problemas de fondo del país y los resultados se hallan a la vista. La desigualdad social es muy pronunciada” 

Nadie se atreve a realizar transformaciones y desde Fujimori todos los gobiernos aplican la misma política económica. Es un cuarto de siglo de continuidad, lapso inusual en el Perú. En este periodo se ha producido un crecimiento sostenido y notable para nuestros estándares. Pero en buena medida ayudado por una expansiva demanda internacional y excelentes precios de materias primas, de los cuales no disfrutó el breve ciclo populista de Velasco.

Además, esta estabilidad neoliberal no ha encarado los problemas de fondo del país y los resultados se hallan a la vista. La desigualdad social es muy pronunciada y la falta de oportunidades de los pobres es clamorosa. No hay una cultura de confianza ciudadana y predomina un individualismo prepotente, que busca abrirse paso sin conciencia cívica ni ciudadana. Además, la corrupción se ha desbordado y el sistema político luce quebrado.

Así, las realizaciones del ciclo neoliberal son reducidas. Su principal éxito, el económico, parece deberse más a fuerzas externas que a locales. Y su déficit es enorme: ha desaprovechado el crecimiento para encarar los problemas sociales, que se han multiplicado debido al crecimiento exponencial de la población. Encima, la estructura política ha vuelto a tocar fondo y la corrupción se ha llevado de encuentro el respeto por el Estado. Muchas personas piensan que todos los políticos son tramposos y la lluvia de acusaciones cruzadas destruye todas las honras.

En medio de este clima, ¿cómo se sostiene el piloto automático? Son dos factores de fondo. Primero, la correlación de fuerzas sociales, claramente favorable a un poderoso grupo capitalista muy concentrado, versus mayorías nacionales de informales y trabajadores individuales. Y en segundo lugar, por la burocracia del MEF, que ha logrado crear al prototipo de funcionario gris que decide las políticas públicas. Aunque Carranza y Castilla aparentemente discrepan, en realidad están cortados por el mismo sastre.

 

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